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Honoris Cráneo #8: Héctor Hernández Montecinos

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Héctor Hernándes Montecinos (Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Letras Hispánicas (P. Universidad Católica de Chile). Termina un Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte (Universidad de Chile) y otro en Literatura (P. Universidad Católica de Chile). De su proyecto total en tres partes, Arquitectura de la Mentalidad, que supera las dos mil páginas, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Es el compilador de 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Santiago: Ventana Abierta, 2010) y Halo: 19 poetas nacidos en los 90 (Santiago: J.C. Sáez editor, 2014). Ha aparecido recientemente en El Canon Abierto. Última poesía en español (Madrid: Visor, 2015) como uno de los 40 poetas “más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”.



 

 

Galicia 747

Tengo un itinerario de aves en este cuarto. No
veo más allá de las canciones
que entran por la ventana. No existe
nada aparte de hormigas y pasto afuera.
La soledad agudiza
los sentidos a niveles insospechados
pero también el sinsentido de las distancias y los recuerdos.

El tiempo pasa más rápido que el sol
sobre el techo de esta casa, huye
hacia otro pueblo de palabras entrecortadas: heridas,
sudor y a lo lejos el mar.

Nada se mueve sin mi mirada
eso pareciera decir el silencio en mi cabeza
pero no es tan así.
Precario es todo lo que pueda tirar
al punto de fuga de la invisibilidad.

No hubo amantes ni homicidios,
sin sangre siempre parece ser mediodía;
pocas visitas y fiestas frente al espejo
el paisaje sucumbe ante la atracción de las olas
que alguien sueña en el deseo.

Soy una cama en el suelo, una silla y una mesa plástica
y la vida es generosa.
La ropa se ensucia, los papeles acumulan tinta,
la piel en mí aburrida espera el veneno.

Acá la rotación y la traslación parecen no existir
más que para mosquitos y zancudos
que cantan a los átomos de que se alimentan.
Dentro mío otros pueblos han hecho panal,
en lo hondo y oscuro que es uno consigo mismo
estrangulado por el eterno retorno.

La austeridad es un enigma
que de tan pulsión
no se puede explicar en estas fronteras.

Estoy despierto a estas horas y hace frío,
el cuerpo no basta, se rompe
busca una ruta pero todo se aleja.
Nadie más vive en estas calles. Se fueron.
Quedan sus nombres que son nombres de ciudades:
Ruinas. Ruinas. Ruinas.
Ningún dios está dentro de nada.

El océano y la música se siguen oyendo
y ninguno de los dos existe. Tarareo con ellos
lo impecable del espejismo en el cual
alguien se tiende junto a mí.
Retengo mi semen en la mano
para que no sea el último en dejarme esta noche.

Creo que desamparo es la palabra,
desamparo y rencor.

Villa de Álvarez, 6 de febrero, 2013

 

 

 

 

 

 

El Fin

I

El color de los cuerpos
que caen juntos
en una misma cama
como si la trampa
hubiese estado dispuesta
hace años
en esos granitos de arena
en los ojos de los ojos
en una playa en el sol
en unas rocas en la luna
o las nubes de una galaxia
girando a todo calor
debajo de la piel.

Esta piel.

El color de los cuerpos
que se desean
bajo una misma noche
en un secreto
que de tan secreto
es una nueva luz
pero a la vez
una nueva oscuridad
entre otras piernas
que caminan hacia acá
entre las sombras
de una ciudad en ti.

Esta ciudad

Ése es el secreto.

Ése es el límite
de tu aproximación
y mi caída.

Es la pregunta
de si mañana
amaneceremos juntos
en un mundo sin mañana.

 

II

Te observas en el mar
como si fueras a lo lejos
el horizonte chiquito
de tus ojos
que rehúyen su propio reflejo
su propia luz
su propio anochecer.

Los barcos dices amar
y esos barcos eres tú
siguiendo la línea
que dejan las estrellas
sobre su desaparición.

Cada nuevo detalle del cosmos
lo haces tuyo
y lo ofreces sin palabras
a un dios
que también es mi dios
pero del cual desconocemos
sus colores
su saliva
su luz profunda y su pena.

Un dios sin amanecer
como esta brisa
que rasguña mis labios
con la sal
en que se han convertido
los muertos
de este deseo.

Las olas rompen en ti
como los años en mi cabeza
como las noches que pasan
entre nosotros
y no nos ven
en el vértigo de verte durmiendo
en el fondo de los corales
que no me dejan respirar
la vergüenza.

Sangro de a poco
sobre este cuaderno
me enfrío de blanco las manos.

Las estrellas allá
huelen a piel y sal.

Todo lo que es polvo
acabará esta noche
en mí.

 

III

Alejas cada rincón
cada meteoro
entre tu cielo y el mío
huyes del monstruo
y del fondo del mar
que ves en mí
cuando te ves al espejo.

Nos reflejamos
y no sabemos qué hacer.

Deseo y miedo
es un mismo dios.

Una misma caverna
y una misma isla.

Uno que muere cada día
cada noche
en cada naufragio.

La renuncia es otro placer
uno para desconocerse
en medio
de las ráfagas de muerte
que la historia trae consigo
sobre la geografía.

 

IV

Desbordas luz y no te das cuenta
quieres enterrar tu corazón
en el fondo del bosque
donde vives tú
entre los árboles
que le roban el terciopelo
a las constelaciones.

Te asesinas cada noche
y tus ojos aparecen detrás
de esas montañas al amanecer.

No son montañas
es el porvenir
de tus manos.

Estás dentro de mi nombre
y eres yo mismo en el futuro.

El amor sólo es posible
entre cadáveres.

Lo sabemos.

Pocos metros quedan
para que pasemos juntos
una eternidad
una eternidad
hasta la estrella de la mañana.

 

V (epílogo)

Amaneció
y la noche cósmica
ya no es más.

Ciertamente un cadáver
se despide de mí
el mismo que se frotó en mis ojos
cuando en un momento pensé
que el mundo entero era un momento.

El nuestro.

Ya no es más.

Todo ha desaparecido
con el óxido de un mar de acero.

Todo ha desaparecido
y alguien sonríe en otro país.

Ése era el secreto.

Todos los sabían menos yo.

Santiago, 21 de febrero, 2015

 
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Publicado por en marzo 22, 2017 en Chile, Honoris Cráneo

 

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Cráneo #175: Felipe Machmar

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Fotografía de Maximiliano Tempini



Felipe Machmar (Coyhaique, Chile, 1994)

Es un poeta que comenzó a escribir en 2010, participando en variadas lecturas desde entonces. Ha publicado los poemarios: Paulette con prólogo escrito por Juan Cameron (2014) y Asesinado, muerto y suicidado con prólogo escrito por Federico Zurita Hecht (2016). En 2017 se encuentra trabajando en una Antología de Poesía Joven Chilena junto a Simón López Trujillo y retrata un poemario muy personal que llamará Etcétera.



 

 

ETCÉTERA

mi -eterna- etcétera
no caduca en los ojos De
mi madre
ni en las manos de mi abuela
aferradas al aire
ni en nuestro
corazón
inmóvil -aunque- con un eterno flujo
sanguíneo

por supuesto
nosotros somos dos cuerpos

así los fluidos de dios
quien llora
desahuciado De felicidad
sobre nos otros

no es salado su llanto obligadamente sincero
sino dulce como los Elíseos
absoluto e imperfecto es dios
despiadado con quien sí puede mentir
un extraño golpe
dn la vida
un beso profundo bajo Cuatro y luego
siete soles
una avalancha
en su Cielo

no hay sal para este plano
pero dios puede hacerlo
mas
no disfrutar de ello
ni tener nos
en su corazón
como te tengo
etcétera
por mucho que lo intente
y dé vida
ininterrumpidamente
para mantenerte vivo en mí
y así en él

no me importaría quebrar el espejo del cielo
para recuperarte si te olvido

las personas que se abrazan
desDe el cielo parecen rosas
y todas las rosas de caSa están
con la tierra hasta el cuello como una corbata
nuestros brazos extendiéndose
de maneras incómodas
haciendo sentadillas en <<ocasiones importantes>>

a un dios escalofriante
que me obliga a perder mi camino
palpando mi latir árido entre sus suaves dedoscuchillos fosforescentes
de arrepentidas serpientes que cambian el pellejo
siendo piel y amabilidad
hablando con las bestias que prometí asesinar
oyendo Sus calvarios las tomo en mis dislocados manos
que las pierden y perdiéndose
en el sueño que duerme la Estación
al oírme batir la orilla de un cuenco y un amable lago
me perdonas
etcétera
bajo un sepulcro
que anhela ser griego

 

 

 

 

 

 

 

 

ET

etcétera
tu cabello es blanco
tu barba es blanca
no tienes bigote
para que también sea blanquecino
etcétera
pero sí una marca negra
probablemente
un corte
en ese
tu rostro
azul desde el cielo

San Tiago
no sé si vuelvo
eso lo sabrás tú
que llevas muchos más
años que yo
conmigo

en cuanto más te alejas
de donde
comenzaste
envejeces y te derrites
el cielo
contigo ahí
vuelve a ser una dilatada camilla
de sueños imposibles
que encienden tus ojos bilingües
de dos azules al tercer pinchazo
un azul
claro y
otro todavía más claro

etcétera
¿en qué lugar de tus ojos de tu Cielo preciso el corte?

me he elevado
demasiado
más allá de las ideas y las nubes

¿aGua?
los lagos y los ríos
son extensos jeroglíficos
en el
sur

y la tierra
más que construida
parece rota
ajada    varios trozos de género esterilizado
por la civilización
diluida en

la fe
sin migajas de luz
en el mostrador plateado
de esta frustrante inmensidad
regida por tiempO [dibujar un reloj en la letra O de <<tiempo>>]

diviso las nubes
encima
de las que evavivistediste
confiando tu destino
a una mano
sin árboles

bailaste y
prontamente corriste
del aullido salvaje
un seguro eco en el tiempo

dirigiéndote directo
adonde la bestia
no dejaba de despertar
ella tendió
hacia ti
una mano
tú regalaste ambas
y para ella las juntaste

dios y su sistema
no te dieron la liberación que tanto
ansiabas
etcétera
sino un trabajo
y te aprisionó en Este cielo
como un mito

el viento te ama
la brisa te ama
son tus padres
de él solo eres bastardo
et
cétera

y desDe
entonces
vagas buscando un final
un principio

eso no lo sabes tú ni lo sabré yo

la nieve congela tus indefinidas
EXtremidades
mientras con un cincel armas tus piernas
que a diferencia de
etcétera
no tienen várices

no sé qué pienso
ni qué escribo
mi alma y sus huesos
te esquivan
delatando que tú no EXistes
pero no les creo

yo
nos otros
no creemos en Nada ni Nadie

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CETERA

¿acaso logras oírme?
tú, ustedes, quienes seamos ¿todavía existen?

no serían los primeros, tranquilos.
hablo con los muertos
hace dos decágonos, etcétera,
en la Casa de los Muertos,
donde la mayoría de los zumbidos son pájaros
en la eterna madrugada y, la electricidad,
perdiéndose en el fin, escribe la marea estelar.

todo lo que escribas, Dios,
puede ser y fue,
pero no será, aunque vendas universos de segunda mano que, evidentemente,no pueden multiplicar más elefantes ni fuego
en Cartago,
quienes en seis diez
tuvieron que desvelarse con el molesto gorjeo
de las moscas.

Dios, con floja honestidad,
tú dirás,
etcétera, propuso una
desquiciada fantasía, a la cual un terapeuta ultraterreno
cortejó con milagrosa hambre,
‘’¿son esos todos los elefantes que puedes multiplicar,
etcétera?’’
mofándose en su cara, la sordera del dios que es todos los dioses,
etcétera, riendo eternamente;

en tus restos,
etcétera,
recordarás que faltan por probar
todos los cielos,
nuevamente.

sobre la Biblia,
pero no acerca de ella,
encuentras abierto mi relicario,
sostenido por el deterioro de la madre plata,
serpentina cadena
de todos los inmortales,
cuyas puertas, siempre abiertas,
tiemblan de aterradora
manera.
el relicario muestra a la misma persona,
dos fotografías cortadas en
imperfecto redondel,
de distintos tonos incoloros y,
distintos rostros,
recordarás también, tú, conmigo,
memoria del mundo azul.

personaje unánime,
etcétera, es lo que quise ser en esta vida,
si me dejabas sobrellevarme.
en la parte blanca del ojo,
sosteniendo un nombre,
que para mí no existe, dos lunares,
bajo el sol café que es luz para sí mismo,
mas no para mí;

la templanza de mis gritos,
el
-‘’ex
cet
e
ra’’-
gratificante canto
de todos los demás gritos,
o –oh-, piel medianamente negra,
sostén mi mano
en la multiplicidad de la tuya, despójame lentamente,
no merezco este sufrimiento,
he votado en el parlamento de tus azahares sin pedirle, a la historia,
permiso. adrede, lo hago, no puedo
detener mis deseos, me emociona el llanto
de la madre herida,
no pude, entiéndeme, esta invención tan iksageradamente
necesaria detener.

 

 
 

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Cráneo #169: Marcelo Nicolás Carrasco

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Marcelo Nicolás Carrasco (Santiago, Chile, 1999)

Ha participado en diversas lecturas y actividades literarias, tales como el Ciclo Poesía Constituyente y el encuentro Haremos desaparecer el miedo. Autor de Catalepsia (Piélago, 2015). Trabaja en un segundo proyecto escritural.



 

 

Prefacio

No me pregunte cuántos años tengo
ni me comente
que soy demasiado joven
y que las cosas cambiarán.
Cuando la sangre inocente
se derrama en la palestra,
los poetas fingen ser estúpidos:
Se dedican a retratar
mujeres y paisajes.
Afírmese los pantalones.
Porque somos dos palabras
de conjuros diferentes.
Encienda los noticieros,
capte las edades
de quienes los protagonizan.
Ahora que me ha entendido,
tiene derecho
a guardar silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Volverán

Diles que me perdí en el parque, mamá. Que no regreso.
Que de tanto tironear perdiste el brazo y el horror
salía a borbotones de tu hombro.

Me morí.

Si preguntan  -que lo dudo- diles que era un laberinto
de animales de concreto:

Una jirafa

Un cocodrilo

                                                                       Un elefante.

Eran sombras. Más oscuras que la vida. En un rincón.
Eran como almas de animales de concreto.
Como infancias rotas   de concreto    rotas.
Como rotas cláusulas de pactos innombrables.
Como nombres clausurados en el pastizal del parque.

Me llevaron. Di que me llevaron. Que no fue tu culpa.
Hazlo parecer una mentira. Así te creerán
y nos veremos en las noches, madre.
Tú conmigo. Yo contigo. Tu. Mi. Yo. Tú.

A través del enrejado trae lápices   papeles    formas
y colores.
Para que yo salga fuera aunque no salga.

Me quedé jugando diles, con los animales
con los árboles.
Que raíces me salieron en las piernas.
Que luchaste. Que intentaste. No pudiste.
Me quedé jugando diles, con mi cuerpo
con tu llanto.
Dando vueltas en la rueda. Con los niños.

Cuando mis hermanos crezcan les explicas,
se los cuentas.
Diles que a las 7.30 -al otro día-  se abre el parque.
Cuando vayan por sus hijos me hallarán jugando.
Cuando vayan por sus hijos. Volverán.

 

 

 

 

 

 

 

 

X

La fuerza de una fuerza.

De qué fuerza.
Preguntarle a los objetos y encontrar pregunta
que preguntan otras cosas.

A otras cosas.

Otras tantas.

Este lugar ha sido construido por el hombre.
Este lugar no ha sido construido para el hombre.

Estas cosas no son estas cosas.
qué preguntas    qué encontrar    qué fuerzas

El paisaje es una imitación de lo que quiso ser.
Su réplica.
No es la proyección en el principio.
En qué principio. De cuál ciencia.
El paisaje es lo que quisieron que no fuera.

 
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Publicado por en enero 14, 2017 en Chile, Poetas de los 90's

 

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Cráneo #161: María Paz Valdebenito

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María Paz Valdebenito (Santiago de Chile, Chile, 1987)

Escritora e investigadora independiente de asuntos socioeconómicos latinoamericanos. Ha sido publicada en diversas antologías poéticas (Chile, España, EE.UU, Ecuador) y ha obtenido algunos reconocimientos de carácter nacional e internacional, entre ellos, Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral, género poesía (2007), Primer Lugar Concurso de Cuentos Breves, Universidad Tecnológica Metropolitana (2007), Premio IX Certamen de Creación Literaria Juvenil Poeta García Gutiérrez, España (2015), Primer Lugar 25° Concurso Literario Escritores para Chile 2016.



Las viejas casas no son eternas.

                         C . Kavafis

¿LIBROS Y POEMAS TUS HIJOS COMERÁN?

Hace tiempo

esta casa dejó de ser mi hogar.

Mi único rincón en ella es el silencio.

 

Quisiera salir a las calles

sin temerle a la noche,

hacer de la sombra de un árbol

mi residencia permanente.

 

Pero cobarde soy,

un laberinto abandonado en el desierto,

alguien que se resiste a la adultez,

tal como un perro se resiste

a salir al patio cuando sus amos lo echan.

 

La eterna cesante

que siempre regresa a casa

con las manos sucias, pero vacías.

 

Vacía también a veces la mirada

en esta mudanza perdurable que es la vida,

en la que asumo mi material mediocridad.

 

Pues, sí, mediocre soy,

me conformo con poco,

no me entusiasma la abundancia

ni seguir el mandato de una ley

que no es más que un canto

sin nadie que lo cante.

 

Ladrona de misterios

que hunde estrellas en el agua,

una ola arrancada de altamar,

la muerta de hambre

que escribe poemas sobre la mesa para alimentar su fe.

 

“¿Eso acaso le darás de comer a tus hijos cuando seas madre,

   fe e inútiles misterios que no son más que otro invento tuyo?”

“¿Libros y poemas tus hijos comerán?”

 “¡Mejor levántate de tus pensamientos y trabaja!”

 “¿Qué harás,

   perdida hija,

   cuando yo y tu padre ya no estemos?”

El fuego se apaga

 

y una vez más

 

no hay árbol cerca que me pueda dar leña.

 

Después de esas ingratas preguntas

miro a mi madre

como un mendigo

que en vez de pedir dinero

pide un abrazo y comprensión.

 

Lentamente

el fuego de mis sueños se apaga.

 

 

 

SOY UNA CIUDAD SIN PUERTAS

 

Desalojada me siento

de todo orden material.

De pregunta en pregunta,

intentando esquivar el castigo

que encarna mi destiempo.

 

Mantengo, sin embargo,

la esperanza en ciertas cosas

que me permiten esquivar

el gran disparo de la noche.

 

Cansada estoy

de esta irreductible incapacidad

de estar a la altura de lo simple,

cansada de sólo identificarme

con sucesos ajenos a este mundo.

 

Salgo a comprar el pan,

miro las casas aledañas y advierto

que de todos los vecinos de mi edad

sólo yo aún vivo con mis padres.

 

Vuelvo,

pongo la tetera del silencio y me siento a la mesa,

miro la panera que yace a su centro,

veo a mis antiguos sueños

arrinconados detrás de sucias servilletas.

 

Con nostalgia

mis dedos mojo con la bolsa del té

y escribo en medio

de un individual carcomido por los años

unos versos de Massís:

 

Soy una ciudad sin puertas,

un animal que aúlla

envuelto en su gabardina de terror.

 

 

 

 

 

NUEVE DE BASTOS

 

Anoche escuché ruidos,

me dirigí a la cocina

y me encontré con un mago.

Estaba sentado a la mesa,

bebía una taza de leche.

Me senté junto a él.

Un nueve de bastos me entregó,

carta que guardé toda la noche

debajo de mi almohada.

Le ofrecí azúcar,

dijo que no.

Le ofrecí pan,

dijo que no,

pero sí me aceptó otra taza de leche

y que le hablara de la muerte

hasta llegar la mañana.

 
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Publicado por en diciembre 6, 2016 en Chile, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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Cráneo #150: Fanny Campos Espinoza

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Fanny Campos Espinoza (Santiago, Chile, 1980)

Poeta, editora y abogada. Bachiller en Ciencias Sociales y Humanidades (PUC); Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales (U. de Chile). Diplomada en Edición y publicación de libros (PUC). Con sus proyecto “Secuelas” y “Quince años y una noche”, obtuvo en 2014 y 2016, respectivamente, la Beca a la Creación Literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Ha publicado los libros Hystera Hystrión/Útero-Máscara (Primera Secuela) (Ediciones Balmaceda, 2015); Inclinación al deseo y al caos (Campos, F; Castro, K;. y Saldaño, M., Ediciones Balmaceda, 2002), obra financiada con el premio Mustakis para Jóvenes Talentos, y en el proyecto colectivo Desencanto Personal (Editorial Cuarto Propio, 2004); más las plaquettes Castillos Medievales en la Ciudad (Editorial Andesgrund, 2013), Divas. Blanco y Negro sin ángeles azules (Campos, F y Castro, K, Ed. Punto G, 2014), País de Incestos (Ediciones Punto G, 2015); y como poeta y editora participó en las plaquettes colectivas La Nova Nueva Novela (2015), Descerrajando y Palabras Escondidas (Varixs autorxs, Ediciones. G, 2016).

Ha sido invitada a participar en diversos festivales de poesía y performance, nacionales e internacionales. Actualmente, dirige Ediciones Punto G, y finaliza su poemario 15 años y una noche, también sobre violencia de género.

https://www.facebook.com/edicionespuntoG

http://edicionespuntog.blogspot.cl/



Madre  por un rato

un joven de pensamiento mágico
reclaman ser nostradamus latino
y mi ojo    su biblia
en el parque jugamos como niño
(o decimonónicos chicos románticos)

No me gusta ser su madre
pero a él le gusta ser mi hijo

lo miro            desde arriba
mirarme desde abajo
pidiéndome
por enésima vez
relaciones incestuosas.

***Texto tomado de Hystera/Hystrión. Primera Secuela (2015 )

Nunca hablé de infancia/porque no me dejaron tenerla  

Alguien habló de la razón del odio/a mi padre en un juzgado/ Él dice que ella/ ella dice que yo/ Nunca dicen mi nombre/porque tengo todas las nombres

Puedo ser María/ virgencita de siete velas eclipsadas/ siete / ocho / nueve/ diez/ once/ doce/ Me obligaron a los trece/ a jugar con muñecas de carne/ desnutrida/ pedazo de hermanastro/ mijito predestinado al SENAME

Papá dijo tu culpa/ tú dijiste cuerpo desnudo sobre fecas/ nosotros nunca dijimos nada/

los niños guardamos tumbas en las bocas// Yo tengo once/ cristos oscuros/ eclipsando las velitas/ de la torta más amarga que he comido

Soy Belén  Joselyn  Camila/ sobre mí se parió al hijo de mi padrastro/ de mi padre/

de mi abuelo/ de todos los hombres de la casa/ del vecindario

“Será una muñeca   la acunaré entre mis brazos”/ Será una muñequita  la acunaré en mis brazos/ si es que me vuelven a crecer/ jugará bajo el agua con las niñitas muertas que dejaron los abortos clandestinos/ o los partos auspiciados por el ministerio/ y el sacerdocio

Siempre hay alguien que espía/ todos los partos son espiados/ por eso esta vergüenza de parir engendros/ que se arrojan al zanjón

En la moneda sonríen a las cámaras/ frente a mi “madurez” Candy de retail/ en las redes/ atrapan mis reglas/ las quieren convertir en posta molida/ A mí me lo empezaron a meter antes

Parece que nací para esto/ a temprana edad comencé a expeler/ un fuerte olor a hembra/ juguete de carne violencia/ Veinticinco kilos/ de caderas estrechas/ de tetitas incipientes/ listos para perpetuar mierda

¿Y qué es parir? ¿qué es la dictadura?/ ¿qué es esa disonancia?/ ¿duele tanto como una erección?/ ¿duele menos que el desprecio/ de una madre?

“Si dices algo mataré a tu mami”/ Si dices algo mataré a tu mami/ A penas hablé me quedé huérfana/ Nací huérfana/ y tu hija   abuela    me culpó/ parir perras grita por tres chauchas

Treinta y ocho violaciones cada veinticuatro horas/ por los siglos de los siglos/ en este país de incestos/ Más de ocho millones quinientos trece mil trescientos veintisiete/                                                                                                                 úteros esclavos.

Antes de esta muerte

aprendí a comer lo mismo que mis gatos
sobras encontradas entre basura y maullidos
huele mal  huelo mal
aún antes de ser cadáver olía muy mal
tan mal como desde siempre mi país hiede
pero desde hace cuatro décadas
con ese olor a genital quemado

yo al menos de vez en cuando
me daba baños de lluvia
desnuda en mi patio trasero
aún lo hago sobre las baldosas del 29
entre los NN del psiquiátrico
y la marejada de detenidos desaparecidos

no pudieron quitarnos
la vieja costumbre
de beber el agua de lluvia

En cambio Chile no sabe de higiene
Democracia eau de toilette
sobre el mismo olor
a derecho chamuscado
a vagina acariciada por ratones
un amor verdaderamente reinventado

Rimbaud tenía tantos  piojos
como los que escosen mi cuero cabelludo
mil novecientos setenta y tres piojos
multiplicándose año a año
junto a las larvas en mi piel

las liendres son iguales en todas partes
pero las mías no dictan poemas sino plegarias
porque metiéronme la cruz un par de veces más
que al sopeado corazón vagabundo
y yo no encontré la pintura
exacta de cada letra de mi nombre
porque ni siquiera recuerdo el que me dieron

impedir que me ojearan nunca fue posible

no alcanzó Rimbaud a perder la misma cantidad de dientes
a mí desde los quince ya no me quedan molares
pese al tiempo su cadáver aún conserva unos cuantos

en mi exhumación sólo verán polvo

la mayoría de los nacidos sobre el lodo
no conocemos ancestros
diluida la sangre indígena
ninguna dentadura puede
permanecer aferrada a un vacío

nos seguirán privatizando los dientes

soy el fruto de la violencia patriarcal
a la que confundo una y otra vez con amor
pues las malditas liendres deliran en mi oreja
esa plegaria genética social adherida
a la placenta barata de las madres
tan ausentes en su obstinada presencia

en vez de salvarnos nos esconden
tienen sus instintos atrofiados
porque también les han metido cruz
en medio del miedo
para que sus úteros
perpetúen
cada una de las piezas
del rompecabezas
del rompreconciencia
del rompeverdaderoamor

con suerte parirán esquizofrénicos como yo
la mejor condena mientras no se rompan los eslabones
de ese ADN  sin memoria ancestral emigrado a la periferia

Esconden a sus críos
pero los más pequeños no me temen
aún creen en sus propios cuerpos
ríos desembocando en el mar colectivo

nada más revolucionario que la mirada de los niños

Ahora volverán a matarme y a nadie importará
como se mata en México a los estudiantes
como se mata en la Araucanía a los mapuches
como se mata a los palestinos en Gaza Lo sé
porque ya he muerto muchas veces
y nunca ha sido por causas naturales
por eso revivo cada vez. Porque me juré jamás morir
de femicidio
y he tenido que resucitar mi cadáver infinitas veces
para cumplir mi palabra.

***Textos tomado del proyecto Esperpéntica. Segunda Secuela. (inédito)

 
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Publicado por en octubre 12, 2016 en Chile, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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Cráneo #145: Víctor Quezada

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Víctor Quezada (Antofagasta, Chile, 1983)

Ha publicado los libros de poesía: Veinte (2004), Muerte en Niza (2010) y Yoko (Libros del Perro Negro, 2013), además del relato bulto (Libros del Perro Negro, 2016), el libro de ensayos Contra el origen (Marginalia Editores, 2016) y el conjunto de narraciones Compost (2013 -), disponible en www.compostlibro.org.



 

UNA SOMBRA PUEDE MUCHO MÁS QUE UN HOMBRE

Me detuve sobre las blancas arenas. Tengo que lavarme la cara y las manos para quitar el sudor que cierra mis ojos, la cabeza y los pies hasta los talones. Tengo un cansancio tan
grande, un miedo tan grande, quiero tanto dormir.

Los hombres de la carretera me ofrecieron mujeres a cambio del ardor en mi pecho.
Trataron de seducirme con sus drogas recreativas y sus juegos, pero nada sabían del
movimiento de los astros, no conocieron el interior de mi corazón. Todos fueron una amenaza para mí.

Solo, fui más allá de los rieles donde la sombra comienza, froté mi rostro y las manos en estas blancas arenas.

 

 

 

 

 

 

 

YO QUERÍA UN POEMA QUE COMENZARA CON CIERTO PASAJE DEL QUIJOTE

Y el poema comienza con la sobrina, cuando esta le espeta a Alonso Quijano, Quijada o Quesada: apostaré que si fuera albañil construiría una casa como una jaula.

El poema transitaría por la identidad entre casa y cárcel: con el Quijote en la jaula escoltado por el canónigo, como Pound, pero ya basta de Pound, la usura o la insidia.

O con Yorick burlándose de su propio cautiverio en la Bastilla: pues este no es más que el nombre con el que se designa una torre, y una torre es una casa de la que no se puede salir, así de simple.

El poema rondaría aquella reclusión, se esforzaría en manifestar que el viaje demora, regodeado en describir la trayectoria del sol: signo del tiempo y la contienda, la odiosidad de la luz, el absurdo de la existencia.

Por ahora, el poema se abre con la imagen de una casa cercada, de una casa a la que es 41 tan difícil entrar como salir, y se estanca allí, en la vana descripción de la pieza en la que alguien escribe, mientras contempla el calzado vacante.

 
 

***Textos tomados de Yoko (Libros del Perro Negro, 2013)

 

 

 

 

 

 

 

Martín Adán, en sus últimos poemas, escribe la palabra pene. La leo y lo imagino anciano escribiendo la palabra pene y me parece extraño que escriba pene en vez de pito, pincho o pinga, pija o pico. Lo imagino escribiendo pene, así como con una nostalgia esencial a los hombres, recordando un pasado aristocrático inventado por la crítica y el periodismo, un pasado de locura inventado por la crítica y el periodismo, un presente de amor a los hombres jóvenes. Thays, el narrador peruano, cuenta esos rumores que dicen haberlo encontrado en los acantilados de Barranco, sentado en las plazas de Miraflores frente al Pacífico, admirando el trasero de los adolescentes, 44 bulto halagándolos o rogándoles atención. Thays alega que esos rumores son invenciones de la crítica y el periodismo, lo defiende como un caballero el honor de su doncella. Yo imagino a Martín Adán escribiendo la palabra pene mientras mira a los bellos zambos jugando fútbol en un acantilado de Barranco, imagino a Martín Adán amando a un hombre joven y escribiendo la palabra pene mientras recuerda su pasado aristocrático, su pasado de locura y me parece hermoso que ame a un hombre joven y haya amado a algunas mujeres. Yo imagino a Martín Adán escribiendo la palabra pene como una forma de suplir su ausencia.

 
 

***Texto tomado de bulto (Libros del Perro Negro, 2016)

 
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Publicado por en septiembre 28, 2016 en Chile, Cráneos, Poetas de los 80's

 

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Cráneo #138: Julio Lagos

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Julio Lagos Nace (Valparaìso, Chile, 1990)

Desde muy joven decidió dedicarse a las artes, de las cuales podemos destacar la pintura, música, fotografìa, collage, escultura, instalación, video/Arte y poesía.
En 2015 lanza un primer Fanzine llamado ‘Lone’
en ese mismo año lanza su segundo fanzine llamado ‘Montauk’
Actualmente trabaja en un libro experimental de poesía cut-up y apuntes.
y paralelamente a su proyecto musical John Doe.


Uno nunca sabe

Mientras la gente vive de preciosas y placenteras ilusiones manufacturadas
Se podría decir que, indiferentes a un clima ambiguo, el ser humano está perdiendo la batalla.
Y cuando hablo de climas, me refiero a todo lo que surca entre cuerpo y cuerpo,
Entre tu y yo,
Rozándonos las pieles
las venas y el llanto.

Quizá siempre estuvimos condenados a este basto jardín de desastres y enfermedades mentales.
Negamos con ahínco nuestra emancipación en fractales.

Orgullosos del vacío

Tal vez el hombre, embriagado en una vigilia inducida
termine siendo la materia viva antinatural del cosmos.

O tal vez no, uno nunca sabe.

Caballito de fuego

Alrededor de 1474 caballos cruzaron mi cama este día
hoy en día, a plena luz del día
sin siquiera mirar el sol
ellos llegaron y me aplastaron
sin hacer ruido alguno
tanto ellos como yo
con simpleza y cautela, cordialmente pasaron
entre mis piernas y mi cuerpo
No quiero ser quien fui antes que pasaran
los caballos representaron la profundidad de un sentido racional
No quiero encontrarme con las personas afuera
No quiero encontrarme con las personas adentro
No quiero encontrarme con el espacio y el universo
No quiero encontrarme con el sonido, ni las mezclas de éste
No quiero encontrarme con amores perdidos
amores ya añejos, amarillentos por el paso del sol y el tiempo
No quiero encontrarme con lo que a uno lo convierte en un mártir ,con lo que a uno lo convierte en un exagerado, hipocondríaco
Solo quiero encontrarme con lo que algunos llaman, lo desconocido.
David Merrick (de Sus cartas para si mismo).

Poema para mis amigos

Debo susurrar al recitar un poema
Al hablar conmigo
Al maldecir
Al pensar
Al mirar
Al reír
Al amar
Al dormir
Al morir

Por que las queridas personas que tengo alrededor asumen que el dialecto es entre dos o más personas

Y me acogen con ojos de terapeuta
O me follan las costillas con miradas de neón

La gente habla mucho
Sobre todo en esta ciudad de mierda

Desesperados por destacar

Desesperados por dirigir sus vidas en un auto y no en una micro

Entonces
Yo susurro
Este texto
Bien despacio
Y ustedes
Cierran la puta boca.

 
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Publicado por en septiembre 6, 2016 en Chile, Cráneos, Poetas de los 90's

 

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