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Honoris Cráneo #6: Rolando Kattán

25 Nov

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Rolando Kattán (Tegucigalpa, Honduras, 1979)

Poeta, editor, gestor cultural y miembro de la Academia Hondureña de la Lengua. Ha publicado los libros de poesía Exploración al Hormiguero (Sexta Vocal, Tegucigalpa, 2004); Poemas de un Relojero (UCR, San José, 2013); Animal no Identificado (Honduras, 2013. Gattomerlino, Italia, 2014). Parte de su obra ha sido traducida al francés, árabe, italiano, chino e inglés. Es Premio al Voluntariado Cultural 2011 por la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes de Honduras, la Embajada de España en Honduras, el Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Ha sido reconocido con el Premio Othli por la Secretearía de Relaciones Exteriores de México y el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y Mención de Honor en el Premio Bienal de Poesía Rubén Darío 2013.



 

 

El árbol de la piña

Al salir de Palestina,
quería encontrar en estas tierras el árbol de la piña,
imaginaba un árbol frondoso,
parecido al que situó Dios en el paraíso.
Abandonó su tierra
con la esperanza de una nueva
y no encontró lo que esperaba.
En este poema, mi abuelo,
puede recolectar piñas de la copa de un árbol,
porque en un poema
pueden crecer incluso los árboles que no existen,
los milenarios frutos y hasta el país natal.
Sin embargo, insisto.
(Lo que quiero que aquí retoñe
no es el árbol, sino la esperanza
de que todavía hay un sitio
donde abundan los árboles de piña).

 

***Texto tomado de Otredad

 

 

 

 

 

 

 

TRATADO SOBRE EL CABELLO

todas las cosas grandes
inician con una idea en una cabeza despeinada
como pudo –por decirlo así- crear Dios el universo con una cabeza engomada
¿qué habría hecho Noé adentro del arca con una cabeza de mayordomo
o Jesucristo en el monte si sus cabellos no se hubiesen entrelazado con el viento?
Heráclito salió del río tan despeinado como Arquímedes de la bañera
y a Sócrates y a Platón les crecía sobre su calvicie una cabellera desorbitada
es sabido que Homero murió arrancándose los pelos de desesperación
y que Cervantes Quevedo y Góngora se peinaban
como Shakespeare solamente el bigote
Juana de Arco ardió más fuerte en la hoguera por su aguerrida cabellera
y en la antigüedad
los primeros hombres en sembrar el café y el maíz
los chamanes y los sacerdotes
los que tallaron en las lejanas piedras los primeros poemas
todos son parte de los anónimos despeinados de siempre
después
a Newton lo despeinó una manzana
a Tomás Alba Edison la electricidad le puso los pelos de punta
Bach disimulaba su melena con una peluca
y Leonardo Da Vinci se despeinaba también las barbas
todos los ángeles del cielo las hespérides las musas
las sirenas y las mujeres que saben volar
todos y todas tienen extensas cabelleras destrenzadas
en la historia reciente
Albert Einstein fue el más despeinado del siglo XX
y Adolfo Hitler por supuesto
el de los cabellos más ordenados
pero las cosas grandes también son cosas sencillas
como aquellos que llegan a casa apresurados por despeinarse
o los niños cuando aprenden del amor despeinando a sus madres
es obvio que los sueños nacen en las cabezas dormidas
porque siempre están despeinadas
y los amantes que sobre todas las cosas se despeinan
cuando se besan y se aman
por eso les digo:
hay que desconfiar de un amor que no te despeina

 

***Texto tomado de Animal no Identificado

 

 

 

 

 

 

 

 

Ferris Wheel

Se impone sobre el paisaje de Navy Pier, el movimiento de la noria. El ritmo se graba en las pupilas. Rostros y vagonetas, aparecen y desaparecen, cada uno con su apotegma, con su oración a modo de armónica, para levantar el día. Surgen los padres con astrolabios y amarómetros; antepasados con huesos de animales más fuertes, como recetas para mi débil osamenta; abuelas, que rezaron por mí, hasta volverse estampas. No deja de girar la noria en mi pupila, y trato de enfocar otra mirada con la mía, pero los rostros bajan y suben y se esfuman. Como todo error, como todo acierto, desaparecen, y no alcanzo a decirles gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

Animales blancos

Desaté la soga de una barca en el muelle. Su mansedumbre y su silencio, me recordó la imagen de un elefante echado, en cautiverio. Le leí poemas, deshaciendo los nudos que la ataban. Luego la vi alejarse mar adentro. Desde entonces escribo poemas para liberar a otras barcas atrapadas como animales blancos. Invito a los barcos de vela a declararle su amor a los pianos. El amor es posible. Yo me enamoré de una barca atada en el muelle, una barca que tal vez no saldrá nunca.

 

***Textos tomados de Ápsides

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Publicado por en noviembre 25, 2016 en Honduras, Honoris Cráneo

 

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