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Cráneo #151: César Bringas

19 Oct

cesar



 

César Bringas (Puebla, México, 1990)

Traductor y poeta, pasante de la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP, ha colaborado en las revistas Círculo de Poesía, Los Idus de Marzo, New Wave Vomit, New Spleen, Cosmonauta, Revista El Humo, Enter Magazine, El Mosco Garañón, Cinco Centros, Alternativas,  Lado B. Fue becario del Festival Interfaz 2014 en la rama de poesía. Ha ganado el VII Premio Nacional de Poesía Desiderio Masías Silva, y el Primer Premio Nacional de Poesía LGBTTTI. En 2007 quedó en la lista de honor del Premio Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes Escritores. En 2013 algunos de sus cuentos aparecieron en la Antología Necesaria y en 2014 en la antología  pro-migrantes Migraciones. Publicó  el poemario Limosna para los pájaros en 2015 con Editorial Montea. Becario del PECDA en 2015-2016.



 

 

 

EMPERADOR CANÍBAL

Entonces lo supimos/ el golpe en la cabeza/ los ojos abiertos y cerrados al mismo tiempo/ el temblor de piernas/ los perros de la noche persiguiendo a mis caballos/ lo comprendimos jugando baraja: porque sabíamos las reglas/ porque llevábamos años jugando con las mismas cartas y caras y copas: nadie nos lo advirtió: que si estiras mucho una liga parece que regresa al mismo lugar y estado pero no. Lo mismo. Lo mismo. Lo mismo pasa con el sistema inmunológico: dijo alguien. Así que reunimos el suficiente valor para pararnos frente al espejo con el cuchillo de la comida nos hicimos un corte en el pecho: lo suficientemente profunda la herida para poder ver la ciudad de Liliput. Y ahí, en su palacio de quimeras el emperador caníbal, cuyo rostro era un puño sangrando, nos miró y dijo algo, no lo comprendimos y quizá fue la palabra “demasiado” y quizá fue la palabra “tarde”. El emperador caníbal se hacía viejo: como nosotros. Era la cuchilla demasiado afilada y que se oxida: como nosotros. En su palacio de quimeras lo supimos y nadie nos lo advirtió antes: eso era madurar.

#‎NOMEPREGUNTESCÓMOPASAELTIEMPO

Prologo:

“Si vuelves, si no vuelves…

Horacio, no nos conocemos ¿qué tendría de diferente la vida?

Si estás, si no estás… no nos conocemos y yo pensaba que eras mío”

-Paola Llamas Dinero

Hace cuatro años se murió la loca del muelle de San Blas.

Traje de cangrejos. Su sangre se volvió sal. Su vida se volvió un cangrejo,

caminando hacia atrás rumbo al recuerdo. La sangre dejó de correr,

como la mujer de Lot,

pero mejor,

porque ella no rompió su promesa   #‎Esperandolaúltimaola
Mi abuela la loca, que no piensa más que en que la muerte,

cumple años en una semana #‎Esperandolaúltimaola

No he decidido si tengo o no el síndrome de Estocolmo.

Sé de sus manos que son largas y su pelo rizado, espiralado, niño de maquinaciones infinitas, no sabe qué quiere.
¿Puedo culpar al mar de todas mis desgracias?
Tengo muchas notas dispersas por todas partes
ninguna hace un todo,                ni unen

correctamente lo que            pienso.
‪#‎Simedanaelegir ‪#‎Mequedocontigo

Ya nada es tan barato como antes, excepto tú.
No diré quién dijo eso.
Juró que todo saldrá bien.

Juró que se parecía mucho a ti.
Juro que amé/ los golpes de sus piernas/ Digo que amé/ los golpes de sus piernas.   #‎Ellalejurósuamor

 

Todos los enfermos se buscan entre ellos. Lamen sus llagas.

Se acarician bajo el aíre acondicionado en sueños limitados por las drogas legales.

El sudor en la lengua, la sal en la lengua que se parece a todas las lenguas,

como recuerdo del mar interior. Nada, nadie nunca del mar huye,

aunque nazcas, como Lot y como yo, entre montañas.

¿Quién se va conmigo? O peor aún ¿a dónde?

Epilogo:

Porque yo era un mar solamente y eso nunca fue suficiente.

Me llamaban amor pero tú…

Me llamaban amor pero tú…

Me llamaban amor pero tú…

Nunca.

-Martha Rodríguez Mega

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGNES (VERSIÓN POLÍCIACA)

Que era de noche, en una barranca, cuando la arrojaron en una bolsa de basura, habría que aclararlo, por ejemplo.

Que como mareas dispersas, el amor y el odio, en su pecho iban de un lado a otro.

Que Abraham Torres Hernández, era el nombre que su madre al nacer creyó sería correcto, habría que decir, pues desde niña supo que era niña en cuerpo de niño. Habría que aclarar todo esto, cierto es.

A inicios de primavera, su muerte.

También aclarar que activista transgénero, en favor de la los derechos de la comunidad LGBTTTI, era Agnes Torres.

Que buscada por familiares y amigos, por redes sociales, desde el sábado anterior a su desaparición, después de perderse toda comunicación con ella, era Agnes Torres.

Que herida de arma blanca a lo largo del cuello. Mostraba.

Que el rostro quemado, porque es otra forma de destruir y matar doble a alguien, poseía.

Que veintiocho años. Que cuerpo esculpido al propio gusto. Tenía.

Que de un crimen de odio se trató, se presume.

Que de un crimen pasional se trató, se predispone por prejuicio.

Que a la hora de su hora yo estaba haciendo el amor. Recordé o habría de recordar, cuando supe la noticia.

Que Benicia Hernández Huerta, su madre, a las primeras horas de un lunes, al ministerio público, para identificar el cuerpo, acudió. Consigna el acta.

Que con el tiempo me he acostumbrado a que el tiempo, con forme a su costumbre, pase.

Que el aviso a las autoridades lo dio un niño que pastoreaba animales. Un cuerpo con marcas de fuego y el cuello cercenado, eso encontró el niño. Sí.

Que por un lunar en el cuello, más isla que lunar, más isla que marca de nacimiento, la reconoció su madre. Una mano alzada en la boca: la manera de contener un horror.

Que la madre ya una vez había aceptado que Abraham muerto estaba, pero tenía a Agnes, una hija más, habría que aclarar. Que la boca seca. Que las manos temblando. Que el horror de la segunda muerte de un ser querido. Habría que aclarar. Sí.

Que un viernes por la noche, en su automóvil la observó marchar. Que no volvió. Diría la madre sobre la última vez que vio a su hija. Que con rumbo a la comunidad de Chipilo.

Que solemos confundir a los coyotes, crueles y asesinos, con animales domésticos.

Un dejo de fidelidad. Una como caricia y engaño. Que eso hay que aclarar sobre los asesinos.

Que al caer la tarde en fuego envolvieron su cuerpo.

Que todo esto lo consignan diferentes diarios y periódicos del país. Sí. Habría que aclarar.

Sí. Yo, simplemente, doy fe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De frente el bulto. El terror. La casa pequeña.

Uno sobre otro sobre otro: las locas liosas de boca amplia, de cadera para abajo y por detrás bocas amplias que eran grandes oradores,

de péndulos colgando entre las piernas: uno sobre otro sobre

otro: las caderas secas, los cuellos trenzados, las manos: así

tan así tú y yo juncos jóvenes bailábamos al son de Juanga

una noche se quemaba en mi garganta: una dulzura de sal y tierra seca: se quemaba en mi garganta:        el silencio      inocente             asesino.

 

Los besos no te tocan las agujas sí. Volví mi cuerpo muñeco de vudú. Tengo tres en el corazón.

 

Vengo arrastrando mis huesos y mi hígado ¿lo oyes? cañería obstruida vengo sobre el vientre del niño que fui. Ahora soy el adolescente envejecido el junco joven

doblado sobre su peso que es el peso de tu cuerpo junto al mío

 

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