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Cráneo #92: Jorge Rengifo

26 Feb

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Jorge Rengifo (Lima, Perú, 1995)

Estudia Filosofía en la Universidad Mayor de San Marcos. Ha colaborado en revistas de poesía como Mutantres y Niño sobredosis. Aparece en la antología poética 90 revoluciones (Ecuador, 2015).



 

 

PUSAQ.

(Canción para Ariadna) Mi vida abre sus puertas como un circo de animales en cautiverio. Mi vida abre sus pétalos como una bombarda apocalíptica. Mi vida abre sus alas como una granada al borde del tiempo. Se desnuda frente al mar para que este cuerpo pase a decir. A escribir. Ariadna. La canción para ti. Y no vi tu rostro angustiarse por las calles de esta ciudad. Ni encontré tus huellas rodando sobre una obra de arte contemporáneo. Y no vi tus labios pronunciar como una sonaja el universo en llamas. Y nunca pensé quedarme aquí 20 años. Ni tomar tu mano en las horas más oscuras. Ni cruzar los campos para conocer tu casa. Ni ir a repartirme como obsequio 170 km al sur-este de la ciudad una noche de noviembre entre desconocidos de velas apagadas con saliva de personas ancladas al silencio que nunca te invitaron a un baile. Que nunca mataron por tu cuerpo. Ni reflejaron sus sueños en tu sonrisa. En tus ojos. En tus ojos. Ariadna. En tus ojos. Todo esto es para esas lágrimas desvergonzadas que gritan tu nombre a media noche como un océano de golondrinas. Mi pequeña. Las galaxias se amueblan en tu sonrisa. El equinoccio de los sueños amarrado a tu cuerpo desnudo. La luz de los dioses fermentada en un envase de carne. Mi vida se abre lentamente en dos como un arroyo y te escribo desde una noche estrellada. Te escribo con estas manos que nunca tocaron tus cabellos encerrados en los castillos. Te escribo como un lobo que escupe sus plumas desde un rascacielos. Te escribo como tu muerte proyectada en mí y mi muerte proyectada en la noche. Y la noche proyectada en el canto de la lluvia ácida. Yo nunca eh visto a mi generación arder en llanto lejos del cuerpo. Mi pequeña Ariadna.  Imagino nuestro primer beso como un niño que pintarrajea con crayolas las paredes de su cuarto. Imagino el amor de dos colibríes y las irresistibles ganas de hurgarse el pecho. Imagino a mis manos sosteniendo las tuyas conscientes de que sostienen algo más que un truco de magia. Imagino mi vida como una gota de tinta sobre una hoja que nunca debió ser esta. Imagino al tiempo transformándose en cuerpos de barro/ de agua/ de fuego/  de viento. Yo nunca eh visto a mi generación florecer sobre el vómito de las luces. Ariadna. Voy caminando perdidamente atado al desierto infinito. Voy caminando sobre una calle cubierta de sangre. Dices que la literatura es un asunto de vida/muerte. Un pecho desnudo como un campo de girasoles. Mi pequeña. Yo te creo. Porque mi pecho. Me ahoga. Me levanta. Me  exige a gritos demoler la ciudad. Esta ciudad que se rehúsa a ser arco iris. Que se rehúsa a recoger sus espejos. Yo nunca eh visto a mi generación salir desde el fondo como un tren de focos encendidos en la noche. Pero tu Ariadna. Sé que sueñas conmigo y por eso existo.

ISKAY.

Tengo 20 años y las mismas curiosidades de cuando tenía 10. Tengo 20 años y la inocencia misma de los 10. Mi corazón es atravesado por una lengua eléctrica que baja del cielo y me lame. Mi corazón es un laberinto y dentro de él hay una catarata y dentro de la catarata hay una niña que mira la luna como una parvada de pájaros azules. ¡Oh vida!. Yo sé que eh debido disponerme como un monje a tus pies. Yo sé que eh debido preparar mi cuerpo para ser devorado por los buitres. Yo sé que eh debido besar tu boca/mirar tus ojos / tocar tus manos. Ahora noviembre se abre humildemente entre verdores y tu piel ha adquirido un tono psicodélico (que solo es posible ver cuando uno se enamora). Pues perfecto. Estoy enamorado de ti. Te amo y te amo un trillón de veces más. Y podría ver en tus ojos las visiones más extrañas. El vuelo de mil aves  no es más hermoso que nosotros cuando vamos corriendo de la mano por el bosque cubierto de estrellas. Por ti crecí soñando que los poemas tenían pulso. Por ti crecí soñando que los pajaritos nacían del mar y que su corazón era tan inmenso como la noche misma que ahora tenemos al frente. Princesa de arena clara. Ahora que la noche se ha parado como una estatua de carne ante nosotros. Ahora que somos diminutos submarinos bajo el agua y los lobos (marinos también) desfilan dando la vuelta a nuestros cuerpos. Viajaremos hasta el sumidero de los días. Allá donde los montes son más verdes y más altos. Nuestras células se expandirán por todo el hemisferio y me dirás el código secreto con el que nos reencontraremos vida tras vida. Yo recordare tu sonrisa tecnicolor. Tú recordaras el sonido de mis pasos acercándose a lo lejos. Y a la medianoche nos volveremos fuego/constelaciones andantes. Nos reiremos de aquello que llaman tiempo. Deshojaremos sus pétalos. Armaremos un velero y surcaremos la naturaleza etérea. Conoceremos todos los signos que habitan en el éter y el aliento destructivo de la antorcha pura del sol. Conoceremos la arquitectura errante de la luna y el cielo de escamas circundantes de donde nació. Encenderemos fogatas altísimas entre los robles salvajes y los racimos de mango. Las papayas grandes y jugosas serán manantiales en verano. Aprenderemos a pararnos de puntitas para escuchar lo que dicen las estrellas. Aprenderemos a sacar nuestro amor como una bufanda para estos días de invierno. ¡Oh Pan diario de la muerte! Flor de helio que te elevas sobre los campos de alfileres. Ahora que amanece  en todo el meridiano de Greenwich y las gaviotas han comenzado su canto sideral. Viajaremos heridos de ternura. Mi vida. Te lo prometo. Ya somos dos cantándole a un cielo gris. Soñando larga y locamente.

En la orilla frente al mar.

En la orilla frente al mar.

ESQON.

Niño. Estoy segura que para cuando leas esto, ya tendré el corazón deshecho entre las estrellas.

He tenido el presentimiento de que me marcho cuando no voy a ninguna parte. He tenido el presentimiento de que no voy a ninguna parte cuando me marcho. He soñado conmigo siendo miles. He soñado conmigo siendo ninguna. Sabes. La mirada del hombre no es la única mirada viva sobre la tierra.

El universo, ese pájaro con estrellas hasta en el pico. La tristeza se abre como una flor dentro de su cráneo. La tristeza es una flor más ante el jardín de la mañana. Miro al universo-pájaro. Lo miro picotear el alpiste con la cola clavada al suelo. Miro sus plumas estrelladas y pienso que necesito escribir un poema tan largo como una escalera boreal hacia los astros.

Sé que tienes veinte años (tal vez para siempre, quién sabe), pues bienvenido seas entonces al sueño. La noche es grande. El camino es claro. He dibujado tus iniciales con las piedritas que fui tropezando. Te amo. Si pudiera decirte algo terrible, loco, desmesurado, sería este Te extraño, este Buenas noches, este Perdón por no estar ahí. Todas las mujeres que alguna vez amarán seguirán sus vidas (sé la cara que estás poniendo), pero es verdad. Eres un niño, quizás todos los niños y también. Mi amigo. Intenta tomar la vida como un barco y llévalo estratégicamente y con orgullo hasta el final. Mi consejo es que no te entregues muy pronto a la corriente, puedes resultar demasiado lastimado por las olas.

PD: “No te olvides, corazón, cuan inmenso eres”

***Textos tomados de Sobre la reconciliación del laberinto (Ecuador, 2016)

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Publicado por en febrero 26, 2016 en Cráneos, Perú, Poetas de los 90's

 

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