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Cráneo #19: El fantasma con Sombrero

23 Mar

fantasma

El fantasma con Sombrero (Cuenca, Ecuador 1980):

Cuenca es una ciudad llena de frío y tiene cuatro heridas siempre abiertas: nací con frío, silencio y dolor, cosas que no existen, no soy nadie.

 “I’m nobody
I’m a tramp, a bum, a hobo
I’m a boxcar and a jug of wine
and a straight razor… if you get too close to me”
 C. Manson

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Y estas tragedias que no se iluminan

se aclaran un poco, como cuchilladas que resplandecen

en un drama mexicano de Buñuel[1].

 

 

1 1/2

Podría ser que yo muera atropellado en una sucia calle por no mirar al cruzar, y como siempre me pasa, seguir caminando con la impresión de ya haber muerto y no darme cuenta.

Llegar a algún punto, inevitablemente cálido, donde se comerán mi pierna: las hormigas y las jirafas, donde el penetrar vaginas oscuras o que me hagan señales en la espalda con un falo purpureo, sea común como levantarse temprano.

Allí, millones de sombras negras me cobijarán el cuerpo hasta que la gran máquina ponga en mi frente un sello blanco final, entonces, habré vendido mi ordenador para comprar un cuartucho donde estar y que no me joda nadie.

Intermedio:

En lo que espero las sombras negras, recorro la mesa: hay botellas, suciedad desconocida, vasos, hormigas y el metal, el metal que sigue esperando frío e inmóvil sobre el incandescente entorno putrefacto y patético: un sucio espejo delante de mí.

Un espejo puede ser un entorno, le sonrío y me asusta la mirada que me doy.

Unos cuervos me pasan encima y fabrican un halo, se quieren posar pero revolotean violentamente confundidos.

-¿Este está vivo? o ¿me lo puedo comer, papá?-

Fin del intermedio

Imagina sábanas negras envolviendo un bulto antropomorfo, encima y casi como un adorno de mal gusto, un sombrero como una pequeña capilla quemada.

Estoy ciego, y mis dedos como ramas infértiles encuentran la escopeta.

¿Cómo haré lo siguiente? Y sobre todo, ¿qué le sigue?

Como no sé estas cosas, dejo la escopeta en la mesa y suena como el fin de la guerra.

Ahora el mar, ¿porque no lo vi?, bastaba que te arrodilles nena, y a veces, te lo confieso (mas no te despiertes) quería matarte.

Las algas se mueven como lenguas, allí me hundo por el agujero que me traspasa el pecho.

Pienso que sí, que necesariamente ahora pudiera llorar de memoria[2], y el verso se hunde como un cráneo entre las lenguas oceánicas.

Aunque me parece inútil, mi cuerpo suspendido y azul, te escribo una nota:

“hace mucho frío, regreso el jueves[3]”,

me imagino que no te has levantado, que a ti también te hará frío, pero no me importa mi amor, acuérdate que a veces quisiera matarte.

Los vasos que están sobre la mesa, están todos medio llenos con dulces líquidos apoteósicos. ¿Qué será una sobredosis?, quizá un poco más de algo, un poco más de vos, solo un poco más.

Ahora, mi amor, recuerdas que tengo un nuevo cinturón, quizá cuando nadie me vea, en las vigas lacres de mi techo, lo ate y me ate. El resplandor de cualquier cosa que habré sido, será eterno e inmóvil como la moneda que eché al rio y nadie la vio, he tenido que usar un sombrero de ruinas para que alguien se ría de él, de mí, ¿o es que tengo un clown muerto en la espalda?

Esta madrugada me convertiré en campana, te lo advierto por si me encuentras primero.

El golpe lo darán mis pies contra el aire que ahora es la nada para mí, el sonido serán las gotas de espectral semen que caigan de mi rosa blanca. Babearé mi amor, babearé, recordando orgasmos, sueños, pequeñas distracciones, ensimismándome hasta ser nada más que olvido.

Jesús, esquizofrénico, nunca cerró los ojos, así cuidarás mi mirada cuando bajes mi cuerpo.

Miro el vacío, subiéndome a tu espalda, en ti siempre seré un ente que vive en alguna habitación de tu alma, en un rincón.

Salto y con los dientes me arrancas unas alas que no sabía que tenía; salto y paso por bosques y otras salvaciones, al final lo que encuentro, es el frio suelo de tu bota, de tu escupitajo.

Creí ver una luz,

pero era el brillante metal del cerrojo.

 

 

La ruleta rusa

es poner la canción equivocada

en el momento equivocado,

hazlo lentamente

si vas a colocar la bala en el tambor

y con un solo movimiento hazlo girar.

No mires

estas cosas se hacen

como si uno no estuviera presente

y en ningún lugar.

Conduce un automóvil por un túnel infrahumano

conduce como un esquizofrénico

acelera para salir

así lo tendrás que hacer

hala el gatillo para salir

apunta bien.

 

 

 

Y cuando la noche se para en dos patas

la miro en plano americano:

desenfunda dos revólveres de plata

-me apunta-

me dice: “que haces aquí, extranjero”;

tiemblo

dejo caer unas flores negras

y dos mares de agujas

se me agolpan en los ojos.

Imagina hasta donde he llegado:

robando cadáveres

y cambiándolos por niños

-ya eso es demasiado-.

Cuando la noche se muere,

vos desenvainas dos puñales

y muestras dientes bestiales.

 

 

 

[1] Tomado de la canción “Una de dos” de Luis Eduardo Aute

[2] Referencia al texto Llorar a lágrima viva” de Oliverio Girondo

[3] “Canción de invierno” Silvio Rodriguez

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