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Cráneo #135: Marianne Bautista

25 Ago

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Marianne Bautista (México, 1995)

Estudiante de arquitectura en la UAEH. Editora de la revista Metascopios. Textos suyos aparecen en diversas revistas, entre ellas ERRR Magazine, Digo.Palabra.TXT., Tierra Adentro y A buen puerto. Expele el humo de las grandes ciudades, lleva el cabello azul eléctrico y no espera que las mariposas se muevan en su estómago por nadie.



 

E L   V I C I O   D E L   E S P A C I O – T I E M P O

 

 

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Uno crece creyendo que el vacío es un espacio vacío hasta que aprende a llenarlo, rellenarlo u olvidarlo; con el tiempo, se aprende a visualizar el espacio de distintas maneras y es así como nos llenamos de vacíos. Tenemos vacíos en la memoria: olvidamos cómo aprendimos a hacer tantas cosas que ahora nos parecen burdas. Vacíos en el cuerpo: estamos llenos de agujeros y queremos llenarlos todos, nos armamos de vicios, nos volvemos cómplices del consumismo, la comida, el sexo, la cocaína, los laxantes y la música se han vuelto comunes. Vacíos en el alma: algunos aseguran no tenerla y esto se vuelve un vacío más.

La insaciable necesidad de estar llenos, no completos, no enteros: llenos. ¿Llenos de qué?

Hace tiempo que dejamos de crecer, pero seguimos creyendo que el espacio es un sitio vacío. El espacio puede no ser cualquier cosa imaginable o no, podemos construir en él un edificio lleno de nuevos espacios tan grandes o pequeños como el ojo habitante quiera verlo; podemos reutilizar un espacio olvidado y comenzar a aprehenderlo. Si entendemos que vivimos dentro de uno y ocupamos otro mucho más grande del que necesitamos, sabremos cuál es nuestro sitio.

homogéneo, continuo, tridimensional e ilimitado

 

 

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He tomado mi navío decidida a naufragar en tus manos, las que me han reconstruido el alma. La vista aquí es maravillosa y mira que el universo se ha quedado sin estrellas porque se han escondido tras el par de hoyos negros que llevas puestos por ojos. Desde que te conocí no he dejado de pensar en el vicio del espacio-tiempo ni en desenterrarme los cuchillos que alguien más me incrustó. Mi navío tiene un nuevo nombre y todavía no logro descifrar el tuyo; llevas la simpleza de lo complicado a lugares imaginarios, tomas el timón del barco que creía olvidado en costa Melancolía y luego me avientas al mar.

Te he visto llorar al atardecer: un millón de estrellas rodaron por tus mejillas, el colchón adoptó una nueva constelación y todavía no sé cómo nombrarle. Llevas puesto el abrazo infinito, los besos más cálidos y las palabras más sabias, tu nombre entero tiene más de trescientos cuarenta y cuatro caracteres, pero tú no sabes eso todavía.

D  X  M

Comencemos por hablar de cosas absurdas, déjame ponerte atención para luego perderme en tus palabras porque mi cerebro está nadando en dextrometorfano y en lo único que pienso es en girar. Te estoy hablando de otro chico. Hay una canasta de básquet arriba de nosotros por si no lo habías notado; tres puntos al que meta la luna llena en el aro. Creo que no recuerdo cómo llegar a casa, ¿Quieres una hamburguesa? Creo que no lo estoy logrando.

Deja de cantar cosas que nunca pondrías en tu cuenta de twitter. Hace frío, aquí siempre hace frío no sé qué te sorprende. Tú dices que el mareo es algo normal después de medio frasco así que optaré por creerlo. No quiero caminar, no veo bien de noche y hace mucho que no venía para acá. Si muero tendrías la culpa porque llevo tu chamarra puesta con la cartera en el bolsillo. ¿Tienes novia? No quiero morir ahora.

Qué ridículo te ves bailando solo. Ni siquiera puedo encender un cigarro porque dices que no se lleva bien con el DXM. Yo sigo optando por creerte. No puedo seguir las líneas discontinuas del pavimento si no estás frente a mí, es complicado caminar de espaldas. ¿Esto sigue siendo normal? Estamos haciendo esto complicado y hacemos como que no pasa nada. (hashtag yolo).

No quiero saber de ella ni de sus lágrimas sobre el puff, en realidad no quiero saber nada del mundo ahora. Ven, arrasemos con una ciudad entera. El sabor cereza sintética en mi boca dice que estoy perdiendo la razón, pero no puedo recordar si compre eso en la farmacia. Tomemos un taxi que sepa llegar hasta mi casa. Mira allí, la casa roja es mía, ese es mi color favorito y el del frasco con dextrometorfano también. ¿Por qué besas mi frente? Yo también me divertí, no sé si quiero verte pronto.

Ya es miércoles, esta vez podemos ir a un lugar con menos tiempo, se está acabando el xanax.

 

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