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Cráneo #117: Elaine Vilar Madruga

06 Jun

 

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Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989).

Narradora, poeta y dramaturga. Licenciada en Arte Teatral, especialidad Dramaturgia por el Instituto Superior de Arte (ISA). Miembro de la AHS. Ganadora de diversos premios nacionales e internacionales. Su obra ha sido editada en antologías a lo largo del mundo.

Ha publicado la novela Al límite de los Olivos, Editorial Extramuros 2009; La hembra alfa, Editorial Letras Cubanas 2013; Promesas de la Tierra Rota, Editorial Gente Nueva, año 2013; Salomé, Casa Editorial Abril, 2013; Dime, bruja que destellas, Casa Editorial Abril, 2013; Alter Medea, Antares Publishing House of Spanish Culture, Canadá 2014; De caballeros y dragones, Ediciones La Luz 2014, Framboyán, Ediciones La Luz 2014; Soy la abuela que vuela, Ediciones Unión 2014; El árbol de los gatos, Metec Alegre Edizioni, Italia, 2015 y Bestia, Lugar Común Editorial, Canadá, 2015; Los arcos del norte (cuento), Editorial Gente Nueva, 2015; Carmen, la gitana del amor, (literatura juvenil, escrita en colaboración con Enrique Pérez Díaz), Editorial Gente Nueva, 2015; Escudo de todas las cabezas (poesía), Ediciones Loynaz, 2015; Hentai (teatro), Ediciones Loynaz, 2015; Culto de acoplamiento (cuento), Editorial José Martí, 2015; Las criaturas del silencio (poesía infantil), Editorial Sanlope, 2015 y Canto de cisne (poesía), Editorial Voces de Hoy, Miami, Estados Unidos, 2016.

También ha compilado y prologado Axis Mundi: antología de cuentos cubanos de fantasía, Editorial Gente Nueva 2012 e Hijos de Korad: antología del taller literario Espacio Abierto, Editorial Gente Nueva, año 2013.



Dragado

“En todas esas historias el héroe
está más allá de sí mismo…”
Robert Creeley

A mi vieja ciudad de siempre

 

no lo sabes: el tercer ojo de dios abre su párpado
para mirar lo que queda de la ciudad
convertida en bandera
signo de un tiempo por venir          árbol tutelar.
sus calles cuelgan en la memoria de la memoria,
raíz de vidrio que escarba eternidad adentro.
desde el muro
contemplar al mar es en apariencia muy fácil
si se olvida el soplo de la mandrágora
la tarde aquella
en que pateamos adoquines y boliches.
lo que arde en el fondo de todo
no son los gritos que abandonamos como perros
en una cuartería del mundo.
vale más fingir reminiscencias
un vocablo en                   sánscrito tu historia
hecha mía ya por la costumbre
pero que duerma el monstruo        la mujer con tres ojos
que finge mirar al mar y sus escaras
el temblor de la bandera sumergida en petróleo.

Las montañas de la extinción

“No se puede soldar un Abismo
Con Aire.”
Emily Dickinson

I

el animal muerto
—como todas las cosas rotas—
entre nosotras dos.
abría sus párpados
para vernos más allá del grito.
era la niebla roja
del día que nunca llegaría
la canción del cisne muerto a pedradas
en una de las esquinas
de la que fue nuestra casa.
pensabas en la hija que nunca tendremos
la que deseabas llamar con mi nombre
o el tuyo
aunque en realidad ninguno parecía suficiente
ni todo lo hermoso
ni todo lo grande
para ella.
el animal muerto
—como todas las cosas rotas—
fue a buscar refugio en los rincones de la casa.
lo amaestraste con pan y framboyanes
pedazos de la niña
que arrojamos a la eternidad
con tu nombre y el mío atado a los tobillos.

II

para morder la eternidad
unimos los cordones de los zapatos.
una muchacha que besa a otra muchacha
no es más que la apología de la muerte
repetida apología
del tiempo.
miraba los rincones de tu historia
mientras el cordón de mis zapatos
luchaba por abrir las manos
desligarse del vientre de dios
hermoso en su concepto de esquirla.
una muchacha que ama a otra muchacha
no puede hablar sobre framboyanes
ni siquiera atreverse
a decir que duele el corazón de dios
roto en diez pedazos de vidrio:
garganta abajo
silencio abajo
la ciudad teñida de niebla.

III

el arsenal de la nada
abrió sus cuencas rojas
las de la yegua ciega despeñándose
colina abajo.
te buscaba. me buscaba.
vivimos solas y felices
durante dos meses que parecieron
agujeros infinitos.
vivimos solas y felices
hasta que el árbol comenzó a descubrir
las hojas congeladas:

menos nueve grados y bajando
menos quince grados y bajando
menos treinta grados.

en la quietud de la nieve
una osezna caminó entre nosotras.
la adoptamos.
fue nuestra hija durante seis meses.
a veces la llamábamos por tu nombre
a veces por el mío.
un día amaneció muerta
congelada entre nuestros senos.
de nada valió alimentarla
ni decirle cosita, animal, hija querida.

el fuego en la montaña quiere apagarse.
una muchacha frente a otra
solo puede amarrar los cordones de sus zapatos
luchar por conservar lo rojo
más allá de los rincones de la casa.
pero los cordones siempre se enredan
y la niebla
brota
justo del horcón central
que conserva el equilibrio
entre las especies extinguidas.

Pliegues

crecen pastizales bajo los pies de la catedral.
los adoquines trenzan las cuestiones del tiempo:
aquí estamos quienes sobrevivimos
a las escenas del primer amor y la primera muerte.
si este es el origen del hambre
podemos hacer virtud de la epidemia
de los pastizales salidos sabe dios dónde.
aquí estamos los entrópicos
con nuestras propiedades específicas para sobrevivir
animales a punto de conocer los latigazos.
más allá el agua abre su garganta para todos.
la ciudad se engalana con las válvulas de sus habitantes.
la ciudad viste con el radio/el cobre/el potasio/los metales pesados
de la extinción.
es nuestro derecho: mirar de izquierda a derecha        una vez y otra
sostener el equilibrio de este mundo llamado casa.
nadie cree en nosotros. nosotros tampoco creemos en ellos.
deslizarse es la mejor opción de todas.
puede que encontremos el tronco/el adoquín/la paciencia de los viejos parques
cubiertos de matojos y de escaras.

después de respirar viene la asfixia:

en la pradera sale el sol.

 

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1 comentario

Publicado por en junio 6, 2016 en Cráneos, Cuba, Poetas de los 90's

 

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Una respuesta a “Cráneo #117: Elaine Vilar Madruga

  1. Milho Montenegro

    junio 7, 2016 at 8:23 pm

    Versos conmovedores, repletos de nostalgia y desgarramiento, poemas para sobrevivir mas alla de los latigazos, de la garganta del agua, de la extincion. Poesia viva.

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