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Cráneo #174: Gustavo Campos

15 Feb

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Gustavo Campos (San Pedro Sula, Honduras, 1984)

Es premio Centroamericano de Novela Corta 2016 con la novela El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot, obra que quedó entre las tres finalistas del 1er Certamen Centroamericano de novela Roberto Castillo. Ha publicado poesía, novela y cuento y elaborado antologías. Sus libros son Habitaciones sordas (Letra Negra; Guatemala, 2005); Desde el hospicio (HN, 2008); Los inacabados (HN, 2010); Katastrophé (HN, 2012); Entre el parnaso y la maison. Muestra de la nueva narrativa sampedrana (HN, 2011); Cuarta dimensión de la tarde. Antología de poetas hondureños y cubanos (Coedición, HN, 2011); Tríptico del iris de Narciso (2014). 3er y 2do lugar en el “Premio Nacional Europeo Hibueras”: en relato con Los Inacabados (2006) y en poesía con Tríptico del iris de narciso (2013), respectivamente, patrocinado por las Embajadas de Francia, España, Italia, Alemania y la Delegación de la Unión Europea en Honduras.

Incluido en las antologías: “Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana” (Sergio Ramírez; Fondo de Cultura Económica de México, 2011); en “4M3R1C4 2.0” Novísima poesía latinoamericana. 40 Poetas representativos de América Latina nacidos entre 1980 y 1990 (Héctor Hernández Montecinos; México, 2012); Voces de América Latina (Comp. María Palitachi; Texas, USA, 2016); Voces de América Latina III (Comp. María Palitachi; Texas, USA, 2016)  y en Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana (Comp. Sergio Ramírez, GEICA y Goethe Institut Mexiko, 2014) y su edición al alemán Zwischen Süd und Nord. Neue Erzähler aus Mittelamerika (Entre Sur y Norte. Nuevos narradores de Centroamérica.) (Sergio Ramírez; Unionsverlag, Zürich, 2014). Han sido incluidos poemas suyos en la Revista Caravelle (Université de Toulouse 2 Le Mirail. Francia. 2011) y en la antología homenaje a Raúl Zurita en la revista La Galla Ciencia (N. 6, España). En 2010, invitado a participar en el proyecto “1975”. Antología-catálogo del futuro de la literatura en español. 50 autores representativos de la producción literaria joven de América Latina y España, por el escritor y crítico Jorge Carrión cuyo objetivo de la selección era hacer una antología del futuro de la literatura en español.” Dentro de su selección desfilan nombres importantes de la literatura actual: Elvira Navarro, Rita Indiana, Santiago Roncagliolo, Rodrigo Blanco, Rodrigo Hasbun, Alejandro Zambra, Lucía Puenzo, Gabriela Wiener, Paula Piedra, Ana Harcha, Andrés Neuman, Maurice Echeverría, Eunice Shade, entre otros.

Traducido parcialmente al francés, alemán, inglés y portugués.



Y abandoné los grandes edificios

a mí me dijeron que podía hacerlo
que sería grande
que escribiría verdaderos versos
versos de calidad innegable
versos arrancados del ser humano
y que saldría volando
que podía hacerlo
y me iniciaron
alcé vuelo y tropecé en las ramas
el sol me devolvió de una vida ensoñada
me usaron
se rieron
y decidí convertirme en un pequeñodioscobrasalarios
y me dijeron que podía hacerlo
que sería un gran obrero
pero que debía esforzarme
que olvidara a Baudelaire y lo que pensaba Bataille
que todo lo que se piensa es en balde
y no es nada
sólo sueños
hacé las de Rimbaud
y tampoco pude enraizar mis pies al ras del suelo
y decidí escribir y abandonar las frases ornadas
y el espejo de esas frases
me aburrieron los versos familiares
y esa tendencia tonta de integrarse a un canon
y pensé
a la poesía ya no le hace falta reinventarla
sus máscaras han sido agotadas
y abandoné los grandes edificios
y las sombras y pensé en Girondo
unos ingenuos vieron a la poesía como puta
e hicieron chillar las frases
el poeta debe abandonarse
inventar su historia
dejar las brumas gallos ríos y laderas descansando
para el tratado de flora y fauna
no hacerse el mártir
ni hacerse el erudito geólogo y teólogo
no hablar de mares ni de cosas diversas
no hablar de flores y aquello que se le parezca
dejar de torcerle el cuello al cisne al cuervo al gallo
y a la amada dejarla plena por fin sexuada
nada de versos románticos ni de llantos y alboradas
la poesía si es así es accesoria innecesaria
es nada cuando sólo está hecha de palabras
es nada cuando sólo es un tratado de gramática
es nada incluso cuando te la dan deshilachada
el desencanto es también tendencia herrumbrada
hablar de patrias y de amor a la patria
no hay que fingir tampoco ser el Papa
la poesía sólo sacia por segundos
de un libro de poemas sólo se recuerda un verso o una palabra
incurro en todos los defectos de esta fábrica mal remunerada
pero ya no importa
no tengo chamba
y celebro mi hambre
que vivan mis pequeñas alas de gigante

 

 

 

 

 

 

 

 

Q20

No soy más poeta, sino un hombre.
Seguid mi construcción entonces.
[…]
Escarabajo azul.
Las lágrimas son libres.
Y la sonrisa es tuya como un campo libre.
Y el amor es tuyo en este valle de muerte.
Escarabajo azul.
La poesía muere cuando muere alguien.
Las avenidas van y vienen.
En el tiempo convergen las calles.
A cien metros la cantina. A diez metros la muerte.
Escarabajo azul.
Es cierto, la poesía cuando no muere tiene guantes forenses.
El moderno edificio ¿Sabes dónde se esconde?
Diríase que en una ciudad se protege el misterio.
Como el tiempo que está sin tiempo.
Escarabajo azul. Escarabajo.
Las pestañas crujen como robles.
Escarabajo azul. Escarabajo.
Deja que los hombres conversen.
Un lirio desciende.
Y es mecido por su madre en el viento.
Bajo el sol yacen los cuerpos.
Bajo el sol se hunden.
Aquí sólo la noche florece.
¡Ah! ¡Las nuevas calles…!
Es preciso recordar que donde
un hombre muere,
estuvo la mano de otro hombre…
Las pestañas crujen como robles.
Un lirio es mecido por su madre en las afueras del valle.
Escarabajo azul. Escarabajo negro.
Una montaña nos vigila con sus árboles.
La noche se hunde en los bordes de la muerte.
Se hunde en lo profundo del instante.
Escarabajo azul. Escarabajo negro. Gris es el nombre.
Recordemos el abrazo sólo cuando es preciso recordarlo.
¿Nos bastan nuestros ojos para creer en el milagro?
¿Nos bastan para cargar un hombre?
Los lirios descienden en el valle.
Descienden. Escarabajo azul. Y más escarabajos.
Cruel es la poesía y cruel la cruz.
Las lágrimas son libres.
Pero tu sonrisa no.
Ya no es tuya como un campo libre.
La pérdida es la otra sombra que envuelve al hombre.
Como robles crujen.
Se rompen como robles. Se rompen las pestañas.
La ternura es un lago limpio y el viento ha sangrado.
Pero el tiempo tiene la otra mano de la muerte.
El sol muere y las hojas mueren al morir un pájaro.
El hombre es ausencia.
La corbata guía al hombre al automóvil y el timón lo guía hasta su casa.
Su casa es como la muerte.
Una gota se abalanza. Ya viene. Ya viene. Descansa.
Los escombros corren calle abajo.
Calle abajo está la muerte.
Las mujeres mueren a manos de un borracho.
La avaricia se cuece en la humedad.
Escarabajo azul. Escarabajo negro.
El edificio es más grande que la sombra, pero más débil.
Viene para abajo. Ya viene.
La sombra asola la música que se mezcla en las calles.
La madre camina con sus pies de mármol la desesperanza.
Y los lirios descienden. Caen.
Y el niño es mecido como un edificio que se cae.
Catástrofe. Azul escarabajo.
Es cierto, la poesía muere cuando muere alguien.
Pero por lo menos deja que los hombres conversen en las calles.
Sic. […]
Amo, creo y espero;
y poesía, no destrucción, necesita el hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde el hospicio

Me alimento de poetas
que fracasaron en su vida,
de aquellos que prefieren un verso
a los labios de la mujer que aman.

De los que construyeron a la orilla del mar la fe,
como de la soledad su tumba. De aquellos a los que no dije:
las esperanzas son un laberinto disfrazado de atajo.

De a quienes les soplé una órbita de tristezas
y quedaron atrapados
en el centro del misterio, como dentro de un remolino.
De esos me alimento.

Soy bestia: lanzo pecados.
Derribé gigantes en la era de David.
Convertí en monstruos los molinos
y las piedras en pan.

Soy el sol que entra en los humanos,
y después, cuando ha recorrido su cielo,
les deja un monstruo por ocaso.

Escojo, al azar, poetas
y los convierto en tristes o exultantes.

Me alimento de poetas
porque ellos creyeron que me hacían cuando sólo fueron mi reflejo.

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