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Cráneo #42: Pablo Flores Chávez

19 Ago
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Pablo Flores Chavez (Quito- Euskal Herria-, Ecuador, 1988) 
Estudiante de la Escuela de Lenguaje y Literatura de la Universidad Central del Ecuador. Autor de los libros  Bandada (Deidad y Suplicio) (Cadáver Exquisito Ediciones, Rastro de la Iguana ediciones) Premio Único Nacional de Poesía Emergente Desembarco, 2013; Cesado el nombre (Editorial ELANGEL Editor, CCE) Premio Único Nacional Paralelo Cero 2013 y el libro-tratado Silicone Baby (Editorial 2.0.1.2. México D.F.). Integra varias antologías a nivel iberoamericano. Obtuvo en el 2014 una beca para residir en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, Córdoba, España. 

 

 

 

Nietzsche:

Volverá la extinción del ardor a su fuente de reliquia repartida entre la penumbra.
Sobre el intento de inundar el cauce,
por decir ausencia de un dios,
vence la intimidad de la crespa parpadeante
como una ofrenda extraña donde todos los versos florecen

¿Dónde comienza la negación
que hizo posible el grito de la ceremonia?

 

 

 

 

Hobbes:

¿Cómo ofrecer amparo
si la ejecución encierra profecía?

Solamente al caminar,
se concede la fuga de humo calada después de la muerte:
sólo sucesiones, sólo riñas de cofres cubriendo umbrales,
sólo testigos.

Un despertar
acentúa la morbidez del vuelo oculto en la sombra.

Tenues llamadas
afligen la duración de luz sobre el agua.

 

***Textos tomados del libro Cesado el nombre

 

 

 

 

V

Nunca hubo salvación en el rastro de la carne salvándose a sí misma o a los demás; por ostentar la saciedad en las amarraduras perdiendo el porvenir del desembarque, y su embadurnada mitad de huella en ayuno que todavía rige contrafuerza o contradanza. Un sacrilegio; como la presencia de puntos de fuga de gas durante la opacidad engendrada del libre triturado de invierno delimitaría el retiro de los más débiles; lugar donde desmembrábamos la piel amoratada por todos los centelleos del desgaste superficial de un falo sin dominio alguno. Sí, la muerte cruzada en su venérea costra contada por atrás, el rezo interminable del alba presintiendo la fábula donde dos ríos se unen para dividirse de nuevo.

 

 

 

 

XIII

El mundo es un animal hambriento frente al espejo. Nada repudia el vuelco de las estaciones a pesar de haber estampidas en la raíz sexual de una estrella todavía sin brillar. Del otro lado de la vida: la vida misma. Nuestra beatitud: un ascenso órfico en la sucesión de gritos que son monos que en algún punto son humanos que en algún punto son plantas que en algún punto son el cebo que nos enceguece.

 ***Textos tomados del libro Bandada (Deidad y suplicio)

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