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Cráneo #171: Paola Zambrano Jeria

25 Ene

 

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Paola Zambrano Jeria (Santa Cruz, Galápagos)

Estudió Diseño Gráfico Publicitario en la ESPOL, se ha desempeñado como catedrática universitaria y diseñadora gráfica. Actualmente trabaja como guía naturalista en el Parque Nacional Galápagos. Dedicada a la gestión cultural. Fue tallerista del escritor Miguel Donoso Pareja.
Ha publicado el poemario Suplicio de la horca (2005), fue incluida en el poemario 100 años de poesía erótica de mujeres ecuatorianas de la poeta Sheila Bravo (2006), Antología de poetas ecuatorianos Alianza Francesa 2006, Cuadernos Ecuador Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas 2006, entre otros.
Recibió la condecoración al Mérito Cultural por el Gobierno Municipal de Santa Cruz 2014



 

Del libro inédito INDEFATIGABLE

Heridas mías:

Silben, graznen, no oscurezcan a lo lejos
Vístanse de mi orgullo, no adormezcan
La vergüenza no es más que asientos agitados en medio del abismo
Dancen como pájaros, marquen su nido
Pónganse en las primeras filas de mis tropas

Heridas mías:

Son eternos los estallidos de nuestras armas

( )

Una estalactita anestesiada por la oscuridad

Como un tumor que va a ser extraído,

Espera que suceda un milagro

 

 

 

 

 

 

Permanencia
Me arroje de rodillas sobre esta tierra, sobre el agua salada, sobre los gritos prolongados de la locura, sobre los acontecimientos mediocres que se lanzan para sentir mi caída.

Pero he llegado, cuando el encanto se convierte en un sollozo infantil que precipita las batallas; que no sobrevive a las devastaciones y sueña con flores que nunca han sido bellas, que crecen con las tempestades, donde gente llega sin anunciarse y se bañan en las aguas que el mundo ha abandonado

Luego ya no olemos a nada.

( )

Invoco a los inventores de la moral, que arrebatan la cama a los hombres, miles de cangrejos muertos sobre la playa.

Invoco a los estanques donde hombres inclinan sus cabezas en señal de vida, a los manzanillos que inflaman los ojos de los que no creen, a las viejas y las nuevas generaciones con sus deformidades.

Invoco a la incertidumbre, a los pulpos que se ahogan en puñados de sal, a los buitres que son más humanos, más absurdos.

Invoco a la inocencia que se ha arrojado a los brazos de otro, que la elogia con malas intenciones y no en silencio.

Me invoco a mí mismo que no dejo de parecerme a la vergüenza.

 

 

 

 

 

 

Rio Ígneo

Como una varilla delgada que ataca la pólvora, prevalezco en este círculo imprescindible, convencido, de lo contrario de lo que todos afirman, quebrantando a la fatiga como un animal blando. Me muestro, lentamente, cesando las acusaciones, señalando los límites de mi territorio; deteniéndome en mí obrar, hasta que suceda algo que profane mi memoria.

Me muestro, como una grieta abierta por la lluvia, donde el agua se detiene para aliviar al líquido de este cuerpo, este cuerpo plano, que dejó de ser una costura de tus emociones, que ha padecido cruzando tus recompensas, ha perdido la virtud de morir por sí mismo, ha perdido su ostentación por los conocimientos.

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