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Cráneo #73: Gladys González

10 Dic

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Gladys González (Sanriago, Chile 1981)

Licenciada en Educación con mención en Castellano por la UMCE, diplomada en Fomento Lector y Literatura Infantil y Juvenil por la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora (c) en Letras y Filosofía con mención en Filología Hispánica por la Universidad de Valladolid. Ha publicado Calamina (Libros La Calabaza del Diablo, 2014); Última Noche, reedicióm ampliada (Ediciones Liliputienses. 2012); Última Noche (Ediciones Liliputienses, 2012); Hospicio (Ediciones Inubicalistas, 2011); Vidrio Molido (Libros La Calabaza del Diablo, 2011); Ninguna Palabra, antología (Pajarosló, 2011); Aire Quemado (La Propia Cartonera, 2010; Yerbamala Cartonera, 2010; Libros La Calabaza del Diablo, 2009); Gran Avenida (Ediciones La Calabaza del Diablo, 2005; Yerbamala Cartonera, 2010) y Papelitos (Eloisa Cartonera Ediciones, 2002).


 

vidrio molido

el aire de esta casa
se vuelve repulsivo

soy un trozo de carbón
ovillado y ardiendo

solo logro
perder el equilibrio
y caer hecha cenizas
tiznando esta cama
esperando más dolor
envuelta en analgésicos
y botellas
de agua mineral

solo puedo
levantar la cabeza
para ver esta escalera
angosta y pequeña
en la que todas las tardes
la luz se extingue
oscureciéndolo
aún más
todo

quisiera desaparecer
en lo negro
adherirme a la pared
perder los sentidos
sentir la noche
en sábanas limpias

meter la mano
dentro de mi cabeza
y cubrir
con los ruidos de la calle
los túneles de esta memoria
quiero que el tiempo pase
que la sangre de mi brazo
ya no sea
un hervidero mutilado

quiero abandonar
este colchón
en el suelo
esta habitación
esta miseria

cuando cruce
la puerta de escape
nadie
volverá a comprarme
por un baño caliente
papelinas
y alcohol

nadie
volverá a levantarme la voz
ni tocarme
como si fuera un cadáver

nadie
puede enseñarme
lo que es caminar
sobre vidrio molido
lijando
las aceras
con la palabra
sobrevivencia
lentamente
desapareciendo.

 

 

 

 

 

 

 

despedida

me recuesto en la cama
mirando el techo

estas murallas
llenas de papeles adhesivos
escritos
tachados

abro
y cierro los ojos
encegueciéndome
con la luz de la ampolleta

salgo y entro al pasado
sin deseos de hacerlo
como un efecto
de esta despedida
que no tengo deseos
de perseguir

estiro un brazo
y observo mi mano
su aspecto
no es el que recordaba

una mano huesuda
venosa
los dedos engarfados
las uñas amarillas
tres nudillos rotos
el temblor intermitente
del alcohol
y la abstinencia

no tengo deseos
de jugar en la oscuridad
solo quiero estar aquí
observando
mi mano

las citas y fechas perdidas
que alguna vez
me comprometí a cumplir
y que dejé abandonadas

quiero dormir
hasta el día siguiente
sin despertar con resaca
con los ojos pegados
por la pintura negra
y los labios quemados

ya no quiero
estar en batalla
conmigo misma
tan sólo quiero
no levantarme de la cama
descansar
de estos últimos años.

 

 

 

 

 

 

 

última noche

me hablas a mí
de hombres oscuros
que llegan
a la barra de los bares
pretendiendo beber
a costa de quienes
guiñan el ojo
en la presa equivocada
y terminan arrastrándose
hacia la puerta
tarareando cuchilladas
entre los dientes

me hablas a mí
de hambre
cuando solo el olor
del aceite
de los mercados
saciaba el apetito
y daban ganas de llorar
por el asco

me hablas a mí
del miedo
de la paranoia
del terror
a entrar
en una cabina telefónica
para esperar un automóvil
con las marcas de la muerte

no me hables
de lo que se siente
cuando te rompen el corazón
después de bajar la guardia
y el sudor
te arrastra bajo tierra
a un pozo encementado

no me hables
como si fuéramos niños
dejando migas de pan
en las calles
para encontrar el camino
a la cordura

sólo encontramos
hoteles sucios
y malos negocios
al guardarlas en los bolsillos

déjalas ahí
para que sean alimento
de las cucarachas
que se esconden
entre las fisuras
del concreto

no me hables
mientras bebo
no me interesa
escuchar a alguien
decir lo mismo que yo

-mirémonos
en el espejo de los licores
una conversación silenciosa-

observa a los demás
todos sienten lo mismo
un perro rabioso
les arrancó el amor
de las manos

ninguno
tuvo el valor
para mirar de frente
a la eternidad

ahora
se quejan
como tú lo haces
de que nada tiene sentido
de la desilusión
del desencanto
de las formas en las cuales
se suicidarán
para vengarse

no me hables
de segundas oportunidades
porque son
las que siempre
duelen más

si quieres
improvisamos una canción
para que todos puedan llorar
mientras reímos
sarcásticamente

si quieres
golpeamos las mesas
de esta cantina
o subimos al centro
a buscar balas perdidas
en las esquinas

porque da lo mismo
ya no queda nadie
a quien le importemos

no me hables
de hijos
de llevarme lejos
y protegerme
de mí misma

no me hables
de la civilidad
de los trenes amarillos
de la seguridad social
del frío
que hace explotar
las tuberías

yo soy un mounstruo
y esta selva
de boxeadores viejos
es mi jardín secreto
y mi familia

no me hables
de corazas
de rencores
de odios

yo
sólo tengo
mi reputación
que es la llave
para que las navajas
silben en el silencio
que dejo
tras de mí

no me hables
de amor
de seguirte
a otras ciudades
de conseguirme empleo
y matrimonio

yo solo
voy detrás
de quien me siguió primero
de quien me cuidó
y me dio un lugar
en su pobreza
de quien trinchó
con sus dedos
los trozos de vidrio
de mi destilado
para que siguiera bebiendo

no me hables
por favor
que duele
tanta falsa rudeza
y los amigos van cayendo
uno a uno
enredados con la saliva

esto
es lo que dejaste
para cultivar

esto
que te asusta
demoró años

en volverse
tan severo
tan crudo
tan inclemente

no te acerques
muchacho

que las luces rojas
de este barrio de negros
comienzan
a caerte encima
ya no eres invisible
cuando caminas
junto a la grasa

estas arenas movedizas
solo son
para los que tienen
un cajón desvencijado
lleno de promesas
de la peor clase
para no naufragar

para los que arden
en el reflejo de los cristales

de un hotel

durante una tormenta eléctrica

sin saber nada

el uno del otro.

 

 

 

 

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1 comentario

Publicado por en diciembre 10, 2015 en Chile, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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Una respuesta a “Cráneo #73: Gladys González

  1. Racso Morejón

    diciembre 11, 2015 at 2:48 pm

    belos versos, con imágenes que estremecen, por eso siempre me ha gustado tanto la poesía que escriben las mujeres…felicidades Gladys!!!!

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