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Cráneo #78: Dmitri Boderov

11 Ene

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Dmitri Boderov (Guayaquil, Ecuador, 1991)

Escritor, músico, y gestor cultural.
Estudió Literatura en la Universidad Católica De Guayaquil.
Primer lugar en Slam del Último Jueves 2014.
Actualmente trabaja en proyectos de cultura y de audiovisuales.



 

Yo amé a una mujer que supo despedirse de mi diciéndome: eres mi

superhéroe y a mí nadie me ha amado nunca y no te tengo pena

E.Carrión.

 

Biografía de la Hembra.

Tu, que con tus labios abriste paso al Támesis

En el omoplato izquierdo de la pena

Y ofreciste en vano tu cuerpo a cambio de cuerpo

No responderás al aullido de la tierra

Meciéndose en tus párpados

Nunca sembraron esperanza en tu rostro

más bien reclamaron en alto vuelto

por la cabeza inocente creadora de torturas

De dónde proviene la causa, decías

De dónde se sostienen los obeliscos

Apunto de agujerar la mano de Dios

Vociferas plegarias al unísono del llanto

Albergado en lo más profundo de la arteria

Aquella nos servirá como hilo

Para llevarnos del abismo a la cima

Y en la cima veremos cómo nuestros pies

Conducidos por el odio y la venganza

Se ciernen dejándonos sobre uñas mugrosas

En ese instante el terror no será distinto al alivio

Y Dirás: Mis labios no fueron brechas en el pálido

Rostro de la desdicha

-Los tuyos hicieron del miedo un lugar habitable-

Anoche una visita me hizo el hada de la paranoia y me dijo: “Toda causa está

perdida, cubre tu casa con este chorro de luz y semen, y abandona tu madre,

tu padre, y quema tus recuerdos de la infancia”; el hada me dice cosas que no

quiero hacer, pero siempre que me visita termino haciendo lo que me pide,

quizá lo que me hipnotiza son sus hermosas alas de marihuana, las que fumo y

en las que me hundo como un barco a la deriva. ¿Qué es el hada? ¿Hacia

dónde va? me besa en la frente y deja lagunas mentales en mi cabeza.

Oh santo dios, cuan duro es escribir, sin música, sin rosa de los vientos, ni

nada, se lee y se escribe en silencio, nada de nada, pero esta sombra me

recuerda una calle mojada, y el frío de la madrugada, pero estas manos me

recuerdan la creación, y el vacío que llevo dentro.

También sé de espectros que con dientes amarillos vienen hablar de pureza y

sembrando falsos testimonios, estiran su lengua para medir sus mentiras, y

enseñando sus manos miden su vanidad, desde donde lanzan precarias

palabras; no me asustan, les dije, para mí son producto de mis desvaríos, la

ciudad es una terraza en la que un Dios lejano se divierte, y no está en el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No pertenezco al bello grupo de los monstruos ni de los hábiles.

G.Cúneo.

 

Ian curtis en Padre Aguirre y Rocafuerte

 

No dirás precariedad sin haber recogido tus dientes del asfalto

No dirás incertidumbre hasta no recordar el nombre de tu padre

La muchedumbre te avergüenza, sabiendo que no es real.

Una garganta barítono atorada con sangre de tus narices

No esperaste que te salven, menos que te nombren.

Y entregaste tus palabras para ser recordado.

Has recibido el merecido propinado en la mandíbula

y saldaste el crudo recuerdo que te azotaba

supiste que caminando llegarías en vuelo de ácidos

esas piernas de elefante, y esos párpados de salmón.

Una conspiración de traidores

existiendo en tu cabeza.

Así como una sarta de siniestro cuervos

Avasallando la oreja escupen sus palabras

Con una crueldad deliberada y ociosa.

En el hueco de la calle hay sangre que se cuela,

-y pensaste en una oleada de niebla.

y ya de pie… y ya de pie…

remangaste tu camisa para pulir

las palabras que te pertenecen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apreciemos sin vértigo, la extensión de mi inocencia.

A. Rimbaud.

 

 

El Colibrí

I

De pronto una chispa en la memoria

la infancia sobre una bicicleta de hielo

aquella que se aleja como una mosca

y se aloja en las vértebras de tu cuerpo.

¿De que se trata este letargo

que esperas para cubrir tu casa

con este chorro de luz y semen,

abandonar el hogar y abordar la ira?

Te mueres de las iras y no haces nada

esperas el amanecer pero el sol no saldrá

en cuanto sepas que tu carne será carne,

y todo es transitorio, y nada es para siempre.

Entonces el colibrí martilla mi ventana, aletea, y expande el horizonte.

le dije: Solo te pido seas la idea, parada en el filo de la noche,

y me respondió: ¿quieres que sea la idea que libere tu corazón a la noche?

II

Algo hay mal en mi, pero no sé qué es

Algo hay mal en mi, no sé cómo ni cuando apareció.

Yo no era este, pero esta sombra me recuerda una calle repleta de manos.

Pero esta sombra me recuerda un día de sol en verano,

Y en verano esta sombra se proyectaba sobre los campos verdes de abril

Y Los campos verdes de abril se fundían en mis ojos

Y mis ojos te veían como el último racimo de flores en noviembre

Y en noviembre me dijiste que no volverías porque te lo prohibieron

Pero esta sombra me recuerda que una noche feliz fui en tus brazos.

Pero esta sombra me recuerda que solo me fui amando

Incluso a tus malditos demonios, y detrás de las murallas

Que construiste con tus manos; nuestros cuerpos de hielo

fueron materia de estudio en museos donde el ácido

es prescrito en laboratorios infames.

Y hasta entonces nadie sabrá cuanto nos amamos.

Y hasta entonces tu piel será esta vieja sábana en llamas.

III

Entonces la mariposa estalla como mi corazón

al sacudir el desorden que llevo dentro.

Y volvemos a nuestro cubículo de espanto

por la mañana observo la colina de la venganza

Y el hada de la paranoia hace gala de su atuendo

Nadie está exento de morir a contramano

Nadie volverá por tus cenizas a contarte

Lo que de niño hacías, un mezquino

Hambriento y aficionado

Pero con la quimera de oro

en el ojo del huracán.

Aquí estoy sin rosa de los vientos

aquí estoy sin brújula de plata

Aquí estoy sin relojes de marfil

Aquí estoy, desnudo, así he venido

Y así me iré por la estepa.

En este sueño venéreo.

Voy en un cohete a la luna

y me veo en motocicletas automáticas

Voy en un tren eléctrico internacional

y me veo cruzando el puente de la unión

y llevo la pena tatuada.

El colibrì, y su aleteo incesante

es la forma infinita del deseo.

El colibrí soy yo.

 

 

 

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