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Archivos Mensuales: junio 2016

Cráneo #121: Juan Suárez Proaño

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Juan Suárez Proaño (Quito, Ecuador, 1993)

Comenzó a escribir a temprana edad. A los diecisiete años terminó su primer libro A mi mundo, publicado dos años más tarde (Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo de Imbabura, 2012). Se segundo poemario Lluvia sobre los columpios fue publicado en 2014. En 2015 publicó poemas y cuentos en una obra conjunta con su abuelo titulada Ternuras al caer la tarde. Hacen falta pájaros (El Ángel Editor, 2016) es su último poemario. Actualmente es estudiante de Comunicación y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.



 

 

Lo innecesario

Lástima que las cosas que decimos
no son un corte en el vientre
un arañazo en los ojos
una estaca en las muñecas.

Da lo mismo hablar del invierno
de dios
o de la arena.

Todo termina siendo
innecesaria memoria.

 

 

 

 

 

 

 

POLVO

Dicen que todo poema está hecho de polvo.
Polvo de una nostalgia imposible
encontrada al caer en cuenta
que la gente se va
se muere o se cambia de país
y nos vamos quedando solos.

Polvo hecho de huesos,
de todo lo que se acumula con el paso de los años
de las calaveras a las que quisiéramos desenterrar
y besarles la frente con ternura.

Polvo de los cajones que nunca abrimos.
Polvo que se acumula en los retratos
que abandonamos a su suerte
en algún rincón de la casa.

Polvo de la intimidad.
Polvo de las sábanas y la saliva
polvo de las tardes en que llueve
y somos más propensos a la tristeza

polvo de los libros
polvo del hambre
polvo de los calendarios

Dicen que todo poema está hecho de polvo
al igual que los hombres.

 

 

 

 

 

 

 

POETA

Si hay cárceles donde no cabe ni un suspiro

si entiendes del abandono
y sabes que los cortes más limpios provienen
de los pájaros.

Si al cristal de tu ventana
rasgan las uñas del tiempo
como voces detenidas,

si tus párpados
llevan un sueño desaparecido
y soportas ser acribillado
por las cosas que no dijiste.

Si comprendes el incumplido final de tus derrotas
y escondes el deber de tus manos
en una caricia.

Si no te tienes
ni a ti mismo.

Dime cómo haces después de todo
para seguir creyendo
en el poema.

*** Textos tomados de Hacen falta pájaros (2016)

 

 

 

 

 
 

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Honoris Cráneo #2: Juan José Rodinás

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Jun José Rodinás. fotografía de Andrés Darquea

 



Juan José Rodinás (Ambato, Ecuador, 1979) es el seudónimo de Juan José Rodríguez Santamaría, nombre bajo el cual publicó sus primeros libros. Estudió literatura y periodismo en Quito. Hizo cursos de traducción en Madrid. Ha publicado Los rastros (Quito, 2006), Viaje a la mansedumbre (Barcelona, 2009), Barrido de campo (Arequipa, 2010), Código de Barras (Quito, 2011), Cromosoma (Quito y Santiago de Chile, 2011), Estereozen (2012), Anhedonia (Popayán, 2013). Ha sido incluido en varias antologías. Además, ha publicado varios ensayos sobre poesía ecuatoriana e hispanoamericana. Ha obtenido el Premio Internacional de poesía joven La Garúa, El premio Internacional de poesía La Lira, entre otros. Algunos poemas suyos han sido traducidos al inglés y al francés.

 



 

 

Tetrabrick

La vida (o su proyecto) es un cartón de leche dispuesto en el pasillo
de un supermercado tras explosión nuclear de mal pronóstico o, 
si hay imaginación con detalle y estilo,
la colisión de un meteoro sobre la avenida de las tiendas.
Sabemos que todo orden depende de un dios, pero hoy no hay tal:
ni menos. La cabeza del autor de esta frase marca sobre el papel montañas cosidas a cerebro que las sueña
Hoy no sucede el mundo: mañana o ayer, si acaso.
Procedimiento y truco del humus para matar lo que no puede morir solo. 
La vida fue 33 años (unidad de medida de algo que al crecer, 
disminuye) sólo un erizo sangrante en su interior:
un títere de trapo que piensa en su muerte, protagonizándola,
pero a distancia todavía, practicando la carrera de obstáculos
en un bosque donde cada árbol imita un eje de napalm
bajo alambres de púas. Quizás por cada año
(y por cada año de cada año mío), el cuerpo de un niño jugó
mordiéndose las manos al interior de una cárcel de hueso.
Esta creatura (inhabitable) pudo doblar el antebrazo 
para mirar sobre su codo un paisaje imitador-monet.
En esa misma piel, había mirado una caravana de muertos
preguntando por los últimos hombres que bailaron sobre la tierra.
Las nubes, envueltas en papel cigarro, arriba de los hombres 
que habitan edificios ya previamente demolidos.
¿No sabían que sus departamentos, donde el mundo era el peso
de una manta, ya no existían? Se destruyó una cosa
que luego tardó en destruirse. Claro, las cosas tienen un espíritu
que nosotros no tenemos. La vida, arte abstracto de sí misma, 
ocurre en un vídeo táctil que se proyecta mente adentro
donde algunas personas habían desaparecido previamente.
Con fortuna, incluirá el cráneo de un hombre solo 
que ha trabajado demasiados años para borrarse el rostro
& imaginar un cuchillo rasgando su cabeza que observa,
mientras la vida habría acumulado demasiados árboles
que son idénticos a ella, misma que, si somos justos, 
si la justicia trabaja sobre la forma herida de las cosas,
ya no podrá existir.

 *** Texto tomado de Anhedonia (2013)

 

 

 

 

 

 

 

INTERMEZZO THOM YORKE PROGRESIVO

El ordenador encendido como
una página en blanco, como OK Computer.
Como esto que es un cielo de animaciones suspendidas.
Como este paisaje se hace un sueño de alienaciones dulcísimas.
Como un pliego de nieve envuelto en la punta de una estaca sobre la pupila: en largas cánulas sobre el tejido visual.
Eso es decir estoy de vuelta: la realidad está dentro: la realidad está fuera, pero dentro. Estoy solo como estoy solo dentro de mi mente que es lo que lees. 

*** Texto tomado de Cromosoma (2011)

 

 

 

 

 

 

 

Axones

Canción de despedida, de llegada.

I

En el cuerpo, los nervios pesan como arterias de plomo. Con las pastillas, el cerebro se ablanda como un río benévolo. Las neuronas son libélulas negras que sobrevuelan un estuario mental. Por la mañana, el médico me dice: “tiene una enfermedad en la cabeza como un otoño inhabitable”. Yo también lo sospecho.

II

En mi habitación, trago astros en comprimido, pastillas que resplandecían en mi mesa. Todo para evitar el picoteo del gorrión, pájaro de la enfermedad, bajo mi nuca. Mi cerebro se equilibra un instante. Junto a la jarra de leche, los pomelos húmedos están sobre la mesa, como un cristal antes del acabóse.

III

Este día sueño con destruirme. Volarme con un pájaro la sien del cielo para que mi cerebro se haga espuma en el mar. Este día sueño con destruirme. Sumergir mi pecho en la hoja del baniano y desaparecer.

IV

Tengo un clavo en la mente: una herramienta de luz manchada o sucia. Por ella, el ruido de los automóviles es mi fonética del mundo: carros en una larga fila de carros en una larga fila de carros atascados. Mi oído se convierte en un atributo del dolor que viaja –como tren japonés- a la velocidad de la luz desde mi cuerpo, contra mi cuerpo.

V

No hay estación del cuerpo, pero el dolor la crea. Llueve mielina en los nervios (aguacero plateado). Tengo sacudones en mi esternón y en la piel de los brazos. Tal estación –diríase parecida al otoño- deja caer hojas de radón desde las ramas de la columna vertebral, desde la encina que el anatomista llama árbol de médulas.

VI

Como un fuselaje, entré a la cámara de resonancias. Escuché un zumbido electrónico para obtener fotografías de mis huesos, de la pasta cerebral. Allí la máquina descifró mi sueño de oler cedrón mientras acariciaba un pájaro. Como un diapasón, el cráneo contraído percutió sobre mis días de luna elemental, profética. Imágenes de una piedra de la locura iluminada por el espejeo del láser.

VII

Las placas tornasol decían: hay un quiste en tu cerebro. Trepanaciones.  Extracción de la piedra de la locura. Pienso en un tumor, como un cometa contraído en un puño.

VIII

Mi médico, el poeta, dice que los puentes son hermosos, que no duelen. Él habla sobre puentes materiales: un puente uniendo mis articulaciones enfermas con la orilla (ahora detenida, luego suelta) de la tina. Goma de sangre. Un verso es una línea, un hueso es un hueso. Separo lo separable. Recojo mi cuerpo, oculto tras la bata de cirugía, mientras miro las nubes, su blancura metódica, mi adiós.

 
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Publicado por en junio 27, 2016 en Ecuador, Honoris Cráneo

 

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Cráneo #120: Kenneth Cumba

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Kenneth Cumba (Puerto Rico, 1992)

Estudiante de literatura en la Universidad de Puerto Rico. Librero. En el 2011, el premio de poesía de la facultad de Humanidades. En el 2014, el Premio Guajana, también de Puerto Rico. Tres textos desmontandos una vez escrito el último poema: La quinta ventana, hielo natal, nodo. Publicaciones en plataformas nacionales e internacionales, virtuales e impresas. Una traducción hecha: Bread Bound/ El deber del pan (Astrolabio, 2015), de Xavier Valcárcel la versión en español. Un texto suspendido en el D.F., alacena; magnolia x alba es lo próximo. Y la playa.



 

Textos extraídos de magnolia x alba, inédito.

 

 

 

“la magnolia tiende sus fuentes para atrapar a las peras que van a caerse -de piel celeste y corazón de nieve-; pero, hay extrañas cifras en las caras de las peras; vamos a poner todos esos treces enigmáticos a ver qué resulta”

-Marosa di Giorgio

 

 

 

variación uno o primeras palabras

1.1

 

el lente

gana

junglas

circula

la cuchara

la oscura

resonancia

entre blanco y blanco

 

la tormenta

asiste

la medianía de las cosas

intima

el miedo

 

convencidas de caducidad

las plantas

atravesaron la arena

el apocalipsis zombie

la memoria

en lugar de la ceniza

 

los pájaros de la costa

aplaudieron sus alas

hasta el óxido seco

que sudaban las estatuas

 

1.2

 

de aguavivas y magnolias

 

raíces

y vampiros

exportan

las preguntas del calor

duermen las disculpas

en el sombrero

o en el mundo

 

esperando

en las filas de la farmacia

en correos y en espacios rentados

 

doomsday

las canciones

de almohadas pasajeras

 

hasta cavar el cristal

geográficamente

seremos la luna

y anhelaremos el sueño y la indiferencia

 

cuando a la luz la luz dirigida

traiga espuma

y repita

su inundación de lo mismo

 

1.3

 

aquella pared

en apartamentos rentados

o en el sujeto

en distancia o en asombro

mira

 

quizás a esa hora

inflexible

la saliva

es la ira

y alimenta

 

innecesaria

acaba

 

y todo el ruido

es el polvo

 

1.4

 

se encendieron

las abejas

hasta tocar la puerta

fantasmas la semilla de sus aguijones

 

tal vez fue rumbo

o es que el resplandor apenas dura

 

es como maullar el hambre

mientras el viento crece

 

como inventarse fotos

por asalto a tomar un espejo

 

1.5

 

es salvarse

por las manos

son gritos

lo que cae del cuello

 

es la ternura

o la apuesta

hoy detenida y única

 

los animales fueron

fueron por la casa

mientras otros fueron

por el alba

las magnolias

y ya para el desayuno

dios

perduró

en aquel dinosaurio

 

1.6

 

o la torre

o el esqueleto en el clóset

pero como quiera

no hay regreso

 

que estamos bien fue polvo,

la cosa es que deslumbra

que no se escriben puentes

de esas clavículas

 

a maldecir hasta el candado:

“no vendrá nunca Nadie. no vendrá Calipso”

 

a desdecir antes que el polvo:

“a corregir el movimiento

que llamamos islas”,

 

el poema se lee

 

1.7

amueblada y caracol

 

de tanto golpear el pan

carceleros

y estas cosas

que tampoco llegan a países

 

se encaraman al silencio

de los caballos

las variaciones del tema

 

bellos son los sepulcros

cuando se bebe de los ceniceros

cuando se bebe del desagüe

 

1.8

 

todo lo que habita el caracol

es una pared

 

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Cráneo #119: Jonatán Reyes

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Jonatán Reyes (San Juan, Puerto Rico, 1984)

Poeta, autodidacta, editor y lector incansable.  Se destaca como uno de los mejores poetas de su generación. Lejos de lo academicista y cercano a los poetas simbolistas y surrealistas, su poesía destila el misterio, y el desarreglo de los sentidos de un Rimbaud y un Verlaine y un Baudelaire y sus Flores del Mal. Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Jonatán entrega siempre una poesía visceral, intensa y auténtica.”

Anteriormente publicó bajo el seudónimo de Jonatan Medusa, es autor de la plaquette “Hologramas Exiliados” (2012), de los libros “Actias Luna” (2013), “Aduana” (2014), y “Sunny Sonata” (2014).

Parte de su obra ha sido publicada en diferentes revistas internacionales: Circulo de Poesía, Letralia, Revista Almiar, Perco poesía, Letras en Rebeldía, y Thraka (Grecia) entre otras.

Ha participado como poeta invitado en diferentes antologías internacionales. En el 2015, la más reciente: Antología Poetas Latinoamericanos de Imaginante Editorial (Argentina). Poeta invitado al “Primer encuentro latinoamericano de poetas del Itsmo”, y al II Festival Internacional de lectura y el II Carnaval del Libro “Agua Dulce Caracola” (México, 2015).

Recientemente fue finalista del prestigioso premio internacional de poesía “Pilar Fernández Labrador” por su libro “Filmina”.

Su poesía ha sido traducida al italiano y al griego.



 

 

POEMAS II

 

EL HOMBRE QUE HA MATADO A TODO EL MUNDO

 

Otro día, otra hora, en otra vida

que supuestamente pertenece a un año.

El sentimiento sigue intacto, el recuerdo marchito.

La mujer que amo entre vitrinas no se visibiliza;

me esperan ciudades por terminar de estructurar

lo que el tiempo crudo en moteles baratos ha ido formando.

Me espera lo sublime crucificado, dolores en la luz.

La última gota de un sueño azul.

En algún día, en alguna hora

en cualquier vida que no le interese pertenecer a un año:

te robaré la esencia para formar la mujer que amo

te robaré la sonrisa para mirarme al espejo con ella, y así dar

la cara exiliada, siendo el hombre que ha matado a todo el mundo.

 

 

 

NAUTA

 

Volatizaste la eufonía que crujía

en las ondulaciones nerviosas

en mi recóndito lloriqueo a campanadas sangrientas

de sangre caravana de recuerdos lúcidos

de mirada encrucijada

en las últimas notas de un bolero

de tumbas dolidas

 

emigraste tanto que se disolvió, crudo un sueño

que emergió de última la realidad viva

en lo más profundo de una lágrima exiliada

¡Indigente con tu partida a flor de hueso!

deidad indocumentada en el último beso

–entre- rotas- tumbas dolidas

 

(el amor, como la locura, es un invento incompleto)

 

 

 

QUEROSENO

 

Cómo te amé antes de ser el invento quebrado de un bolero

bolero de luna caída, de santos con ramos de queroseno o

lirios de castañuelas. ¡A cualquier ruta, resonante!

 

entre todos los inventos fuiste la que pudo jugar con mi pelo

mientras me aguantaba a tu trenza para no caer al vacío

 

¡oh! ¡cómo te amé, lloré la soledad en un florero roto!

 

soy el escrito que escribiste en el epitafio de las flores:

                        una sombra de carnaval

un añejo vino saboreando la noche cenicienta

un cuento tan tuyo que no parió el vientre de tu madre

cuando a solas recolectabas ideas del ensayo

(el arte del existir)

 

soy el velorio en tus pupilas

la vida pasada, dormida en la cayuela de los sueños

un gran invento de pasarelas granizadas

 

te repito: soy el poema que diseñaste

en el brillo de la luna descontinuada

 

 

 

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Cráneo #118: S. Alfsen-Romussi

 

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S. Alfsen-Romussi (Valparaíso, Chile, 1981)

Poeta, artista visual y mochilero. Ha publicado los poemarios Totémesis (2009), Enteógena (2011), Metamérika (2012), Supernaturaleza (2015) y Paraísolyrik (2016) por JC Sáez Editor. Actualmente reside en Santiago de Chile.



 

 

CAOPTICA: AERODINAMICA DEL VERBO AUREO Y
ANARQUETIPO

i. Ave través los campos sinestésicos (neoparaje). Vuela. Verbo
de virtualidad las aéreas extensiones se compactan en un solo

ángulo espontáneo, desdoblado en la curvatura surca

del espacio negativo (contracampo) hacia

la

copia de la realidad /diagrama la espiral de una alegoría rítmica
la

intemperie de este límite y aleteo de las escisiones /lente del
vértigo desemboca su constante coincidencia como ilusión de

retorno y corrimiento de

albedrío,
o sea los bordes de cualquier distancia sean bordados al

                                                                                                                        [haz

 

 

 

 

 

 

 

ARTE CIENTIFICO O DE LA NATURALEZA
TRANSFIGURADA EN LENGUAJE

i. Un coeficiente perceptual inane se alegoría entre el claroscuro
hieratismo de la espontaneidad y fuera un calmo pacto lingüístico

el

azar infinitesimal desde la

estructura del triángulo hasta el sentido de la vista, esto es: un

pájaro ideográfico

bordoneaba los contrastes simultáneos de la relatividad como el
acto estético de una estructura espiritual estelando la vegetación

irrealizable. Un

diseño inteligente no teísta entonces era el albedrío libre imbuído
en

cualquier verbo, luego la autocreación de todas las cosas, la obra
de arte anulada, la

lengua cibernética de la physis, la

ima-
ngen.

(ARS ADN.N.)

 

 

 

 

 

 

 

iv. Un aparato estético vivo acertija sus funciones a la idea del

estado de derecho. Se
depresa de lo sublime turístico. Metamorfa el gen. Incesta el
[croma.

Este espejismo laxo e insubordinado como un Sísifo de horizonte
[germina
desde el

raso
rocío
respiratorio

de nuestro
cuerpo enfermo y asperja su bondad parasitaria través la
[politonalidad
del plano.

Entonces sea la sintetización del fruto través la ley de la luz
como

la disolución de la individualidad y

objeto de la poesía.

 

 

 

 

Textos tomados de Paraísolyrik (JC Sáez Editor, 2016)

 

 

 
 

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Cráneo #117: Elaine Vilar Madruga

 

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Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989).

Narradora, poeta y dramaturga. Licenciada en Arte Teatral, especialidad Dramaturgia por el Instituto Superior de Arte (ISA). Miembro de la AHS. Ganadora de diversos premios nacionales e internacionales. Su obra ha sido editada en antologías a lo largo del mundo.

Ha publicado la novela Al límite de los Olivos, Editorial Extramuros 2009; La hembra alfa, Editorial Letras Cubanas 2013; Promesas de la Tierra Rota, Editorial Gente Nueva, año 2013; Salomé, Casa Editorial Abril, 2013; Dime, bruja que destellas, Casa Editorial Abril, 2013; Alter Medea, Antares Publishing House of Spanish Culture, Canadá 2014; De caballeros y dragones, Ediciones La Luz 2014, Framboyán, Ediciones La Luz 2014; Soy la abuela que vuela, Ediciones Unión 2014; El árbol de los gatos, Metec Alegre Edizioni, Italia, 2015 y Bestia, Lugar Común Editorial, Canadá, 2015; Los arcos del norte (cuento), Editorial Gente Nueva, 2015; Carmen, la gitana del amor, (literatura juvenil, escrita en colaboración con Enrique Pérez Díaz), Editorial Gente Nueva, 2015; Escudo de todas las cabezas (poesía), Ediciones Loynaz, 2015; Hentai (teatro), Ediciones Loynaz, 2015; Culto de acoplamiento (cuento), Editorial José Martí, 2015; Las criaturas del silencio (poesía infantil), Editorial Sanlope, 2015 y Canto de cisne (poesía), Editorial Voces de Hoy, Miami, Estados Unidos, 2016.

También ha compilado y prologado Axis Mundi: antología de cuentos cubanos de fantasía, Editorial Gente Nueva 2012 e Hijos de Korad: antología del taller literario Espacio Abierto, Editorial Gente Nueva, año 2013.



Dragado

“En todas esas historias el héroe
está más allá de sí mismo…”
Robert Creeley

A mi vieja ciudad de siempre

 

no lo sabes: el tercer ojo de dios abre su párpado
para mirar lo que queda de la ciudad
convertida en bandera
signo de un tiempo por venir          árbol tutelar.
sus calles cuelgan en la memoria de la memoria,
raíz de vidrio que escarba eternidad adentro.
desde el muro
contemplar al mar es en apariencia muy fácil
si se olvida el soplo de la mandrágora
la tarde aquella
en que pateamos adoquines y boliches.
lo que arde en el fondo de todo
no son los gritos que abandonamos como perros
en una cuartería del mundo.
vale más fingir reminiscencias
un vocablo en                   sánscrito tu historia
hecha mía ya por la costumbre
pero que duerma el monstruo        la mujer con tres ojos
que finge mirar al mar y sus escaras
el temblor de la bandera sumergida en petróleo.

Las montañas de la extinción

“No se puede soldar un Abismo
Con Aire.”
Emily Dickinson

I

el animal muerto
—como todas las cosas rotas—
entre nosotras dos.
abría sus párpados
para vernos más allá del grito.
era la niebla roja
del día que nunca llegaría
la canción del cisne muerto a pedradas
en una de las esquinas
de la que fue nuestra casa.
pensabas en la hija que nunca tendremos
la que deseabas llamar con mi nombre
o el tuyo
aunque en realidad ninguno parecía suficiente
ni todo lo hermoso
ni todo lo grande
para ella.
el animal muerto
—como todas las cosas rotas—
fue a buscar refugio en los rincones de la casa.
lo amaestraste con pan y framboyanes
pedazos de la niña
que arrojamos a la eternidad
con tu nombre y el mío atado a los tobillos.

II

para morder la eternidad
unimos los cordones de los zapatos.
una muchacha que besa a otra muchacha
no es más que la apología de la muerte
repetida apología
del tiempo.
miraba los rincones de tu historia
mientras el cordón de mis zapatos
luchaba por abrir las manos
desligarse del vientre de dios
hermoso en su concepto de esquirla.
una muchacha que ama a otra muchacha
no puede hablar sobre framboyanes
ni siquiera atreverse
a decir que duele el corazón de dios
roto en diez pedazos de vidrio:
garganta abajo
silencio abajo
la ciudad teñida de niebla.

III

el arsenal de la nada
abrió sus cuencas rojas
las de la yegua ciega despeñándose
colina abajo.
te buscaba. me buscaba.
vivimos solas y felices
durante dos meses que parecieron
agujeros infinitos.
vivimos solas y felices
hasta que el árbol comenzó a descubrir
las hojas congeladas:

menos nueve grados y bajando
menos quince grados y bajando
menos treinta grados.

en la quietud de la nieve
una osezna caminó entre nosotras.
la adoptamos.
fue nuestra hija durante seis meses.
a veces la llamábamos por tu nombre
a veces por el mío.
un día amaneció muerta
congelada entre nuestros senos.
de nada valió alimentarla
ni decirle cosita, animal, hija querida.

el fuego en la montaña quiere apagarse.
una muchacha frente a otra
solo puede amarrar los cordones de sus zapatos
luchar por conservar lo rojo
más allá de los rincones de la casa.
pero los cordones siempre se enredan
y la niebla
brota
justo del horcón central
que conserva el equilibrio
entre las especies extinguidas.

Pliegues

crecen pastizales bajo los pies de la catedral.
los adoquines trenzan las cuestiones del tiempo:
aquí estamos quienes sobrevivimos
a las escenas del primer amor y la primera muerte.
si este es el origen del hambre
podemos hacer virtud de la epidemia
de los pastizales salidos sabe dios dónde.
aquí estamos los entrópicos
con nuestras propiedades específicas para sobrevivir
animales a punto de conocer los latigazos.
más allá el agua abre su garganta para todos.
la ciudad se engalana con las válvulas de sus habitantes.
la ciudad viste con el radio/el cobre/el potasio/los metales pesados
de la extinción.
es nuestro derecho: mirar de izquierda a derecha        una vez y otra
sostener el equilibrio de este mundo llamado casa.
nadie cree en nosotros. nosotros tampoco creemos en ellos.
deslizarse es la mejor opción de todas.
puede que encontremos el tronco/el adoquín/la paciencia de los viejos parques
cubiertos de matojos y de escaras.

después de respirar viene la asfixia:

en la pradera sale el sol.

 

 
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Publicado por en junio 6, 2016 en Cráneos, Cuba, Poetas de los 90's

 

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Cráneo#116: Juan Manuel Corbera

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Juan Manuel Corbera (Lima, Perú, 1993)

Narrador y poeta. Concebido, nacido y criado entre la sinérgica unión de la metrópoli y las playas limeñas. Hace unos años vive y sobrevive en Buenos Aires. Estudia la carrera de Letras en la UBA. Publica y edita colectivamente con la revista ESTA! de la facultad de Filosofía y Letras. Desempeña el puesto de Jefe de redacción del blog Escrituras Indie. Publicó la plaqueta El exiliado (Merodeo Ediciones, 2015) de poesía narrativa con colaboración fotográfica. Recita en vivo. Primer ganador del Slam 480 en el CC. El Umbral.



Momento humano

             Cuerpos, llagados, en fricción, en peligro. Ardor, sinuoso, reptando, trepidante, dentro, encerrándolo. Jadeos, estremecimientos; silencios, inquietos, partiéndose, estallando: incontenibles. Palpitaciones, convulsas, palpables, exteriores. Mareo. Expansión. Poder. Existiendo, creciendo, grave. Escapando, de la carne, pesado, gigante, cósmico. Sudando, atemporal, creyendo ver, otra piel. Galopan, torrentes, ambiguos, a su centro, arrollándose, llenándolo, de sangre. Deseo. Violencia. Lo saben, es real. Otra piel, enloqueciendo, tímida, excedida, poseída, confundida, en el éxtasis. Dispone de él, mil veces más fuerte. Acalorando, una y otra vez, otro sexo, el poder se permite fugar. (…) Sin entenderlo, dos mortales yacen desnudos, exhaustos, satisfechos; siendo uno, devastado, y solo.

 

 

 

 

 

El encuentro

Yo soy el veneno,
el hacedor de bajezas
el sincero portador de destrozos.
Tú, el dolor, las lágrimas,
la convulsión, el trueno,
la hermosa opresora,
la muerte.

Yo, lo que quedó del mar,
lo que le faltó a la madrugada,
la puerta cerrada.
Tú, una calma que desespera,
un freno que hiere,
un desenfreno que violenta.

Los días, que la tempestad no arrasa,
que la tormenta no silencia,
los días, que no nos limitan,
los días, que tanto nos separan.

Aquel antiguo brío que nos sostenía,
que se perdía, se esfumaba,
esa ausencia que nos espantaba,
esa falta que marcaba el paso,
que marchaba al sol,
que no nos dejaba cerrar los ojos,
que con ritmo nos recordaba
su propio orden,
su autoridad implacable.

No sé si era una cárcel
nunca he estado en una.
¿Tú me dirás si así se siente
estar tan encerrado y solo?
¿O callaré la infame pregunta,
y permitiré
que el encuentro la responda?

 

 

 

 

 

El informe del maquinista

 

Se enciende la máquina,
la que me hace apretar los dientes,
sudar angustia por cada uno de mis poros,
temblar de frío insomne.

Se enciende la máquina,
me ataca con exigencias imposibles,
reproches en palabras desmedidas,
silogismos que no aceptan debate,
bandadas de miradas y mentiras
que buscan agotarme, asolarme.

Se enciende la máquina,
significa que algo por dentro quiere estallar,
(ya mismo)
que el sistema entero no puede contener más dolor
así que lo fuga en mí.

Se enciende la máquina,
la conozco muy bien,
el procedimiento es evitar la combustión
bajar la temperatura con paciencia
y muchos años de cariño.

Se enciende la máquina,
a veces no sé cómo controlarla,
y me he equivocado al tocar sus motores,
tengo heridas que lo demuestran
pero no me gusta que otros las vean.

Se enciende la máquina,
está enloquecida, desaforada,
alerta negra, protocolo de emergencia,
apagar todas las luces e irse.

Se enciende la máquina,
pareciera que no entendí bien su funcionamiento
o que este puesto es demasiado peligroso,
pues de nuevo estoy aquí
evitando que todo explote.

Se enciende la máquina
y reflexiono sobre mi lugar en su sistema,
cuántas cosas dependen de mi labor
y cuánto dependo yo del sistema.

Se enciende la máquina,
no la culpo,
no siempre se enciende por placer
y sé que si pudiera,
preferiría no encenderse.

Se enciende la máquina,
nunca le podré decir que se detenga,
es un reflejo íntimo de su naturaleza;
y además, no sé si quiero que lo haga,
detenerse, dejar de necesitarme.

Se enciende la máquina,
se enciende la máquina,
otra
vez.

 
 

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