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Archivos Mensuales: diciembre 2016

Cráneo #164: Luis Alonso Cruz

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Luis Alonso Cruz (Lima, Perú, 1981)

Ingeniero Industrial de la Universidad de Lima, con maestría en Gestión del Conocimiento por la Universidad de León de España y administrador del blog cultural “Fundador de Supernovas” (http://luiscruzalvarez.blogspot.pe/). Publicó los libros Tetrameron (Fondo de la Universidad de Lima, 2003); Lumen, Trilogía del Espíritu (Nido de Cuervos, 2007); Radio Futura, dentro de la Colección “Piedra y Sangre” (Lustra Editores, 2008); Osario de Criaturas Perplejas (MiCielo Ediciones, 2014) y La Música del Hielo (Pájaros en el Cable Editores, 2015).

Poemas suyos aparecen en las antologías: “Mirando sobre el Heno” (Vallejo & Company Ediciones, Lima 2014), “Plexo Perú, Poesía Gráfica Perú-Chile”(Editorial Quimantú y Casa Azul, Valparaíso 2014),“Versolibrismo, poesía y arte contemporáneos” (Río Negro, Lima 2013) y “Cuatro Poetas Peruanos” (El Quirófano Editores, Guayaquil 2013). También ha incursionado en los relatos de ciencia ficción en revistas y páginas sobre el género (Revista Tatuajes N° 37 y 38, Perú 2015 y Revista Korad N° 17, Cuba 2015).



Los Tinieblos

A que sabe tu olvido

(Chavela Vargas)

A una legión de espejos,

a los susurros que se dan en la oreja

a todos los silencios que vienen desde ese armario de caoba

a la muerte en las barricadas.

Lo invisible se hace con la forma de las piedras y los hombres,

lo invisible es una tormenta que se avecina,

una pérdida de valentía

una mirada de pequeñas ruedas dentadas

¿Sabes guardar los libros bajo la cama?

¿Sabes cómo guardar los cajones de recuerdos?

¿Sabes contar historias de muertos?

Existe todo un arte para ello,

saber cómo ahogarse por varios días

y salir con los pulmones ilesos.

Las sombras doblan la esquina,

toman cuerpo,

dan miedo

porque ahora están en el cuarto que siempre fue nuestro,

y vigilan como solo lo pueden hacer los ausentes.

Ahora te vistes y te pones los lentes,

sonríes a medias

en mí se queda la oscuridad de tu cuerpo y varios secretos.

En la calle todos son muertos,

recuerdos de desaparecidos en guerras o en viajes de exploración

Mercurio es un canalla que se ríe en el cielo y se mete por la ventana de este cuarto.

Viene la ausencia,

Y aquí me quedo escribiendo otro gran secreto,

El mejor de todos: La Fabricación del Silencio.

(Del poemario inédito Ludopatias)

Procesiones de primavera

Aquí estoy

repleto de máscaras

y con la sonrisa hecha

líneas

Tú, me sales al encuentro como un cuerpo

rodeado de cirios derretidos

mientras unos discípulos

remecen bambúes

derrotados por el viento de tus formas.

Las calles huelen

a sahumerios

son signos femeninos

y masculinos al mismo tiempo

y en cada cuadra hay un

tumulto

por los Muertos al mediodía

Una pobre convicción

empapa a la gente

repiten los nombres

de libros prohibidos,

amores prohibidos,

todo lo prohibido a media voz

Bajo el calor de la primavera,

un amigo se oxida

es Mayo (del año 1989)

El arcoíris es monocromo

y pronto no estaremos,

ni tú ni yo

solo el lecho de este rio

repleto de nombres y apellidos

cuarteados,

retratos nitrosos y eternos

(Del poemario inédito Ludopatias)

10.

Y

en el álbum del padre,

quedarán sus huellas,

que en cada línea reunida

se lee esta historia a pie de página:

Existen 40 km,

Son los que separan un batallón,

de lo que es mío.

Este sentimiento se lo debo a Minsk

y su invierno del 43.

¿Qué somos?

El cúmulo de aguas que recorren el Volga

el cráneo pálido yaciendo en la trinchera

o

de repente;

esta nieve que no para de hablar.

Esta tierra se cuece

como lentejas,

mientras aparece el recuerdo de las tardes con la esposa,

los dos bajo las sombras

Comprando fresas y en la mesa relucía la juventud.

¿Cuántos piensan lo mismo?

¿Cuántos exhalan su último suspiro,

pensando en el jardín que dejaron sin cuidar?

Un millón de mensajes en la botella son estos hombres.

Izquierda, derecha, arriba y abajo; ellos son apariciones

y también desapariciones.

Las mujeres miran desde las camas,

son maniquíes partidos por la mitad:

sus ojos bien abiertos susurran el nombre

de sus Apolos

En una noche,

un viento me traspasa,

es la mano de una de esas mujeres,

blanca, como sus ojos.

Me conduce por trincheras amarillas,

tiene ansias de amar;

pero nunca aprendimos esa lección,

y preferimos escribir recuerdos en las heridas.

Hoy, esos 40 km ya no existen,

lo que es mío es mío,

Minsk ha desaparecido

y yo soy la cruz blanca en la tierra,

el sobreviviente de mí mismo,

un monumento”

(Del poemario La Música del Hielo, Lima 2015)

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Publicado por en diciembre 15, 2016 en Cráneos, Perú, Poetas de los 80's

 

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Cráneo #163: Zeuxis Vargas Álvarez

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Zeuxis Vargas (Quetame, Colombia, 1981)

Licenciado en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Sus trabajos han sido publicados en varias revistas culturales tanto fuera como dentro del país. Algunas de esas publicaciones son las siguientes: Las cosas que aprendí; libro de poemas, editorial Seshat 2016. Fabulistas de la intimidad; Revista Quimera de España. Raúl Gómez Jattin, La poesía como necesidad; Ensayo. Revista Rara-Avis de la Universidad Pedagógica Nacional. Mitológicas; Revista Asterión de Barranquilla. Diatriba contra Rilke; Portal Renata del Ministerio de Cultura. Fue participante del taller de poesía y cuento “Ciudad de Bogotá” 2010. Además, fue Colaborador y escritor en la antología “Primera visión de autores cundinamarqueses”. Secretaría de cultura de Cundinamarca. Diciembre de 2001. Autor de las cartillas: Los mártires también son héroes (módulos maestro y estudiante), ofrecidas e implementadas en los 8 colegios de la localidad de Mártires- Alcaldía mayor de Bogotá D.C. 2011, Colombia. Creador del Ambiente de aprendizaje Idipron para la planeación del 2014 en la Unidad de protección integral La Rioja – Idipron. Otros trabajos suyos han figurado en diversos portales de poesía y cultura tales como: Los fabulistas de la intimidad: los auténticos extraviados; About poesía en español, Estados Unidos, 2013. Selección de poemas Aridez; Entremares Magazine, Alemania 2014. Selección de poemas; revista virtual Crear para leer; dirigida por la escritora argentina Marta Roldán. Artículos de reflexión pedagógica; página del movimiento humanista: paz, fuerza y alegría dirigida por Enrique Amigo, Chile.Por último, el poeta ha sido catalogado en el centro virtual de la biblioteca University Harvard y en la OEI. Actualmente se encuentra realizando difusión de su primer poemario “Las cosas que aprendí”, publicado por la editorial Seshat.



DESOLLANDO EL LLANTO

Yo que tengo por costumbre esta manía,

esta verborrea pegada

como cuero roto entre los labios,

yo que grito y berreo

hasta ponerme hinchado el corazón

y los puños morados

de tanto darle a nada y resentido.

Yo que me levanto a veces

con cierta repugnancia

arrinconada y susurrando,

tengo que decir,

que no es veneno lo que pasa

sino un sabor originario

que a veces nos pone a todos

de luto hasta los sueños.

Esto de tener que vivir como saliendo a escena

(como porfiando viento,

muecas de fastidio entre los ojos),

es apenas un motivo

para echarle fuego hasta la sombra.

La vaina sencilla de levantarme con fastidio,

de saber que vuelvo al ruedo aniquilando quejas

tiene cierta insistencia de aguja

punzado la carne

o cualquier cosa que posibilite un grito.

Es que crecer, de pronto,

con el olor de la sangre a ras de aliento

es como ponerse a recordar

lo echado a perder entre los sueños.

Que lo serio es esto;

ponerse a vivir como si fuera cierto.

Llevar del pescuezo y a rastras,

la sonrisa de hipócrita al trabajo,

ponerse a hacer familia;

abultar con cansancio las rutinas,

llegar como despierto hasta un domingo;

ponerse a mirar los días

como si fueran diplomas colgados en el pecho

y llorar, hasta reventar la sombra

como pompa de jabón entre los dedos.

Es que gritar así no lleva a cuento

sino a meras certezas de cuchillo.

Es esa rasquiña,

esa esquirla poniendo rojo el desespero.

Yo tengo esta manía,

este desagrado hacia el reloj de las esquinas,

esta gana de bajarme del mundo para siempre,

de ponerle tarjeta de vencido

a la mueca de amor que me vendieron.

Es que cargar de pronto

con tanto lío de silencios

perpetrando ciertas decepciones,

con el capricho de saludar amigos

y encontrar sorpresas como si fueran rostros,

le vuelve arisca el alma a uno,

le carga con fastidio las cobijas.

Yo tengo desgarrado algo

que se me sale, a veces, a maldecir los días;

la sensación de no hallarme,

la negación del tiempo

haciendo estragos en mis huesos.

Es que uno, a veces,

se levanta muerto

rajado a la mitad,

apenas floreciendo monotonías

y bostezando hastíos.

Es que uno, a veces,

se echa a podrirse

encima de contritos desalientos,

se nos eriza el compungido

o una gana de rompernos las entrañas

nos pone a mirar cualquier soledad con odio

hasta estallar lamentos.

Es que a veces, yo, como cualquiera,

enervado con ciertas cosas

que le sacan filo a la tristeza

me pongo en el oficio

de desollar el llanto.

 

 

 

 

 

 

 

 

ESCRIBIR
Registrar el universo por el respaldo,
acumular todos los datos posibles
de la harija y la pátina,
preparar el informe
de las imágenes que nunca existieron
y pensar que se inventa.
Sortear la pena de no crear,
producir siluetas enteramente echadas a perder,
dejar que un texto muera sin lector inventado
y soñar que el viento puede descifrar el amor.
Dejar versos en la espalda de un muerto,
dejar caer una letra como si fuera una porcelana
y sentir en un cuerpo dormido
el calor de la ternura.
Vivir los días creciendo o casi consumiendo,
acumularlos para la fecha festiva de las márgenes
y oír que tienen nombre,
que se van llenando de fantasmas.
Construir un propósito al levantarse
para poder caminar seguro del suelo.
Sospechar que hace falta algo
para que sea completo el humano
que dejamos de acicalar en el baño.
Concentrar entre los ojos una promesa,
dar por sentada toda la experiencia
y saber que está vacío, todavía,
el gesto para sonreírle algún día a los recuerdos.
Escribir,
escribir hasta que comencemos
a aparecer entre las cosas.

 

 

 

 

 

 

ODISEA

Hablar desde lejos

como si ya fuéramos ausencia.

Declarar con las palabras

el abandono

que dejarán las cosas en nosotros.

Destejer este poema

como si de verdad fuéramos Penélope.

 
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Publicado por en diciembre 13, 2016 en Colombia, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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Cráneo #162: Lisset Orihuela Ascarza

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Lisset Orihuela Ascarza (Ayacucho, Perú, 1994)

Estudiante de Contabilidad y Auditoría y otras materias de manera autodidacta. Ha participado de distintos festivales a nivel nacional e internacional. Es parte de la colección de Poesía Latinoamericana “El árbol migratorio” junto con poetas de Ecuador, Venezuela y Chile. Está convencida férreamente que la poesía es un camino hacia el autodescubrimiento.



“es porque pude ver a Dios, cara a cara”

Génesis 30:32

1.

En el principio nos resistimos a vivir
(Vivir es una daga
hermoseando el cañaveral)
El pezón de madre que no volvemos a probar
La incertidumbre                             La nostalgia
Quédate                                                      Quédate

Todo lo que vive,
vive bajo su propio riesgo

¿Entonces, qué es vivir?
¿Qué es pedir un abrazo al mediodía?
¿Qué es que nadie te lo dé?
¿Tiene sentido?, se han preguntado todos
¿Y Dios? ¿Es una masa nebulosa de
polvo y fuego?
Nadie nos habita,
¿No lo ves?
Horus y Brahma no comparten
la glándula,
es de todos.
Todo lo que vive

vive bajo su propio riesgo

Todo lo que vive bajo tus pies, vive con riesgo
La mañana que amas tanto, vive bajo riesgo

El beso que te despierta…
A riesgo de seguir viviendo.

«Nací un veintiuno de abril a las…»

3.

Un crujido de intenciones me ve a los ojos
me sonríe -como si me conociera-
Paso de mano en mano
De brazo en abrazo
Agua fría, bordes de metal.
-No lo entiendo
No llegaré a entenderlo
¿Y las tardes sin atardeceres?
-No lo veo
¿El tiempo de vientre aguanés, convexo y cóncavo?
-No lo siento
¿A dónde los días que no necesitan de un porqué?
-No sé
Dicen que me llamo como me llamo
¿qué más da?
Pienso en la ceniza, el fuego, las brasas
Sí, también siento que hay magma en mí
-el Vesubio relamiendo Pompeya-,
dentro de mis huesos

Crecer duele

Duele ser una misma, un sexo proteico,
duele no volver al vientre
a las mañanas de edades capulí

¡Se acabó!

Duele dolerse
El dolor no es dolor
¡Dame conciencia contra el dolor!
Para que este no sea más eso
Ni hípico, destructivo o pensante por mí.

5.

Esta edad de hecatombe,
donde parte la mirada
en ralos trozos -que luego llamaremos recuerdos-                                                                   donde caben los primeros uniformes de la infancia
donde caben todos los átomos de maldad pueriles
allí, el mundo se abre en herida.

Sí, el pecado existe

no es nada nuevo lo que te digo
Ya has clavado la mirada en el pavimento
vistes uniforme
y no te resistes a que te bauticen o
te crucen por la calle tomándote de la mano
el mundo se abre en herida
bajo tus pasos,
no lo olvides
no olvides que tuviste cinco años
y tu vida comenzó
con un uniforme gris
que poco a poco
fuiste desobedeciendo

como desobedeciste
la salada línea
que cubría
el trazo lambdoideo
que te concedió el pecado.

 
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Publicado por en diciembre 8, 2016 en Cráneos, Perú, Poetas de los 90's

 

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Cráneo #161: María Paz Valdebenito

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María Paz Valdebenito (Santiago de Chile, Chile, 1987)

Escritora e investigadora independiente de asuntos socioeconómicos latinoamericanos. Ha sido publicada en diversas antologías poéticas (Chile, España, EE.UU, Ecuador) y ha obtenido algunos reconocimientos de carácter nacional e internacional, entre ellos, Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral, género poesía (2007), Primer Lugar Concurso de Cuentos Breves, Universidad Tecnológica Metropolitana (2007), Premio IX Certamen de Creación Literaria Juvenil Poeta García Gutiérrez, España (2015), Primer Lugar 25° Concurso Literario Escritores para Chile 2016.



Las viejas casas no son eternas.

                         C . Kavafis

¿LIBROS Y POEMAS TUS HIJOS COMERÁN?

Hace tiempo

esta casa dejó de ser mi hogar.

Mi único rincón en ella es el silencio.

 

Quisiera salir a las calles

sin temerle a la noche,

hacer de la sombra de un árbol

mi residencia permanente.

 

Pero cobarde soy,

un laberinto abandonado en el desierto,

alguien que se resiste a la adultez,

tal como un perro se resiste

a salir al patio cuando sus amos lo echan.

 

La eterna cesante

que siempre regresa a casa

con las manos sucias, pero vacías.

 

Vacía también a veces la mirada

en esta mudanza perdurable que es la vida,

en la que asumo mi material mediocridad.

 

Pues, sí, mediocre soy,

me conformo con poco,

no me entusiasma la abundancia

ni seguir el mandato de una ley

que no es más que un canto

sin nadie que lo cante.

 

Ladrona de misterios

que hunde estrellas en el agua,

una ola arrancada de altamar,

la muerta de hambre

que escribe poemas sobre la mesa para alimentar su fe.

 

“¿Eso acaso le darás de comer a tus hijos cuando seas madre,

   fe e inútiles misterios que no son más que otro invento tuyo?”

“¿Libros y poemas tus hijos comerán?”

 “¡Mejor levántate de tus pensamientos y trabaja!”

 “¿Qué harás,

   perdida hija,

   cuando yo y tu padre ya no estemos?”

El fuego se apaga

 

y una vez más

 

no hay árbol cerca que me pueda dar leña.

 

Después de esas ingratas preguntas

miro a mi madre

como un mendigo

que en vez de pedir dinero

pide un abrazo y comprensión.

 

Lentamente

el fuego de mis sueños se apaga.

 

 

 

SOY UNA CIUDAD SIN PUERTAS

 

Desalojada me siento

de todo orden material.

De pregunta en pregunta,

intentando esquivar el castigo

que encarna mi destiempo.

 

Mantengo, sin embargo,

la esperanza en ciertas cosas

que me permiten esquivar

el gran disparo de la noche.

 

Cansada estoy

de esta irreductible incapacidad

de estar a la altura de lo simple,

cansada de sólo identificarme

con sucesos ajenos a este mundo.

 

Salgo a comprar el pan,

miro las casas aledañas y advierto

que de todos los vecinos de mi edad

sólo yo aún vivo con mis padres.

 

Vuelvo,

pongo la tetera del silencio y me siento a la mesa,

miro la panera que yace a su centro,

veo a mis antiguos sueños

arrinconados detrás de sucias servilletas.

 

Con nostalgia

mis dedos mojo con la bolsa del té

y escribo en medio

de un individual carcomido por los años

unos versos de Massís:

 

Soy una ciudad sin puertas,

un animal que aúlla

envuelto en su gabardina de terror.

 

 

 

 

 

NUEVE DE BASTOS

 

Anoche escuché ruidos,

me dirigí a la cocina

y me encontré con un mago.

Estaba sentado a la mesa,

bebía una taza de leche.

Me senté junto a él.

Un nueve de bastos me entregó,

carta que guardé toda la noche

debajo de mi almohada.

Le ofrecí azúcar,

dijo que no.

Le ofrecí pan,

dijo que no,

pero sí me aceptó otra taza de leche

y que le hablara de la muerte

hasta llegar la mañana.

 
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Publicado por en diciembre 6, 2016 en Chile, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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