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Cráneo #167: Mayra Oyuela

09 Ene

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Mayra Oyuela (Tegucigalpa, Honduras, 1982)

Poeta y gestora cultural, ex miembro fundador del colectivo Paíspoesible y Artistas en Resistencia, actualmente es co-editora del sello editorial Casasola editores y dirige la revista de Cultura y Política Lastiri, co produce el Festival multidisciplinario de arte, (FIMNH) Mujeres Nuevas Historias y el proyecto Polilla Tóxica.

Ha publicado los poemarios: Escribiéndole una casa al barco y Puertos de arribo (Casa de Poesía, Costa Rica)

Ha participado en números festivales de Iberoamérica. Su trabajo aparece en diferentes revistas y antologías internacionales, entre estas destacan: 2017 Nueva poesía contemporánea (Buenos Aires, Argentina); 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (2010) Cantos de Sirenas, compilación iberoamericana de poesía femenina (México, 2010); Puertas abiertas, Antología de poesía centroamericana Fondo De Cultura Económica (FCE) de México; Antología iberoamericana “Barcos Sobre el Agua Natal” (México/España); Dossier de poesía centroamericana nr.16 Poet (Alemania); Hijas de Diablo, hijas de Santo, poetas hispanas actuales, entre otras.

Parte de su obra ha sido traducida al francés, catalán, italiano, alemán e inglés.

 



 

 

1

Vi a una mujer emerger de la piedra
vi a la piedra emerger de la mujer
vi su furia de tierra
su fuga de arena
su derrame de viento nostálgico.
Vi la distancia entre ambas
el abismo de los siglos
la mueca torcida en el golpe seco
de los confines.
Vi la tribulación,
lo cíclico de un mundo brotado de la tierra.
Pero la piedra que brota de una mujer
sabe vencer las masas de tiempo que la acongojan
sabe lijar la fe del agua que labra la hendidura.
Para que sangre la piedra
primero debe sangrar la mujer
para que sangre la mujer
primero debe comer de la tierra
su partícula más imperfecta
y así parir hombres húmedos
que surjan de su polvo.

 

 

 

 

 

 

 

3

A Francisco Ruiz Udiel

La vida duró lo que dura un vaso frío
al salir de la nevera.
La muerte es una soledad que no se cura.
A veces las cosas tristes nos recuerdan que somos tránsito
que somos la posibilidad de dialogar con el silencio
que somos conflicto.
La muerte es un aplauso solitario en el cine
y nos alerta que hay que ir más allá de las palabras
más allá de los altavoces de la nostalgia.
La muerte es un colibrí que ve en cámara lenta todo
y el mundo como tal es otra cosa.
Es un agua llena de furia
empujando con ternura
la barcaza a la orilla del abismo.
La muerte nos descubre otras muertes
con las que debemos aprender
a seguir viviendo.

 

 

 

 

 

 

 

 

4

Cuando la cima queda en el fondo del mar
y el fondo es la cúspide de un universo oculto
que apenas emerge
porque este mundo de paradojas
asemeja la cima de un hombre
que escala a la inversa de otro que se hunde.
Porque la muerte de un hombre
no es sólo la muerte de uno, sino la muerte de todos los hombres.
Porque vivir es la causa
porque en paralelo vamos
dos que se buscan
y están de frente sin verse.
Dos corrientes que en mutuo acuerdo de silencio van
una gota que ronda el cielo
y otra que roza al suelo.
Y el centro de la vida es como un árbol a la orilla de un río
donde las tristezas nunca se sabe
sin son más hondas en sus raíces o en su reflejo.

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