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Cráneo #112: David José Márquez Bolaños

16 May

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David José Márquez Bolaños (Cali, Colombia, 1983)

Estudiante de Licenciatura en literatura en la Universidad del Valle. Le escribe cartas al mundo desde el ojo de un huracán. Publica en varios blogs de su autoría, entre ellos: Cantos Naturales, Hojas al vacío, Poemas del éxodo y Cubierto de tierra en la red social Tumblr. Publicado en la antologías poéticas, entre ellas: Licorería de babel (Editorial El Silencio), Pueblerinos, Las palabras emigran (Universidad del Valle) y en diversos blogs dedicados a la poesía en Latinoamérica. Ha participado en el grupo de Teatro Kabuki de Armenia y en la Universidad del Valle en el grupo Humo teatro. Autor del blog de cuentos Desde las galeras y el patíbulo en la red Tumblr.



Diario 31

(Fragmento)

II

Provengo de una ciudad que apesta a lixiviados
y la gente se le avienta a las bestias de acero
en los ríos de concreto para ser esquivados entre insultos
así mismo tus caricias deberían evitarme
porque solo tengo espinas
llagas que arden como el diablo
y cicatrices como heridas vivas en la memoria
vengo hecho un fantasma que se transforma en tigre
cuando el reflejo del anuncio publicitario titila
igual a un anima en pena
después de una esquizofrenia
y despierta en la penumbra
y corre como alma que la llevan los mil demonios en la proa
imitando a un murciélago
que desea colisionar contra los parabrisas
y luego soy una salamandra embarrada
íngrima columpiándose en los juegos abandonados del parque
ruedo hasta gastar la suela de los zapatos
y la ternura de mi abuela
siembro cactus en canículas radioactivas
y robo flores en los cementerios
como mendigando el abrazo de los muertos
duermo en los puentes
porque mi casa es un infierno
y amanezco arrodillado
suplicando anestesia
en las puertas cerradas del psiquiátrico

LABERINTOS INTERMINABLES

Antes de Dios no había ninguno y no habrá ninguno después

Apocalipsis

Todo comenzó por el fin

Luis Ospina

Hoy en la noche voy a suicidarme, aunque no recuerde el camino de regreso a casa. Cada vez que me separan de mis padres, lloro como un loco, entonces me vendan los ojos y todo es un flujo de oscuridad e incertidumbre, sin espacio, ni tiempo, una cinta de virtual grabación en negro, fechada en el 3047 después de los ciborgs, es la cinta de  mi madre acariciándome el cabello la noche eterna, esa noche que publicamos en las redes sociales: “Viuda de una tarde de domingo soleado”. Es el heptágono de la mente, el vector cúbico interno formulador del vector cúbico generador del radion, el patrón cúbico primigenio.

Ciego, sordo y mudo de llanto; corro, troto y me arrastro mendigando monedas para abordar un tren en los subterráneos y comprar un poco de agua… Las calles nunca se terminan, ni la basura, ni la gente. Tropiezo contra una mujer cubierta de tierra, vestida con bolsas plásticas negras, sentada en las raíces de un árbol caducifolio. Solo atinamos a contemplarnos las grietas y las cloacas en una canícula de vampiros, unificados en un cubo bí-axial precipitamos el hiperátomo del patrón cubico primigenio; según el principio de la sinergia diaria.

Edificios colosales repletos de diminutos cubículos, donde los soles atrincherados detrás del teclado, digitan el tiempo y el espacio del vacío. Las flores solo existen en las fotos de las tumbas, si un cementerio huele a jardín; yo quiero morirme, no hay aromas de rojos y ardientes pétalos, solo conozco la putrefacción de los cuerpos abandonados en las entradas de los hospitales y el hedor a sangre coagulada.

Perdido, borracho de insecticida, remendado de puñaladas letales. Traté de suicidarme, varias veces, en el psiquiátrico; cabalgué yeguas blancas mientras caían en abismos de tormentas eléctricas, me aventé a la selva para ser devorado vivo por guacamayas, animales salvajes e insectos letales. Me colgué con las vendas que me ataban a la camilla, me disparé en el corazón con un revólver, me volé los sesos dos veces con una escopeta doble cañón. Me comí una copa de vidrio triturado con helado de vainilla y fármacos. Aunque no lo veas, la boca me sangra, un fantasma no muere: ¡vida espeluznante!

Llaves que no abren ninguna puerta, buscar la salida de emergencia y gritar… En la madrugada, aunque no pueda ver a mis padres en los  laberintos interminables ¿Por qué están muertos? Están muertos comprando en los hipermercados, no sé cuándo nacieron. Todas las mañanas los veo partir 0.1 antes de los ciborgs; abandonan un planeta hostigado de basura y el veneno que supuran las industrias. Voy a suicidarme. Iré a morirme a un potrero lleno de vacas, me cortaré la yugular, mi sangre es de la tierra. El heptágono de la mente es expulsado en dos secuencias: Diario 33, siete años de profecía, 1993-2002 antes de los ciborgs… Hiperátomo cúbico de la mente de la Madre Tierra.

DES-NUDOS

Saco de mi bolsillo los pedazos de un espejo roto
vos te quitas un talismán astillado que ya no augura
allí se encuentra nuestro abismo de la infancia
y el reflejo desfigurado
de ambos monstruos.

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2 Respuestas a “Cráneo #112: David José Márquez Bolaños

  1. HUGO ADRIANO REASCO ESCOBAR

    mayo 26, 2016 at 5:46 pm

    HERMOSA PROSA POÉTICA, ES EVIDENTE EL DESEO DE MORIR, A MI ME LLAMA MUCHO LA ATENCIÓN AQUELLO.

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    • David José Márquez Bolaños

      octubre 21, 2016 at 5:43 am

      (…)cada vez que respiro
      la muerte me besa apasionada
      y creo abarcar lo inmensurable en un abrazo(…) — El suicidio es un acto y un tema que me intriga, sin embargo del dolor se sacan las fuerzas— (…) para reconciliarse con el sufrimiento
      arde vivir
      absurdamente
      aún así me deleito en la corriente del arroyo.—— Puedes leer el poema completo en el siguiente enlace: http://hojasalvacio.tumblr.com/post/110483576139/virginia —– Sé puede tener valentía al hacerlo pero no es ser un valiente. tal vez parezca incongruente en mi afirmación; pero ten la certeza que es lo contrario. Valiente quien ama la vida a pesar de toda la miseria, maldad y estupidez que compone el aspecto salvaje de existir. U abrazo, Gracias por tu opinión. La valoro más que el dinero, las joyas, los viajes etc y otra infinidad de banalidades qué muchos suponen son el sentido de vivir,

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