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Cráneo #136: Álvaro Guijarro

30 Ago

alvaro



 

Álvaro Guijarro (Madrid, España, 1990)

 

Tras una adolescencia en fuga viajando excesivamente gracias a que su madre fue azafata de vuelo y tiene un padre preocupado pero paradójicamente permisivo, a los dieciocho años entró en la Universidad Complutense a estudiar Filosofía, con la clara vocación de convertirse en escritor. Al tercer año, abandonó la carrera para estudiar cine en la Escuela Metrópolis y después fotografía -pasión que le acompañaba desde antiguo, laboratorio y luz roja mediante- en la Escuela TAI, donde acaba de ultimar un Máster en Fotografía Editorial y Fotoperiodismo, y donde ha realizado varias exposiciones colectivas, una de ellas dentro del marco de PHE 2015.

En el ámbito de la poesía, es autor de los libros: “Tránsit0” (Chiado Editorial, 2011), “Colorofilia” (autopublicado en Internet, 2012), “La postpunk amante de Tiresias” (Canalla Ediciones, 2013), “María Eugenia” (Chiado Editorial, 2015) y “Siglo XXIII” (inédito, 2015); y ha participado en diversas antologías tanto a nivel nacional como internacional como “Tenían veinte años y estaban locos” (El Gaviero Ediciones, 2011) o “Los poetas de la senda” (Ópera Prima, 2014).

www.pangeapangeapangea.blogspot.com

www.alvaroguijarrophotography.com



 

Texto inédito

 

RECADO Nº 1: Ser, durante al menos ocho horas, cómplice del mundo.

RECADO Nº 2: Enamorarme real, ideal o indefinidamente, de quince a cuatrocientas veces, ya sea de memoria, en pelota picada o desde un tejado.

RECADO Nº 3: Comprar/robar postales marítimo-paradisíacas de suvenir. Encontrar una pescadería común. Esperar a que el pescadero-carcelero se despiste cobrando a algún cliente para entonces ¡chas!, colocar cada postal bajo cada panza de cada sepia, cada dorada, cangrejo o tiburón, y abandonar la pescadería con aires de libertador.

RECADO Nº 4: Acudir a unos grandes almacenes. Ir directamente a la sección de comestibles. Arrancar de los mostradores una tripla de latitas de conserva. Ir después, con las latitas bajo la camiseta, al apartado de deportes. Buscar pelotas de tenis pack de tres. Detectarlas. Sentar los tubos en el suelo. Introducir las latitas de maíz, guisantes y menestra básica en el vacío de las pelotas. Esconder el tenis entre los dedos, sobre las orejas, y retroceder de nuevo hasta la sección de alimentación. Colocar las tres pelotitas en el espacio de las latas de conserva. Coger las escaleras mecánicas dirección moda joven. Sentir, mientras subo, que el estado de cosas se ha visto alterado.

RECADO Nº 5: Batallar dialécticamente con una farola. Situarme primero a favor y después en contra del día y la noche. Soltarle un par de chistes. Dejarnos, por nosotras mismos, ser invitados a una cerveza. Y despedirnos, ya anotadas ambas direcciones, como dos luces perfectas, como dos flashes de yo bien ebrias navegando impuramente a fase REM.

RECADO Nº 6: Allanar la llanura. Brillar el brillo. Vestir el vestido. Buscar la búsqueda. Cantar el canto. Cocinar la cocina. Llorar la lágrima. Verbar el verbo. Abandonar la casa. Quemar el Infierno. Rizar el rizo, en esencia.

RECADO Nº 7: Camelar a algún profesor insigne de antropología turno de mañana a previamente confesión de horario. Amablemente pedirle Déjeme dar hoy su clase. Recibir No casi sonrisa, educado, casi seriedad. Pasar al plan B. Hacer como si nada, No te preocupes, y cuando tire hacia el baño depositar laxante en café suyo hasta dar y lo siento ya sí nosotros, la clase, disculpándonos frente a nuestro alumnado Somos sus hijos, sus apuntes, sus papeles, su fruto de misión.

RECADO Nº 8: Migrar lo antes posible, y constantemente. No estar nunca sentado más de diez minutos y, si no hay más remedio, creer que no se está sentado, sino de pie, corriendo o haciendo girar una peonza. Migrar, transmigrar, submigrar…: cualquier derivación es válida. No estar fijo. Estar en viaje. Movimiento. Siempre.

RECADO Nº 9: Amar. Volar. Estornudar. Gozar. Bailar. Tiritar. Perdonar. Emocionar. Reír. Cantar. Silbar. Vivir. Presentir. Vivir. Besar. Vivir. Respirar. Morir. Mutar. Observar. Penetrar. Comer. Soñar. Acariciar. Olfatear. Escribir. Resucitar. Tontear. Fumarme un cigarrillo.

RECADO Nº 10: Elaborar la lista de pecados, digo recados, para mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARAÍSO PERDIDO

 

Faltan una media de quinientos pianos
y quince mil veinte dosis de remedios
contra el éxtasis de la procrastinación,
listado infinito de tropicales lluvias cuyos mosquitos
harían despertar al espíritu
hasta deslucir la cárcel del ensimismamiento
colocando,
por ejemplo, fresas en el escritorio del joven escriba
o botes de cristal de tinta egipcia
en el estómago de las bombillas
que dan luz al lago de columnas
donde un dios egoísta robó la sensibilidad a un niño
para exportar chupetes a Rusia
y queso de reptiles a las fronteras de Bután,
todo un arreglo sencillo
donde el tabaco juega un papel de relevancia máxima
porque ¿quién no adora su tiempo?,
¿quién no trata de hallar la libertad
esperando al autobús
o pidiendo 200 gramos de azafrán
en el mercado por el que cada vez las lágrimas aceptan
el cambio generacional,
el libro sin amarillear ni aun estando al sol del sol lunar,
la lolita efímera-efímera de turno
y el neón en lugar de la vela sola,
su acento para la exaltación y toda esa serie
de psicológicos efectos
que no vienen en las muestras de crema de las revistas
ni en los duty free que preludian los aviones?

He hablado de un niño:
¿os
habéis
fijado?…

 

 

de “Siglo XXIII”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTANGIBLE

 

 

Imagino una tienda de libros antiguos y sin precio,

enredaderas en vez de anclas

para estampar el odio estético de los portaaviones

y muros en lugar de espejos

cuando se escucha taponada la música en el baño

de un mundo donde el mérito

crezca a raudales de entre las musas y los museos

y la lección de ayer sea de hoy,

para que los sofás sean trampolines y el invierno

la pauta del mayor romanticismo

en esta nuestra época de duelo, pavor y suicidios

por no oír la carta de postres

e introducir el pelo todo entero en un estampado

donde prime el rubí y el óleo

por encima de la alcantarilla y su triste ensoñación,

a no ser que la virtud se expanda

y crezcan palacios de los ojos y huesos del calor

o una banda de narcotraficantes

atienda a la íntima plegaria de las flores infantiles

escondiendo el oscuro su pistola

para invitar a café a la casera de su alto estandarte

siendo ya inútil toda reputación,

para que vuelva el inocente pecado de la palabra

y los teléfonos se cortocircuiten

porque un rayo vuelve a ser una serpiente metafísica

en el cielo que siempre será todo

un espectáculo radiante para los iluminados monjes

pero también para aquella mujer

y aquel hombre comunes que, mientras los deseos,

expandiéndose por los altares

de las aventuras exquisitas y las terroríficas historias,

duermen en su alquiler movible,

creyendo creer creer creer que nada tienen que decir.

 

 

 

 

 

 

de Siglo XXIII (inédito, 2015)

 

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