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Cráneo #133: Fernando Escobar Páez

19 Ago

fer



 

Fernando Escobar Páez (Quito, Ecuador, 1982)

TRAYECTORIA DELICTIVA

Escritor y periodista. Cuidador y rescatista de gatos. Devoto seguidor del Barcelona Sporting Club y de El Monstruo del Espagueti Volador. Actualmente está trabajando un libro de periodismo rock sobre Mamá Vudú, banda emblemática del movimiento rockero independiente del Ecuador.

Su obra poética ha sido traducida parcialmente al inglés, alemán, portugués y francés. Colabora regularmente con varios medios impresos en las secciones de cultura y política.

Ha publicado los poemarios “Los Ganadores y Yo” (2006), “Escúpeme en la verga” (2013) y el libro de microrelatos “Miss O’ginia” (2011), el cual va por su cuarta edición.

Textos suyos constan en una veintena de antologías de poesía y crónica periodística, tanto en Ecuador como en el extranjero.



 

DESECHABLES

 

Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios,

 dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos,

 lo que hace que estemos muy cabreados.

-CHUCK PALAHNIUK-

 

 

Como el condón nuevo que me puse

cuando no se me paró bien la verga

pero igual hedía

o las cintas y medallas

que mi madre colecciona

para no recordar

el desempleo crónico

del que fue mejor alumno del curso doce años seguidos

revistas porno ochenteras

que mi padre no bota

porque todavía tiene sueños.

Ponerse la camiseta del equipo de fútbol

justo el día que pierde el invicto

con autogol del héroe de la infancia.

Poemas malos que hice

porque la chica de la que me enamoré

prefiere que escriba sobre el ano de Las Otras.

(jamás sus ojos)

Más feo que gárgola de iglesia pobre

o año viejo sin camareta,

el vecino de la tienda

me fía la mitad de lo que necesito

igual, le agradezco

pudo ser peor, como

Vicky, la “niña maravilla” de la tele

hoy vive en un remolque.

Fingir voz de robot no le sirvió de mucho

cuando quiso incursionar en films tres equis.

 

Pero no todo va tan mal:

El tipo del shawarma donde me embriago lunes en la mañana

es mi amigo.

Me deja comer con las manos, usar el baño

y no apaga la radio

cuando estoy llorando.

 

 

 

 

 

 

 

 

TU RETORNO CON ALIENTO A PELUCHE, BIBERÓN Y VERGA AJENA

 

 

Ella disfrutaba de la vida, o por lo menos eso parecía. Más tarde aquello no significaría mucho para mí, me refiero a su excitación y a su feliz relación ante la vida, de alguna manera me acabaría irritando, dejándome sin ningún sentimiento. Ni siquiera me aburriría.

-CHARLES BUKOWSKI-

 

 

Te dejo con tu novio

ese que te tiene en casa

conectada al facebook

las noches de miércoles

jueves

viernes

sábado

y domingo

cuando yo meo en las esquinas

porque mi pusher se demora demasiado.

 

Este lunes temprano

Mientras El gana dinero

-tu novio, no el vago de mi pusher

te escribo para contarte

que desayuné porno de chicas ojiverdes

con harta cerveza helada.

¡Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo!

tres, si contamos el escribirte

¡y cuatro!…si también vale el desearte Lo Mejor:

 

Que tus calzoncitos sean cada vez más grandes

de tanto hijito de Señor novio que tengas.

 

Aclaro que no es que quiero verte obesa

…simplemente te prefiero ocupada

con aliento a peluche

biberón

y verga ajena

antes que volverte a ver.

 

 

 

 

 

 

 

 

CHIQUITO

 

Volverse loco es como no haber nacido

Y hasta es cómico:

Pasar del confinamiento del útero al confinamiento del manicomio.

 

-OSVALDO LAMBORGHINI-

 

 

Cada vez que escribo

me convierto en peor persona,

cuando no lo consigo

solo soy un fracasado inocente

añorando la mierda

que marca su frente,

mi sombra más puerca

donde solo la venganza me vuelve hermoso,

lo que no pude ser,

aplauso genérico

cuando me quejo

obedeciendo mi supuesta herencia judía

que –además de la nariz ganchuda-

justificaría mi proverbial culto a los muros

inutilidad para jugar al fútbol

temor al mar

y mi verga chiquita de tanta culpa

tanta pero tanta tanta

culpa

que solo es visible cuando le sonríe una pantalla,

todo un Alexander Portnoy pero posmoderno y más pajero todavía.

 

Madre, dile a esa puta que no me mande más fotos en tanga

que mis trabajadoras manos se estancan

de tanta tanga,

yo demasiado culpable para secarme bien

y no dejar pegajoso el teclado

que luego usarán padre, hermana y empleada

para mandar e-mails donde notifiquen

a los medios de comunicación

que ya mismo consigo trabajo honesto,

que mis treinta años no han sido tan fieros,

solo confusión y alcoholismo que no hace mucho daño

porque sigo siendo chiquito como un pene mal circuncidado,

tan chiquito

que no lastima

a nadie más que a mí mismo,

y que a veces hasta llevo dinero a la casa

con esa farsa de la literatura,

aunque pareciera que trabajo en ese shawarma

donde siempre me encuentran fumando lechuga

y con siete botellas menos,

las manos como servilleta vieja

llenas de ceniza y orines ajenos

como mi futuro

cuando al fin ustedes se decidan

a mandarme a la casita de la verga,

porque solo les presento chicas ebrias

a las que no siempre me culeo,

y a veces familia quisiera nietos

que no se parezcan a mí,

porque entre mi tío muerto y yo

nos hemos bebido mínimo tres ríos Jordan y un Mar Muerto

y mi primo va por el mismo camino.

 

¡Vergüenza!

¡vergüenza!

¡vergüenza!

en el vasito de cerveza

que me pego lunes en la mañana

porque si me quedo en casa

pongo en la compu la foto en tanga que me mandó esa pendejita que no me follé

y aunque me moje la verga,

no se me quita la sed del cráneo,

y que pereza hacer la tesis o buscar trabajo

cuando uno se siente tan chiquito y seco

como la cadena de pixeles rojos

que cubren ese pubis playero

que jamás oleré.

 

Mejor beberse la culpa

y bancarse la puteada de madre judía

cuando llegue ebrio y chiro

peor que egipcio en fiestas de Seth

a fingir que duermo y no siento

los paraísos muertos

donde yo tenía churos

y era el mejor alumno al que todos sus compañeros golpeaban,

pero que era admirado por su madre,

pese a que nunca escribió

un solo poema decente.

 

 

 

 

 

 

 

YO SOY LA REINA DE INGLATERRA

 

Cuentan que la reina Victoria de Inglaterra desvirgó su estilete forrado con piel de marta cibelina por un diplomático expulsado de un páramo yerto. Los historiadores también apuntan que dicho funcionario fue montado en un burro al revés y exhibido por la Plaza Murillo para deleite de los campesinos, quienes le obligaron a ingerir un cántaro de salitre congelado.

La reina descarga su mustélida arma sobre el mundo que creía conocer, planisferio de serpiente marina y diamante, con la certeza de que uno de Los Imperios Donde Nunca Se Pone El Sol ha sido arruinado por la mezquindad andina. La Soberana murmura: No longer exists, You no longer exists, bitch, Bolivia no longer exists. Bitch.

Trafalgar Square, La Hora Del Té, los cilicios y hasta sus impolutas bragas le recuerdan la impotencia de su fuerza naval –otrora gloria de La Corona– frente a ese país miserable, que no debería llamarse Bolivia, sino llevar Tu Nombre, pues las dos son desiertos gélidos y receptáculo de seres grotescos.

Por eso comprendo la irrisoria venganza de Su Alteza: nada más atroz que territorios y rostros que no conocen el mar.

 

 

 

 

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