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Archivos diarios: diciembre 7, 2015

Cráneo #72: Christian Hennings Valenzuela

 

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Christian Hennings Valenzuela (Santiago, Chile, 1994).

Estudia periodismo en la Universidad de Chile. Sus escritos –crónicas y poemas- han aparecido en diversas revistas de Internet como Digo.palabra.txt, ConTintaNegra y Otro Páramo.

 

 


 

Nonsense

A Albert Camus

En camimo a un ridículo baile de sonámbulos
voy despierto
pero a bailar como el que más.

 

 

 

 

 

Bibliocleptómano

Que el bolsillo trague las hojas
mientras se esquiva cada volteo con agilidad
para escapar con el corazón bajo la lengua
para correr bajo un cielo vertiginoso
para entonarse bajo las cómplices paredes del bar la Unión.

Sabino, una jarra de borgoña, por favor,
antes que me rompa el pecho este prófugo palpitar.

 

 

 

 

 

 

Abstracción

Sin saber fumar siquiera
traigo en mis pómulos la contemplación del fumador
y mis palabras no son más que la vellosidad del silencio
que ha merodeado este caminar durante veintiún años.
En parques bulliciosos
dejo dormir el mentón sobre mi palma
y entre tequilas y guitarreos
la miopía me dificulta saber quién a lo lejos me saluda.
Hoy parece que es Sofía, la misma que cortejé años atrás,
cuando intoxicado en inocencias
creía que un poema sincero abría piernas y corazones.
En aquel entonces ignoraba
que el verso era una serpiente de fuego
y el poeta, la polilla sedienta de fulgor
que coquetea con esas flamas alargadas
para evitar incinerarse.

No, no era ella
y tampoco era a mí a quien saludaban.

 

 

 

 

 

 

 

La presidenta está exaltada

La banda reposa sobre un estante de mármol.
Al lado izquierdo hay fotos de un joven.
Al derecho un Bailey recién comprado.
Cierra los párpados, suspira largamente.
Desploma un brazo sobre el cubrecama
mientras atrinchera la palma dentro de sus bragas.
Aprieta las muelas con furia.
En sus evocaciones
las encuestas han perdido la importancia
que diversos torsos esbeltos acaban de obtener.
Es hora de darse un gustito, concluye
mientras piensa en Alexis Sánchez
y de cómo la abrazó semidesnudo
en los camarines.
Sonríe.
Las yemas de sus dedos son poseídas por una fuerza superior
y giran alrededor de un punto ciego.
Exaltada, la presidenta está exaltada
percibe como sus paredes se humedecen
mientras comprende que es tan sumisa como cualquiera
Sus lentes tambalean encima del velador.
Su respiración se vuelve entrecortada.
Su rubia cabellera se agita como plumero.
Pero su dedo corazón e índice
no dan tregua y se siguen mareando
al son de la noche y la soledad
con que la siempre
la ha amordazado
el poder.

 

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Publicado por en diciembre 7, 2015 en Chile, Cráneos, Poetas de los 90's

 

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