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Cráneo #59: Yuliana Marcillo

21 Oct

 

 

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Yuliana Marcillo (Chone, Ecuador, 1987).

Poeta, narradora y periodista. Estuvo radicada en Manta 12 años, actualmente reside en Quito. Fue periodista y coeditora del diario manabita La Marea. Poemas suyos se han publicado en diarios, revistas y antologías impresas y digitales. Exintegrante del taller literario Soledumbre, de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, dirigido por el poeta Pedro Gil. Ha participado en algunos encuentros de poesía joven dentro del Ecuador. Coautora del libro Soledumbre (Mar Abierto, 2009), autora de No debería haber mujeres buenas (Mar Abierto, 2010), coautora de la antología Palabra Nueva (RM Editores, 2012) y coautora del libro Bandada (2013). Actualmente trabaja como Editora en la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”.


 

 

Déjenme ser la bala

Mi vientre que no besas reclama en las difuntas noches.
Voy contra lo patético Porque no tengo tiempo para consentir amores engreídos
Porque besos con lujuria encadenan la casa
Esconden el agua y envuelven la soledad en sonrisas frescas.

Si esta es una guerra, déjenme ser la bala.
¿Dónde se marca la diferencia si todos tenemos hambre?
Buscamos la presa más gorda, a la misma hora después de clases,
Ellos en la cama, nosotros donde su merced quiera.

Tú le estás dando y yo también me estoy dando.
Porque no duermo ¡maldita sea!
Privo la rutina con tal de escaparme.
Y es que ahí, en medio de tantas letras, me encuentro conmigo misma.
Demonia que chupa el agua bendita de una Pilsener
Que mastica a la agonía cual chicle viejo.
La vida se convierte en una masa,
Se aferra a un zapato viejo y se va secando hasta quedarse en nada.

¿Se da cuenta señor?, no se trata de una estrategia, para eso está el Gobierno.
Lo que salta de mi ventana es el insomnio,
Las consecuentes imágenes del kamasutra que pasan por la tele,
A las diez y cuarenta y cinco, hora en que los niños sueñan con piernas,
Hora en que yo me cuestiono: la sombra o el credo.

Libertad o sangre, me dices.
Poesía o muerte te digo yo.
Que sea la muerte entonces, deja que ella venga despacito.
Se disfrace de Dios y nos embriague de placer.
Deja que termine en mi ombligo y limpie los canales que vomitan pescados.
Y desde allá arriba gritaré que te odio y dañaré mi himen a puñetazos.
Porque nadie merece manjar sin antes probar el infierno.
Porque no es cuestión de meter y sacar, si de todas formas me dejas jodida.

 

***No debería haber mujeres buenas (Mar Abierto, 2010)

 

 

 

 

 

 

 

Entiendan

Aléjate, lo que sale de mi está que quema.
Tengo que escribir ahora.
Matar ahora,
Gritar ahora,
porque si me vuelvo a enamorar,
me volveré torpe.

Si te ofende mi verdad,
toma en cuenta que estoy muerta.
Y los muertos no tienen corazón,
no tienen alma,
son sombras al andar.

Lamento si te raspan mis palabras.
En mí ha crecido la malicia.
Carcajadas nacen de mi lamento.

Mis pechos han crecido,
Mi vida bohemia también.
Los panas, los tragos escondidos.
Escondidos porque si me ven,
me ganaré un espacio oscuro y un camisón blanco.
Odio ese cuarto frío sin ojos que mirar.

Nadie entiende.
Todos dicen “calma, pasará”.
Tonterías.
Vengan, párense en esta espina
para ver si no les llora el alma.
Vengan, párense y lo sabrán.
La perra que llevan dentro les aullará.

Les regalo mis zapatos si quieren.
Me he levantado otros amaneceres,
tan descalza como la acera
y aún tengo ganas de caminar,
aunque lleve sangre en los talones.

Seguí tus pasos.
Buena chica, buena discípula.
Se puede ser puta
sin necesidad de abrir las piernas.

 

***Soledumbre (Mar Abierto, 2009)

 

 

 

 

 

 

 

Aguantar no es cuestión de hembras

¿Qué tengo?
Paseos cortos hablando de mujeres y sus necesidades,
volviéndose tormento en las noches.
Abanicos de reducidas horas para oler su esencia detrás del cuello,
cientos de tardes adormecidas esperando que ocurra algo,
ese algo que pido a gritos y que él no escucha.
La manía de enrollar mis dedos en las olas de mar que caen del cielo,
reventarme absoluta entre las líneas y curvas del sexo perfecto.

Es que no me lo imagino.
No entraría más aire que el que hiela los atardeceres
por su ausencia y por su presencia.
No sería la luz más luz sin los cuerpos que ya no adormecen.

Las golondrinas se balancean en la línea del estremecimiento y del dolor.
Esperan sigilosas que la carne brille y deje de ser roja.
Abajo se da el parir de la lengua espontánea.
Cada hoja parece partirse en cámara lenta mientras aguanto.
La masa tiembla y los ojos explotan mientras aguanto.
Un cafecito para olvidar, con la desesperación colgando mientras aguanto.
Compartirme y abrirme lo suficiente mientras aguanto.
Apretar como hembra y conservar las ganas mientras aguanto.
Luego una sonrisa, el premio, los huequitos en las orillas de mi boca
que se pudren mientras aguanto.

Soy la más buena y la más cobarde en materia de silencio.
Y no decir nada lastima tanto o más que parir plantas.
Funcionó.
¿No funcionó?

Sus pasos recorren la casa, pobre casa, la casa/daga.
Abajo estoy, me como las uñas mientras él pasea.
La cuestión es lo que haremos después.
Seguramente nos dañaremos uno al otro
hasta que por el piso caigan los cuerpos,
y todo se convierta en la danza del horror.

***Inédito

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1 comentario

Publicado por en octubre 21, 2015 en Cráneos, Ecuador, Poetas de los 80's

 

Etiquetas: , ,

Una respuesta a “Cráneo #59: Yuliana Marcillo

  1. organización comunitaria

    octubre 23, 2015 at 2:50 pm

    SALUD!

    bello, furioso y escopola – minante…

    Me gusta

     

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