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Archivos Mensuales: agosto 2016

Cráneo #136: Álvaro Guijarro

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Álvaro Guijarro (Madrid, España, 1990)

 

Tras una adolescencia en fuga viajando excesivamente gracias a que su madre fue azafata de vuelo y tiene un padre preocupado pero paradójicamente permisivo, a los dieciocho años entró en la Universidad Complutense a estudiar Filosofía, con la clara vocación de convertirse en escritor. Al tercer año, abandonó la carrera para estudiar cine en la Escuela Metrópolis y después fotografía -pasión que le acompañaba desde antiguo, laboratorio y luz roja mediante- en la Escuela TAI, donde acaba de ultimar un Máster en Fotografía Editorial y Fotoperiodismo, y donde ha realizado varias exposiciones colectivas, una de ellas dentro del marco de PHE 2015.

En el ámbito de la poesía, es autor de los libros: “Tránsit0” (Chiado Editorial, 2011), “Colorofilia” (autopublicado en Internet, 2012), “La postpunk amante de Tiresias” (Canalla Ediciones, 2013), “María Eugenia” (Chiado Editorial, 2015) y “Siglo XXIII” (inédito, 2015); y ha participado en diversas antologías tanto a nivel nacional como internacional como “Tenían veinte años y estaban locos” (El Gaviero Ediciones, 2011) o “Los poetas de la senda” (Ópera Prima, 2014).

www.pangeapangeapangea.blogspot.com

www.alvaroguijarrophotography.com



 

Texto inédito

 

RECADO Nº 1: Ser, durante al menos ocho horas, cómplice del mundo.

RECADO Nº 2: Enamorarme real, ideal o indefinidamente, de quince a cuatrocientas veces, ya sea de memoria, en pelota picada o desde un tejado.

RECADO Nº 3: Comprar/robar postales marítimo-paradisíacas de suvenir. Encontrar una pescadería común. Esperar a que el pescadero-carcelero se despiste cobrando a algún cliente para entonces ¡chas!, colocar cada postal bajo cada panza de cada sepia, cada dorada, cangrejo o tiburón, y abandonar la pescadería con aires de libertador.

RECADO Nº 4: Acudir a unos grandes almacenes. Ir directamente a la sección de comestibles. Arrancar de los mostradores una tripla de latitas de conserva. Ir después, con las latitas bajo la camiseta, al apartado de deportes. Buscar pelotas de tenis pack de tres. Detectarlas. Sentar los tubos en el suelo. Introducir las latitas de maíz, guisantes y menestra básica en el vacío de las pelotas. Esconder el tenis entre los dedos, sobre las orejas, y retroceder de nuevo hasta la sección de alimentación. Colocar las tres pelotitas en el espacio de las latas de conserva. Coger las escaleras mecánicas dirección moda joven. Sentir, mientras subo, que el estado de cosas se ha visto alterado.

RECADO Nº 5: Batallar dialécticamente con una farola. Situarme primero a favor y después en contra del día y la noche. Soltarle un par de chistes. Dejarnos, por nosotras mismos, ser invitados a una cerveza. Y despedirnos, ya anotadas ambas direcciones, como dos luces perfectas, como dos flashes de yo bien ebrias navegando impuramente a fase REM.

RECADO Nº 6: Allanar la llanura. Brillar el brillo. Vestir el vestido. Buscar la búsqueda. Cantar el canto. Cocinar la cocina. Llorar la lágrima. Verbar el verbo. Abandonar la casa. Quemar el Infierno. Rizar el rizo, en esencia.

RECADO Nº 7: Camelar a algún profesor insigne de antropología turno de mañana a previamente confesión de horario. Amablemente pedirle Déjeme dar hoy su clase. Recibir No casi sonrisa, educado, casi seriedad. Pasar al plan B. Hacer como si nada, No te preocupes, y cuando tire hacia el baño depositar laxante en café suyo hasta dar y lo siento ya sí nosotros, la clase, disculpándonos frente a nuestro alumnado Somos sus hijos, sus apuntes, sus papeles, su fruto de misión.

RECADO Nº 8: Migrar lo antes posible, y constantemente. No estar nunca sentado más de diez minutos y, si no hay más remedio, creer que no se está sentado, sino de pie, corriendo o haciendo girar una peonza. Migrar, transmigrar, submigrar…: cualquier derivación es válida. No estar fijo. Estar en viaje. Movimiento. Siempre.

RECADO Nº 9: Amar. Volar. Estornudar. Gozar. Bailar. Tiritar. Perdonar. Emocionar. Reír. Cantar. Silbar. Vivir. Presentir. Vivir. Besar. Vivir. Respirar. Morir. Mutar. Observar. Penetrar. Comer. Soñar. Acariciar. Olfatear. Escribir. Resucitar. Tontear. Fumarme un cigarrillo.

RECADO Nº 10: Elaborar la lista de pecados, digo recados, para mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARAÍSO PERDIDO

 

Faltan una media de quinientos pianos
y quince mil veinte dosis de remedios
contra el éxtasis de la procrastinación,
listado infinito de tropicales lluvias cuyos mosquitos
harían despertar al espíritu
hasta deslucir la cárcel del ensimismamiento
colocando,
por ejemplo, fresas en el escritorio del joven escriba
o botes de cristal de tinta egipcia
en el estómago de las bombillas
que dan luz al lago de columnas
donde un dios egoísta robó la sensibilidad a un niño
para exportar chupetes a Rusia
y queso de reptiles a las fronteras de Bután,
todo un arreglo sencillo
donde el tabaco juega un papel de relevancia máxima
porque ¿quién no adora su tiempo?,
¿quién no trata de hallar la libertad
esperando al autobús
o pidiendo 200 gramos de azafrán
en el mercado por el que cada vez las lágrimas aceptan
el cambio generacional,
el libro sin amarillear ni aun estando al sol del sol lunar,
la lolita efímera-efímera de turno
y el neón en lugar de la vela sola,
su acento para la exaltación y toda esa serie
de psicológicos efectos
que no vienen en las muestras de crema de las revistas
ni en los duty free que preludian los aviones?

He hablado de un niño:
¿os
habéis
fijado?…

 

 

de “Siglo XXIII”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTANGIBLE

 

 

Imagino una tienda de libros antiguos y sin precio,

enredaderas en vez de anclas

para estampar el odio estético de los portaaviones

y muros en lugar de espejos

cuando se escucha taponada la música en el baño

de un mundo donde el mérito

crezca a raudales de entre las musas y los museos

y la lección de ayer sea de hoy,

para que los sofás sean trampolines y el invierno

la pauta del mayor romanticismo

en esta nuestra época de duelo, pavor y suicidios

por no oír la carta de postres

e introducir el pelo todo entero en un estampado

donde prime el rubí y el óleo

por encima de la alcantarilla y su triste ensoñación,

a no ser que la virtud se expanda

y crezcan palacios de los ojos y huesos del calor

o una banda de narcotraficantes

atienda a la íntima plegaria de las flores infantiles

escondiendo el oscuro su pistola

para invitar a café a la casera de su alto estandarte

siendo ya inútil toda reputación,

para que vuelva el inocente pecado de la palabra

y los teléfonos se cortocircuiten

porque un rayo vuelve a ser una serpiente metafísica

en el cielo que siempre será todo

un espectáculo radiante para los iluminados monjes

pero también para aquella mujer

y aquel hombre comunes que, mientras los deseos,

expandiéndose por los altares

de las aventuras exquisitas y las terroríficas historias,

duermen en su alquiler movible,

creyendo creer creer creer que nada tienen que decir.

 

 

 

 

 

 

de Siglo XXIII (inédito, 2015)

 

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Cráneo #135: Marianne Bautista

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Marianne Bautista (México, 1995)

Estudiante de arquitectura en la UAEH. Editora de la revista Metascopios. Textos suyos aparecen en diversas revistas, entre ellas ERRR Magazine, Digo.Palabra.TXT., Tierra Adentro y A buen puerto. Expele el humo de las grandes ciudades, lleva el cabello azul eléctrico y no espera que las mariposas se muevan en su estómago por nadie.



 

E L   V I C I O   D E L   E S P A C I O – T I E M P O

 

 

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Uno crece creyendo que el vacío es un espacio vacío hasta que aprende a llenarlo, rellenarlo u olvidarlo; con el tiempo, se aprende a visualizar el espacio de distintas maneras y es así como nos llenamos de vacíos. Tenemos vacíos en la memoria: olvidamos cómo aprendimos a hacer tantas cosas que ahora nos parecen burdas. Vacíos en el cuerpo: estamos llenos de agujeros y queremos llenarlos todos, nos armamos de vicios, nos volvemos cómplices del consumismo, la comida, el sexo, la cocaína, los laxantes y la música se han vuelto comunes. Vacíos en el alma: algunos aseguran no tenerla y esto se vuelve un vacío más.

La insaciable necesidad de estar llenos, no completos, no enteros: llenos. ¿Llenos de qué?

Hace tiempo que dejamos de crecer, pero seguimos creyendo que el espacio es un sitio vacío. El espacio puede no ser cualquier cosa imaginable o no, podemos construir en él un edificio lleno de nuevos espacios tan grandes o pequeños como el ojo habitante quiera verlo; podemos reutilizar un espacio olvidado y comenzar a aprehenderlo. Si entendemos que vivimos dentro de uno y ocupamos otro mucho más grande del que necesitamos, sabremos cuál es nuestro sitio.

homogéneo, continuo, tridimensional e ilimitado

 

 

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He tomado mi navío decidida a naufragar en tus manos, las que me han reconstruido el alma. La vista aquí es maravillosa y mira que el universo se ha quedado sin estrellas porque se han escondido tras el par de hoyos negros que llevas puestos por ojos. Desde que te conocí no he dejado de pensar en el vicio del espacio-tiempo ni en desenterrarme los cuchillos que alguien más me incrustó. Mi navío tiene un nuevo nombre y todavía no logro descifrar el tuyo; llevas la simpleza de lo complicado a lugares imaginarios, tomas el timón del barco que creía olvidado en costa Melancolía y luego me avientas al mar.

Te he visto llorar al atardecer: un millón de estrellas rodaron por tus mejillas, el colchón adoptó una nueva constelación y todavía no sé cómo nombrarle. Llevas puesto el abrazo infinito, los besos más cálidos y las palabras más sabias, tu nombre entero tiene más de trescientos cuarenta y cuatro caracteres, pero tú no sabes eso todavía.

D  X  M

Comencemos por hablar de cosas absurdas, déjame ponerte atención para luego perderme en tus palabras porque mi cerebro está nadando en dextrometorfano y en lo único que pienso es en girar. Te estoy hablando de otro chico. Hay una canasta de básquet arriba de nosotros por si no lo habías notado; tres puntos al que meta la luna llena en el aro. Creo que no recuerdo cómo llegar a casa, ¿Quieres una hamburguesa? Creo que no lo estoy logrando.

Deja de cantar cosas que nunca pondrías en tu cuenta de twitter. Hace frío, aquí siempre hace frío no sé qué te sorprende. Tú dices que el mareo es algo normal después de medio frasco así que optaré por creerlo. No quiero caminar, no veo bien de noche y hace mucho que no venía para acá. Si muero tendrías la culpa porque llevo tu chamarra puesta con la cartera en el bolsillo. ¿Tienes novia? No quiero morir ahora.

Qué ridículo te ves bailando solo. Ni siquiera puedo encender un cigarro porque dices que no se lleva bien con el DXM. Yo sigo optando por creerte. No puedo seguir las líneas discontinuas del pavimento si no estás frente a mí, es complicado caminar de espaldas. ¿Esto sigue siendo normal? Estamos haciendo esto complicado y hacemos como que no pasa nada. (hashtag yolo).

No quiero saber de ella ni de sus lágrimas sobre el puff, en realidad no quiero saber nada del mundo ahora. Ven, arrasemos con una ciudad entera. El sabor cereza sintética en mi boca dice que estoy perdiendo la razón, pero no puedo recordar si compre eso en la farmacia. Tomemos un taxi que sepa llegar hasta mi casa. Mira allí, la casa roja es mía, ese es mi color favorito y el del frasco con dextrometorfano también. ¿Por qué besas mi frente? Yo también me divertí, no sé si quiero verte pronto.

Ya es miércoles, esta vez podemos ir a un lugar con menos tiempo, se está acabando el xanax.

 

 
 

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Cráneo #134: Edison Navarro Cansino

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Edison Navarro Cansino (Cotacachi – Ecuador, 1983)

Escritor y Comunicador Social. Ha publicado los libros “Umbilikal” (Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Imbabura 2011), DES-HABITADO (Jaguar Editorial 2012) y otro par por ahí. Ha dejado que el tiempo pase como burócrata mientras maduran los quesos y vuelven los perros. A ver si un día llegan.
Fin de la conversación



Mi tos es emocional

(De: Perros de Niebla)

 

 

 

 

Había que darse un motivo:

justificar la cuerda con la que tracé la distancia de la luz,

sudar por la herida roca por roca la casa gris del suburbio;

imaginar que  alguien comía por nuestra boca la fe que faltaba,

mientras  nosotros NO comíamos, amor.

 

Había que  escapar sin despertar a los perros,

evitar que vaya  tras de ti la jauría,

pero la inutilidad de mi carne es inherente a mi condición humana,

desperté al enemigo que me habita

y otra vez  soy animal que odia el silencio.

Pertenezco a esa raza maldita de la ira, que llora de impotencia

 

Irse no es fácil

se es animal derretido en la arena

o piedra que tropieza y levanta.

No hay elección

es terrible tanto amor porque igual será el odio

 

Tenía tres años mi infancia cuando aprendí a escapar,

encontré un techo  en la herida que mató a mi abuelo

ahí chorreó mi ADN, mi mapa genético, mi árbol genealógico;

a borbotones escapé antes de la rabia de mis ancestros

sobre el mármol

 

No es excusa, me fui porque soy un niño enfermo,

irse no es fácil,

se necesita algo de valor para pararse frente al reloj ,

llorar cuando amanece

 

Había que inventar un motivo:

No estoy sano amor, le temo a la ceniza en mis pulmones,

a la manía que tiene la gente con el cariño,

Entonces comprendí que mi incapacidad para estar

nace tras los árboles, en la sombra que escapa

a la hora precisa y con miedo,

cuando es tarde para anclarse a la raíz

abordar un transatlántico

y perderse enfermo en medio de tanta vida.

 

 

 

 

 

 

 

1

(De: Des-Habitado)

 

Somos la distancia entre desaparecidos

esa suma brutal de pájaros inertes

donde llueven estacas,

o rifles disparando dedos

 

Abrimos el telón para iniciar este teatro de pulgas,

desalojo de cuerpos que no caben en el pecho,

somos una fosa común

el zumbido de una mosca que devora pupilas,

alguna botella de huesos.

 

Sumamos lo mismo que un enfermo

a las filas de esta marcha de encías

donde se arrincona un perro

 

Somos un ábaco de dientes

cálculo de cruces

para llorar al feto en la ventana

 

 

el que ahora SOY.

 

 

 

 

 

 

 

 

La Guarida

(De: Perros de Niebla)

 

“Después de todo recuerdo
que había un niño de tan redonda ternura como si
una lágrima ardiente de plomo
hubiera caído en mi mano”

Zbigniew Herbert

 

Esta es la guarida,

aquí el oro es polvo en la ventana

es decir no vale nada;

en esta habitación,

la risa  gotea desde el techo y rompe la mesa

cada vez que llega el pan,

pero ese no es mi dolor,

de nada sirve el pan

si el frío que entra por esa hendija

tiene más dientes que mi boca;

mi dolor es otro,

nace en la medula de tu dedo encendiendo el tocadiscos;

está en la prehistoria, en el polvo de la armónica

que suena despertando el tiempo de la carne

 

Ahora se que querías escapar

disculpa padre, en ese momento no entendía  Mr. Tambourine man,

rompí tus discos de Bob Dylan

y con la misma ternura de un avión que se estrella

besaste mi frente,

no podías hacer mas

lo se porque soy tu plegaria

y asistí al entierro de tus brazos

donde lloraste el valor que te quedaba

 

Sabías que el fuego te acosaba y quemaría la piel de tus hijos

por eso te sentaste tardes enteras a esconder el carbón

a descoser de tus fotos la luz de la hoguera;

pero padre, la espiral del árbol se repite,

lo sé por que heredé este cuerpo en llamas

 

Querías escapar mientras durara la aguja sobre el vinilo

esconderte en la caverna que encontraste bajo la cama

y apuñalar  el retrato de tu padre, que ahora eres tú, que seré yo;

querías encerrar en el acero los vestigio de la ira

pero la sangre te lo impidió,

conociste ahí el animal que te asusta

 

Padre, Mr. Tambourine man está aquí por nosotros

Sabe que no podemos ver el futuro

nos robaron la fe que tienen otros hombres para abrazarse,

he ahí el  desierto, el desarraigo.

 

Padre, ponte el abrigo y ven abrazando tu dolor

el perfume de la estirpe que es barranco

nace hoy en el filo de mi daga

y penetra la piel del destino.

Los pantalones que cubrieron tu niñez

no son tu culpa

quien iba a saber que tus piernas jamás crecerían.

 

Arrástrate padre, piensa por tu bien que has triunfado

pide a los hombres que enfrentaron el silencio

que canten los colores de la arena,

el plantón oscuro que gira,

la canción que no suena sino en tu llanto.

 

 

 

 
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Publicado por en agosto 22, 2016 en Cráneos, Ecuador

 

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Cráneo #133: Fernando Escobar Páez

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Fernando Escobar Páez (Quito, Ecuador, 1982)

TRAYECTORIA DELICTIVA

Escritor y periodista. Cuidador y rescatista de gatos. Devoto seguidor del Barcelona Sporting Club y de El Monstruo del Espagueti Volador. Actualmente está trabajando un libro de periodismo rock sobre Mamá Vudú, banda emblemática del movimiento rockero independiente del Ecuador.

Su obra poética ha sido traducida parcialmente al inglés, alemán, portugués y francés. Colabora regularmente con varios medios impresos en las secciones de cultura y política.

Ha publicado los poemarios “Los Ganadores y Yo” (2006), “Escúpeme en la verga” (2013) y el libro de microrelatos “Miss O’ginia” (2011), el cual va por su cuarta edición.

Textos suyos constan en una veintena de antologías de poesía y crónica periodística, tanto en Ecuador como en el extranjero.



 

DESECHABLES

 

Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios,

 dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos,

 lo que hace que estemos muy cabreados.

-CHUCK PALAHNIUK-

 

 

Como el condón nuevo que me puse

cuando no se me paró bien la verga

pero igual hedía

o las cintas y medallas

que mi madre colecciona

para no recordar

el desempleo crónico

del que fue mejor alumno del curso doce años seguidos

revistas porno ochenteras

que mi padre no bota

porque todavía tiene sueños.

Ponerse la camiseta del equipo de fútbol

justo el día que pierde el invicto

con autogol del héroe de la infancia.

Poemas malos que hice

porque la chica de la que me enamoré

prefiere que escriba sobre el ano de Las Otras.

(jamás sus ojos)

Más feo que gárgola de iglesia pobre

o año viejo sin camareta,

el vecino de la tienda

me fía la mitad de lo que necesito

igual, le agradezco

pudo ser peor, como

Vicky, la “niña maravilla” de la tele

hoy vive en un remolque.

Fingir voz de robot no le sirvió de mucho

cuando quiso incursionar en films tres equis.

 

Pero no todo va tan mal:

El tipo del shawarma donde me embriago lunes en la mañana

es mi amigo.

Me deja comer con las manos, usar el baño

y no apaga la radio

cuando estoy llorando.

 

 

 

 

 

 

 

 

TU RETORNO CON ALIENTO A PELUCHE, BIBERÓN Y VERGA AJENA

 

 

Ella disfrutaba de la vida, o por lo menos eso parecía. Más tarde aquello no significaría mucho para mí, me refiero a su excitación y a su feliz relación ante la vida, de alguna manera me acabaría irritando, dejándome sin ningún sentimiento. Ni siquiera me aburriría.

-CHARLES BUKOWSKI-

 

 

Te dejo con tu novio

ese que te tiene en casa

conectada al facebook

las noches de miércoles

jueves

viernes

sábado

y domingo

cuando yo meo en las esquinas

porque mi pusher se demora demasiado.

 

Este lunes temprano

Mientras El gana dinero

-tu novio, no el vago de mi pusher

te escribo para contarte

que desayuné porno de chicas ojiverdes

con harta cerveza helada.

¡Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo!

tres, si contamos el escribirte

¡y cuatro!…si también vale el desearte Lo Mejor:

 

Que tus calzoncitos sean cada vez más grandes

de tanto hijito de Señor novio que tengas.

 

Aclaro que no es que quiero verte obesa

…simplemente te prefiero ocupada

con aliento a peluche

biberón

y verga ajena

antes que volverte a ver.

 

 

 

 

 

 

 

 

CHIQUITO

 

Volverse loco es como no haber nacido

Y hasta es cómico:

Pasar del confinamiento del útero al confinamiento del manicomio.

 

-OSVALDO LAMBORGHINI-

 

 

Cada vez que escribo

me convierto en peor persona,

cuando no lo consigo

solo soy un fracasado inocente

añorando la mierda

que marca su frente,

mi sombra más puerca

donde solo la venganza me vuelve hermoso,

lo que no pude ser,

aplauso genérico

cuando me quejo

obedeciendo mi supuesta herencia judía

que –además de la nariz ganchuda-

justificaría mi proverbial culto a los muros

inutilidad para jugar al fútbol

temor al mar

y mi verga chiquita de tanta culpa

tanta pero tanta tanta

culpa

que solo es visible cuando le sonríe una pantalla,

todo un Alexander Portnoy pero posmoderno y más pajero todavía.

 

Madre, dile a esa puta que no me mande más fotos en tanga

que mis trabajadoras manos se estancan

de tanta tanga,

yo demasiado culpable para secarme bien

y no dejar pegajoso el teclado

que luego usarán padre, hermana y empleada

para mandar e-mails donde notifiquen

a los medios de comunicación

que ya mismo consigo trabajo honesto,

que mis treinta años no han sido tan fieros,

solo confusión y alcoholismo que no hace mucho daño

porque sigo siendo chiquito como un pene mal circuncidado,

tan chiquito

que no lastima

a nadie más que a mí mismo,

y que a veces hasta llevo dinero a la casa

con esa farsa de la literatura,

aunque pareciera que trabajo en ese shawarma

donde siempre me encuentran fumando lechuga

y con siete botellas menos,

las manos como servilleta vieja

llenas de ceniza y orines ajenos

como mi futuro

cuando al fin ustedes se decidan

a mandarme a la casita de la verga,

porque solo les presento chicas ebrias

a las que no siempre me culeo,

y a veces familia quisiera nietos

que no se parezcan a mí,

porque entre mi tío muerto y yo

nos hemos bebido mínimo tres ríos Jordan y un Mar Muerto

y mi primo va por el mismo camino.

 

¡Vergüenza!

¡vergüenza!

¡vergüenza!

en el vasito de cerveza

que me pego lunes en la mañana

porque si me quedo en casa

pongo en la compu la foto en tanga que me mandó esa pendejita que no me follé

y aunque me moje la verga,

no se me quita la sed del cráneo,

y que pereza hacer la tesis o buscar trabajo

cuando uno se siente tan chiquito y seco

como la cadena de pixeles rojos

que cubren ese pubis playero

que jamás oleré.

 

Mejor beberse la culpa

y bancarse la puteada de madre judía

cuando llegue ebrio y chiro

peor que egipcio en fiestas de Seth

a fingir que duermo y no siento

los paraísos muertos

donde yo tenía churos

y era el mejor alumno al que todos sus compañeros golpeaban,

pero que era admirado por su madre,

pese a que nunca escribió

un solo poema decente.

 

 

 

 

 

 

 

YO SOY LA REINA DE INGLATERRA

 

Cuentan que la reina Victoria de Inglaterra desvirgó su estilete forrado con piel de marta cibelina por un diplomático expulsado de un páramo yerto. Los historiadores también apuntan que dicho funcionario fue montado en un burro al revés y exhibido por la Plaza Murillo para deleite de los campesinos, quienes le obligaron a ingerir un cántaro de salitre congelado.

La reina descarga su mustélida arma sobre el mundo que creía conocer, planisferio de serpiente marina y diamante, con la certeza de que uno de Los Imperios Donde Nunca Se Pone El Sol ha sido arruinado por la mezquindad andina. La Soberana murmura: No longer exists, You no longer exists, bitch, Bolivia no longer exists. Bitch.

Trafalgar Square, La Hora Del Té, los cilicios y hasta sus impolutas bragas le recuerdan la impotencia de su fuerza naval –otrora gloria de La Corona– frente a ese país miserable, que no debería llamarse Bolivia, sino llevar Tu Nombre, pues las dos son desiertos gélidos y receptáculo de seres grotescos.

Por eso comprendo la irrisoria venganza de Su Alteza: nada más atroz que territorios y rostros que no conocen el mar.

 

 

 

 

 
 

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Cráneo #132: Román Villalobos

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Román Villalobos (Lagos de Moreno, México, 1991)

Licenciado en Humanidades con orientación en Letras por la Universidad de Guadalajara. Autor del libro de poesíaPequeña ciudad eléctrica (Ed. Montea, 2016), co-autor del poemario Pieza de paso(CULagos ed., 2015). Antologado en Un canto me demanda: memoria de poesía laguense (Ed. Papalotzi, 2011). Publicado en La Rabia del Axolotl, Enter Magazine, Tenían veinte años y estaban locos, New Spleen, La Cigarra, entre otros. Actualmente colabora como columnista en el proyecto virtual Hýbris y trabaja como productor en Radio Universidad de Guadalajara.



El psiquiatra no tiene consultorio propio

 

Te ves menos normal que lo normal.

La recepcionista tenía un temor a las oraciones distantes.

Vi a su hijo recorrer caras mías

tiradas en la sala.

Morder la planta venenosa,

un seno oculto en un pajar detrás del cenicero.

 

¿Y si tuvieras que decir un porcentaje?

Setenta y cinco por ciento. Y luego

el psiquiatra dijo que en la costa… [aquí algo sobre el calor].

Mi lengua había probado un seno

de leche bonita,

y veía niños que no eran mis hijos

con los ojos cerrados.

 

Cuando me marché no dije adiós a nadie.

En la TV una mujer miraba a la recepcionista

como ella en su reflejo

de puente, de río de piedras.

La pereza de pensar,

la hiedra en la puerta que me toca.

 

 

 

 

La casa, la aventura de la casa

 

dando algunas vueltas por el jardín ~

mi padre

se lleva a la casa dos plantas para cuando la tarde nos da por toda la cara ~

y mi madre habla en voz alta en muros vecinos ~

y mi madre no sabe las intenciones de mi padre

lejos con mis doce años ~

con el camino a cuestas ~

con el arroyo lejos de agua limpia ~

mi rostro

la quimera que echa un vistazo y me ve y huye y se hunde.

 

 

 

 

 

Previsiones para el sueño

 

17/03 noche de pensar en el futuro,

siempre un clavado en las albercas vacías;

las apuestas: voy a soñar con un gimnasio

y su clase de zumba resguardada por cobijas de elefantes

y tigres y leones; voy a soñar con mensajes de voz

desde una reunión por la literatura,

y no va a llegar ninguna de las palabras del fondo

a mi oído estrellado en las albercas vacías;

cuando despierte, habré soñado con aguas transparentes

a través de las raíces de un roble donde cuelga,

lejos de sí, un vestido de líneas paralelas

con el logo de una empresa de telefonía

a donde no serviría de nada llevar nuestros currículums.

 

 

 

 

 
 

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Cráneo #131: Andrea Rojas Vásquez

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Andrea Rojas Vásquez (Loja, Ecuador, 1993)

Escribe para ordenar lo que está desordenado adentro. No estudia ninguna carrera a fin a la literatura. Ha realizado publicaciones en Revista impresaLetra Fuego.Revista digital Bitácora de Vuelos, Revista digital El Humo y en el Blog Los giles no van al cielo. Realiza colaboraciones con Amazon, revista digital e impresa. Mantiene un blog personal. Forma parte de Revista Digital Lapsos.

Le gusta peinar mangos a chupetazos.



1.-All Toys

-Alltoys-

De cuando te vuelves un pendejo

imitando a los viejos.

 

Y vino el polvito blanco,

ycosquilleó tu cuerpo.

Abrazaste tu libro.

Yo fui un koala gris y abracé tu oscura melena de león.

Te leí un relato y dije: ya no escribo poemas

Las cucharas son pequeños hombres de plata sin brazos;

todavía como con las manos

porque no puedo comer en cabezas huecas.

Estás cosechando diabetes, dijiste

-Y tú, cosechando hierba.

Abrazaste tu libro

Ellos abrazaron tu nombre.

 Y tus nuevas “aspiraciones”

hicieron de tu nariz  un lugar más grande

que tu cabeza.

<<Estoy listo para el destroy

con todos los juguetes>>dijiste.

 

Pero nada hay más perverso que la inocencia.

 

 

 

Eras un niño

y te volviste un pendejo imitando a los viejos

Si un escritor fumaba,tú fumabas

Si un escritor bebía,tú bebías.

Eras un hilo ensartando

de aquí allá

-Extraño en tu propia tierra-

con un nudo de hambre.

Cuando dijeron que habías vuelto

quise abrazarte ati, no al libro ni al nombre

en lugar de eso me abracé a mí misma,

la lluvia caía con las luces apagas en un baño

 

<<Espero que tu vida sea luminosa>>

dije

Entoncesfui a  comprarte

flores.


Florecillas sangrantes

Pero

cuando

has huido,

cuando

han introducido

tu cabeza de nena buena

en el retrete

y tus respiraciones

son florecillas sangrantes

alrededor de tus orejas.

Cuando

te han quitado las bragas

diciéndote:

polvo eres y un buen polvo te dejarás  echar.

Cuando

no hay dios más real

que la lata de arvejas  que robaste

a la cual has decidido no soltar,

(porque te han abandonado y no quieres abandonar)

Cuando

No hay lenguaje

en que ocultarse.

Cuando estás gritando

pero dicen:

he aquí el poema,

abrámosle las piernas

al poema

porque

decirle puta es “belleza”

porque más-turbarse

es leche tibia para el oreo de la irrealidad.

-Ya no quiero escribir más-


No me digas “feminazi”  :´(

No me digas:

“feminazi”

Pero

no pude reir

cuando

leí el “poema” en donde

me llamabas prostituta mal follada.

Y tampoco pude reir

cuando escuché:

<<eres un hueco más>>

-No puedo amarte.-

No pude reir

cuando

preferiste

llamarme por mi nombre

para no etiquetarnos

para no caer en convencionalismos

“para ser libres”

Tampoco pude reir

cuando

tenía once años

y jugaba a ser la amante de un ebrio

que se excitaba con los videos de Barney

y cuya única predilección

era hacer en mi cuerpo

el onanista acto del no-amor

que me proclamara:

“mujer fatal”

No

puedo

reir.

 
 

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Honoris Cráneo #3: Euler Granda

EulerGranda



Euler Granda (Riobamba, Ecuador, 1935)

Poeta radicado en Quito, médico; su poesía se encuentra con las cosas de la vida cotidiana y alcanza un lirismo de profundo contenido social. Ha publicado entre otros libros de poesía: Voz desbordada. Quito, 1963; Etcétera, etcétera. Quito, 1965. El lado flaco. Quito, 1969; El cuerpo y los sucesos. Quito, 1969; Anotaciones del acabose. Quito, 1968; Ya paren de contar. Quito, 1991; Poemas con piel de oveja. Quito, 1993; Antología personal. Quito, 2005.



 

El Corazón  Bajo la Lluvia
“El Lado Flaco 1965”

 

Sólo la lluvia entiende
desde hace cuanto tiempo
está lloviendo.
Honradamente
ya no cabe tanta agua
en mi recuerdo

ni tanta lluvia cabe

entre la lluvia;

sin embargo

con la lluvia me vuelves.

Y de tus cosas me habla

la lengua. de la lluvia.

Al mediar una tarde

yo conocí tus manos

por la lluvia

y antes de ser tu voz

era la lluvia

y a ratos me llovias

como si nada más

existisse en el mundo,

pero la lluvia

solo es im regreso,

un párpado no más,

muriendo de agua,

una gotera sobre las palabras.

Empero ahora

de la mano regresas con la lluvia

v como todo contágiase de lluvia;

do oxidado el día,

de tu mismia cintura

bajo los peces muertos.

 

 

 

La advertencia

Un día
le regalan a uno
una palabra
y uno la pone al sol,
la alimenta,
la cría,
la enseña a ser bastón,
peldaño,
droga anticonceptiva,
garra,
analgésico,
brecha para el escape
o parapeto.
Uno le saca música,
la pinta,
la vuelve más pariente
que un hermano,
más que la axila de uno.
Uno la vuelve gente
y en los instantes débiles
hasta le cuenta
las cosas subterráneas de uno;
pero cría palabras
y un día te sacarán los ojos.

 

La droga

La más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.

 

 
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Publicado por en agosto 3, 2016 en Ecuador, Honoris Cráneo

 

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