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Archivo de la categoría: Cráneos

Cráneo #187: Ingrid Bringas

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Ingrid Bringas (Monterrey, N.L, México, 1985) 

Colabora en diversas revistas de poesía nacionales e internacionales. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés y portugués. Es autora de La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015), Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016) y Nostalgia de la luz (UANL, 2016)



Imagen

Debajo de la piel, la enfermedad de otros, el azogue turbio
la imagen del cuerpo
morir de amor natural

Morir de muerte natural para satisfacer a los otros
para no causar pena
el deseo exasperado de agradar al otro como instinto

El deseo como condición
la muerte como imagen y condición de lo excéntrico
la dermis guarda un rostro de una fisonomía dormida

Solo ríe de noche
hay que tener paciencia la vida es un simulacro que maldice al que no tiene amigos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Otras naturalezas muertas

Todo puede ser naturaleza muerta,
el niño sin ojos,
la fruta,
una coca cola de dieta.

 

 

 

 

 

 

 

 

La fábula del deseo

No se consuela a un hombre antes de su muerte
dos de cada diez hombres mueren en la soledad
nueve de cada diez hombres mueren rodeados de flores
algunos mueren en su propio jardín
otros en su propio excremento.

 

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Cráneo #186: Michael Santana

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Michael Santana (Otavalo, Ecuador, 1996)

Actualmente se encuentra cursando el cuarto semestre en la carrera de Artes Literarias en la “Universidad de las Artes” de Guayaquil. En el periodo 2011-2014 participó  los elencos de danza y teatro de la “Escuela municipal de las artes” en Otavalo. Organizador de la lectura poética “Kikayta Witzachi” en Guayaquil. Finalmente participó en el primer recital poético generacional organizado por el colegio “República del Ecuador” Otavalo a finales del 2016 y asistió como poeta invitado al festival internacional “Poesía en paralelo cero” en su edición 2017.



 

VIII

 

Lo que más le duele a Tañán es que la está olvidando

como a la Lunática

halladora de un pocotón de cartas

y una metáfora que nunca vivieron

la está olvidando

y no hay frenos

como a la jinete otoñal

la celeste Mantis religiosa

sin bocado

la está olvidando

como a la churona y caoba

Valdivia

puente de tantas estrellas.

Tañán la está olvidando

y no hay mocos en su pluma,

con tres mililímetros de historias

a cuestas

fisuró las piedras

costillas.

El líquido se ha corrido

no hay frenos

huele a tarde y a fundas de golosinas

es cuestión de días

para que sea apenas

un frío escaparate del aliento

escaparate de lomo fino

en la sala curtida

carne cruda

Como si no supiera que hay mañana

cada mañana

le duele por encima de cualquier río

dar cada media noche

un paso en contra del contradestino

Huele a verde

no con café

huele a verde magulladura

derrumbe de una llaga

antes flor en la caja de la memoria.

Soy Tañán estoy aquí

con las manos y el guacho

llenos de mierda

arena

no me falta nada

puedo ya

llorar en segunda

meter marchas

aflojar la muñeca

sollozar en do menor

escaparate

en este desvelo de la tarde

apuñala recorrerte

hacerte sonido de nunca

escaparate

advertirte círculo

hecho viruta

echarte al cosmos de la carne

escaparate

Lo que me más me duele es que te estoy olvidando

y no hay frenos

Olvidando como a la pájara despechada

de mi primer verano.

 

 

I

Niño con patillas

salpicadas de orión

se encienden mechas al fondo

de sus pupilas

son todos los maestros

en un mar-padeo.

Huele a agüita de florida y comino molido

Él pregunta:

¿Por qué se quiebran las pieles de las piedras azules

si aún el cielo huele a vino?

pedazo de pluma

echado al mar

clavo que fecunda el otro lado

corren pulgas por sus hombros

en pan de oro se escuchan sus sollozos

ignora que está muerto

por eso parece

alguna estrella

Él pregunta:

¿Y el sol?

Pumpum

Pumpum

Pumpum

 

 

II

 

Cuenta la leyenda

Que corrían los soles tomados de la mano

dábanle tiempo a sus colonias

girando

inhalaban las piedras a su paso

las sienes

las vísceras

las estiraban

casi las mezclaban con el cielo

su estela dirigía los ríos y las tumbas

hasta al violento acto

del florecer de una rosa

Los soles

tentaban a las tierras

mojando todas las mejillas

por las noches

robaron las cometas, las nubes, los poemas

todo el aparataje eterno

A cambio nos dejaron

varias lunas farsas

manojos de besos repartidos

y

un papelote que decía

en forma de constelación

memoria.

 

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Cráneo #185: Alexis Cuzme

 

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Alexis Cuzme (Manta, Ecuador, 1980)

Escribe y colabora con publicaciones periódicas, ecuatorianas y del extranjero, en temas relacionados a cine, teatro, música, literatura y edición. Editor del sello editorial Marfuz y del fanzine metal literario del mismo nombre. Sus más recientes publicaciones son Moshpit (ensayo, 2013) Rituales del ego (poesía, 2016) Periodismo y activismo metalero (entrevistas, 2016) y La ruina del vientre sacudido (poesía, 2017). http://alexis-cuzme.blogspot.com/



 

7

Sigo mirando la pared que no se mueve.
Escuchando la pared de susurros que no entiendo.
Golpeando la pared que no libera.
Pateando la pared que se empeña en sepultarme.

Pensando, incendiándome en supuestos,
inventando realidades dentro de la oscuridad,
jurándome giros, estallidos de salvedad,
diciéndome que cambiaré,
que la putrefacción del espacio no despellejará
las huellas de un recorrido en estampida.

Florece la ruina dentro del vientre sacudido.

 

 

 

 

 

 

 

 

11

Hoy todo es pasado: mermelada corriendo sobre mis ojos,
empalagosa y mortecina mermelada del ayer:
en ella mis padres siguen disputándose un amor moribundo
abriendo tajos en la casa y en sus hijos,
violando sus pactos, desperdigando secretos,
lacerándose en sus sentencias los maquillajes inamovibles de años.

Mis padres,
¿qué será de ellos?
¿habrán juntado sus manos
o por lo menos cumplido el rito programado
de verse morir frente a frente?

Mis padres: sangre y fatalidad.
Hijos y necesidades.
Casa y calamidad.

Mis padres,
ofertando su salud para salvarse de ellos mismos:
alcantarillas rebosadas de ira,
pantanos repletos de maldad.

Enfermos de un amor descompuesto
que nunca pudieron sacar de casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

17

No hinques mis ojos, niño del delirio
no mis ojos ansiosos de luz.
Mis ojos testigos de la rumba necrótica de la noche.

No, niño desconocido y salvaje,
duerme, que la oscuridad te arrulle,
piensa en tu madre, abraza a lo que fue tu padre,
conversa con lo que fue tu hermano,
todos aquí necesitamos la fuga.

No hinques mis ojos, niño de sangre y lodo.
Entrégate a un rincón y juega con tus delirios.

 

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Cráneo# 184: Luis Reynaldo Pérez

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Luis Reynaldo Pérez (Santo Domingo,  República Dominicana, 1980)

Poeta, editor, gestor cultural y curador de arte dominicano. Tiene estudios (inconclusos) de Relaciones Públicas, Periodismo, Letras y Educación. Ha cursado diplomados en instituciones nacionales y extranjeras en las áreas de Gestión y Programación Cultural, Periodismo Cultural, Guion Audiovisual, Community Manager, Fotografía, Curaduría de Arte y Publicidad Objetiva.

Ha publicado la plaqué Poemas para ser leídos bajo la lluvia en Esto no es una antología: Palabras que sangran (Santo Domingo: Ediciones Ferilibro, 2012); los poemarios Temblor de lunas (Santo Domingo: Ediciones de Cultura, 2012, edición bilingüe español-japonés; Editorial El Barco Ebrio, Madrid, 2012, edición en ebook; Cochabamba, Bolivia/Bagnères-de-Luchon, Francia: Babel Cartonera, 2014, edición bilingüe español-francés); Toda la luz (Santo Domingo: Luna Insomne Editores, 2013, ebook); Urbania (Santo Domingo: Editorial Funglode, 2013), Dolor que maúlla (Santo Domingo: Luna Insomne Editores, 2014); Ciudad que alucino (Madrid: Amargord Ediciones; 2016); y los libros para niños Lunario (Santo Domingo: Alfaguara, 2014) y Día de lluvia (Santo Domingo: loqueleo, 2017). Compiló las antologías Material inflamable: 30 poetas dominicanos del siglo XXI (Santo Domingo: Editora Nacional, 2014); Sobre un costado del planeta: muestra de poesía dominicana 1970-1990 (Ciudad de Guatemala: Catafixia Editorial, 2015) y El futuro es ahora: 15 poetas dominicanos (1991-2012) (México: Revista Punto en línea # 67 (UNAM), 2017).

Su trabajo literario y cultural ha merecido los siguientes reconocimientos: Gran Premio del Concurso de Minicuentos “Las Dos Orillas”, 2014, con Fumar bajo la lluvia; Primera Mención del Concurso de Minicuentos “Las Dos Orillas”, 2014, con A primera vista; Finalista al Premio Nacional a la Excelencia Juvenil Juan Pablo Duarte 2014 en el renglón Desarrollo Cultural en representación del Distrito Nacional; Premio único del Premio Funglode de Poesía Pedro Mir 2012, con Urbania; Premio único del I Concurso Nacional de Haikú 2011, con Temblor de luna; Mención de honor en poesía en el Certamen Nacional para Talleristas 2012, con La dulce herida de estar vivos; Mención de honor en cuento en el Certamen Nacional para Talleristas 2011, con A la altura de la circunstancia; Mención de honor en el Certamen de Poesía Heptagrama 2010, con Tríptico.



Oración para un dios solitario

 

1

Señor del cieno y la tormenta,
hacedor de la savia y el viento
aquí está tu hijo —migaja, gota, grano de arena—
con la lengua en un solo temblor,
con los dedos hechos latidos.

Aquí está tu hijo señor
murmuración de palabras,
indefensa imperfección bajo la lluvia.

Aquí estoy apenas una serena multitud de defectos
frente a ti señor del trueno y los lirios,
camuflado oración vengo hasta tus pies
como una leve semilla rodando horizontes dispersos en la nada,
brote de hojas sobre la roca,
mínima palabra de raíces y puñales.

 

2

Tuya es mi voz, Señor,
voz de alas y arena,
voz que callada te llama:
agua con memoria que recorre serena el cauce.

Tuyas mis manos, Señor
que buscan asirse a la oquedad de tu nombre,
a la blanquísima estela de tu cuerpo.

Tuyos mis ojos, Señor,
que han visto la sangre derramarse en el vientre de hojas de la noche,
la misma sangre que recorre los muslos de lumbre
de las niñas sacrificadas en tu nombre.
Los mismos ojos señor
que buscan tu rostro barbado de luciérnagas
que como carbones ardientes traspasan tu faz.

Tuyos mis pies, Señor,
que descalzos huyen de la muerte
pisoteando la triste flor de llanto que reposa sumisa sobre el lodo.

Tuyo mi cuerpo señor,
parcela de melancolía que será colonia de gusanos,
jardín de tristes margaritas,
fantasma desandado entre musgo y semillas.
Mi cuerpo señor, rebelión de sangre y palabra,
marabunta de sueños que se levanta cada sol
a repasar incendios y desalientos.
Mi cuerpo señor hechura de tus manos,
soplo de tu boca sobre los días,
colisión de vida que anda las horas.

 

3

Aquí estoy señor de rebato y sangre
con la frente sembrada de flores,
con los puños repletos de nombres,
con mis ojos mirando tus ojos
—avergonzado de muerte bajas la mirada—
para decirte que me apiado de tu soledad
—de peces marchitos,
de pájaros ahogados en el viento,
de rosas natimuertas en la inmensidad del tiempo—,
que compadezco tu soledad de animal herido
que se pudre bajo los soles
y por eso estas palabras —clavos, espinas, lanzas—
son una oración para acompañarte
—en tu soledad de barco a la deriva,
de ruina que se estrella con la nada—
a ti, al ser más solo del universo:
niño abandonado que trashuma,
vagabundo de estrellas y sueños,
por los siglos de los siglos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Origen

¿De dónde he nacido?
Acaso del agua rota de estrellas
o del leve graznido de los pájaros tibios.

Yo, aterido de ráfagas, tal vez provenga
de esa masa agujereada de peces que es la noche.

He nacido del vagido de las olas
cuando chocan con los muslos pardos del atardecer.

Desde el cieno he venido con los huesos del viento colgado en los pómulos,
desde el cieno he salido: arboladura de estraza rompiendo soles:
soy escamas de nubes que parpadean en la cintura del cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Vital

Para el árbol, la medida del tiempo
son las hojas caídas.

Para el pájaro, la medida del tiempo
son los cielos surcados.

En cambio, el hombre mide el tiempo en nombres
que, vacíos, ruedan en la memoria.

 

 

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Cráneo #183: Federico Dager C.

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Federico Dager C. (Ecuador)

Desde los quince, ha procesado lo que lo rodea a través de la poesía. Junto a sus mejores amigos formó parte del Colectivo Ronaldos en donde realizó fanzines de poemas, crónicas y collage. En el 2015, queda en segundo lugar dentro del primer concurso literario organizado por la ESPOL dentro del marco de la semana de las artes. Ha participado tanto en lecturas espontáneas como organizadas, entre esas las jornadas de poesía organizadas por el Casal Catalá, hotel El Manso y el centro cultural “Fiap Jean Monet”. En el 2017 se egresa como bachiller, recibiendo el reconocimiento “Eduardo Sola Franco” por gestión artística dentro y fuera de la institución. Planea estudiar Artes Visuales.

Escribe y experimenta en:  tibiezas.wordpress.com



Chatroulette

(Después de Franny Choi)

Trasnochada se queda derramada la baba

Producto de un deseo delirante que se pronuncia diáfano dictante;

hombres que se reducen a pulsiones que se reducen a un puñal.

queman, mis entrañas

estas exigen nuevas llagas por donde escapar

y yo solo les puedo dar arrogantes acrobacias que se pronuncian entre pixeles.

caigo endurecida entre la cósmica y cálida conexión.

Entre engranajes de pelos que recubren las manos

Y carne que se despelleja para quedar cada vez más blanca e irreconocible.

Yo, una ventana compuesta por polvo, plumas y poros.

desconozco telescopios pero veo dioses que se disgregan en las retinas ya vacías

Siempre el otro y su necesidad de pronunciar

(Dice que soy un demiurgo rodando ombligo abajo por un jardín de jacarandas secas, dice)

Siempre esta soledad y su necesidad de encontrar

devorar,

Aspirar a más y ante la ausencia del tacto

Vomitar

Un hipervínculo que te acerque a mí

Que perfore las pantallas

que congele un gesto lo suficientemente honesto para entrar y descansar en cualquier rincón que apañe el cuerpo

Veo trozos

Torzos

Regazos

Manos

Labios

Una galería lo suficientemente pobre como para ser mercado

Se arquean formando refugios lo suficientemente amplios e inflamados como para no solo ser habitados si no también profanados al ritmo de la pirexia y su pirotecnia,

gotean

Se desdoblan en gesto de sumisión; muestran sus ofrendas; vulnerables y bellas,  sinvergüenzas con frustrados exhibicionismos se anestesian

Y a los costados entre lo condecorado y lo embalsamado

Ancianos bien conservados acunando a niños decapitados

Y mientras el extraño tipea, el cementerio de mis teclas jadea

Recreo una espora inconclusa donde caben todos mis huesos, y dejo que las corrientes de la tan anunciada posmodernidad me diluyan hasta convertirme en algo fácil de tragar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abulia

 

Llegó el viento de invierno  y hasta el

concreto

abraza en los días de abulia.

los que son hombres cruzan la vida hablando del próximo contrato

yo

bajo la mirada

y me topo con la piedra que me faltaba.

Preparan sus rostros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Persuasión

junto a un ceibo,

dándole la espalda al mar

recuestas tu cabeza sobre mi entrepierna de lechón

mientras Pizarnik en sus poemas se baja y se sube a la cruz

yo cuento tus dedos como si fueran clavos de porcelana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

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Cráneo #181: Alexander Ávila Álvarez

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Alexander Ávila Álvarez (Quito, Ecuador, 1986)

Escritor y psicólogo. Poemas suyos han sido publicados en varias revistas, digitales e impresas, de Argentina, México y Ecuador. Consta en las antologías: Grito Insurgente (Viz-ca-cha, Editorial Independiente, Loja, 2016); Oniria Cia. Ltda. (Mecánica Giratoria, Cuenca, 2014); Apuntes sobre el Incendio (Ninacuro Cartonera, Cuenca, 2013). Reside en la ciudad de Macas. Colabora regularmente con artículos y textos de opinión para distintos periódicos y revistas de la región. Conduce el blog: Apuntes de un mal poeta (https://alexanderavila86.wordpress.com/).

 



 

 

Estoicismo 

es limarse los años en las arrugas
y seguir
hacia todos los puertos
pero a ninguna parte.

(¿O ser poeta?)

 

 

 

 

 

 

 

 

Asincronía de las formas

zigzag

atajo que perdió su mapa
en la esquina donde bifurca el viento

garabato

botella de whisky abandonada
sobre una cuerda rota de guitarra

línea recta

flecha descarriada
que conoció la hipocresía del arco

diagonal

cruce de viajeros sin equipaje
fóbicos al asfalto

círculo

orgasmo fragmentado
por la neurosis de la flacidez

espiral

la voz angustiada
de un sueño disecado

el poeta (.)

límite máximo del despecho
donde confluyen las formas
como síntoma evolutivo
de desintegración

 

 

 

 

 

 

 

 

Un organismo existe 

hasta que comienza a existir
pues la vida es el síntoma
que anuncia su muerte

(la nada es la isla
que alberga la eternidad)

 

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Cráneo #180: Giovanni Rodríguez

 

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Giovanni Rodríguez (San Luis, Honduras, 1980)

Estudió Literatura en la UNAH-VS, en donde imparte clases de literatura hondureña, centroamericana y latinoamericana. Ha publicado los libros de poesía Morir todavía (2005), Las horas bajas (2007) y Melancolía inútil (2012), la novela Ficción hereje para lectores castos (2009), los ensayos de Café & Literatura (2012) y los cuentos de La caída del mundo (2015). Obtuvo en 2006 el Premio Hispanoamericano Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, el 1er. Lugar del Certamen de Poesía La Voz + Joven, de Madrid, España en 2008, el Premio del I Certamen Hispanoamericano de Cuento Ciudad Ceiba 2014 y el Premio Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” 2016 con la novela Los días y los muertos. En 2010 participó, en representación de Honduras, en el Festival Internacional de Poesía de Granada, España.

 



 

Azul con fondo gris

Yo te consagro Dios, porque amas tanto,
porque jamás sonríes, porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.

C. Vallejo

De lejos,
luz hostil,
ociosa luz,
antigua luz,
viene de lejos a dejarnos una piedra en la mirada.
Pesada sombra llora gota a gota
y sombra es
y luz
y noche entera.

Tiene la garganta el hábito del fuego,
instante de pájaros violentos
que vuelan
contra la calma de los días aciagos;
pero algo vuelve,
vuelve,
hecho ceniza,
al margen de este día.

Sangre añeja de las venas ebrias,
todavía se revuelve en el pecho
como un animal ebrio y malherido.
La sangre viste el color de los atardeceres
y se llenan de espinas los caminos.

Lejos,
más lejos que esta sensación de lejanía,
de distancias borradas,
alguien niega su propia transparencia.
Aquí, al fondo,
bajo esta gloria de espuma que es la música celeste,
su voz no es más que una burbuja,
un balbuceo,
un agua que se rompe.

Soy Adán,
un hijo de su hijo una y mil veces,
tengo en mi boca el jugo de la fruta prohibida;

soy Caín,
el que inventó el rencor sobre la tierra.
He matado en él mi último fruto
y el agua de la culpa ya no cae de los ojos.

Se nos apaga, él, se nos apaga
con la muerte del sueño de los hombres.
No vuelva más.
Vuelva a su cielo,
a sus cómodas nubes
y sea lluvia
o la exacta brisa que remueve las hojas.

Aquí nacimos,
en medio de la hierba,
del olor a tierra,
en medio de otros huesos hechos polvo.
Aquí hemos de crecer,
como los días,
a la altura del sol,
todos los días.
Aquí el instante es para siempre,
hasta morir,
hasta no ser más que una sombra
o un suspiro,
un último latido en medio de los besos.

Niegue su oído al sonido traicionero
de este viejo corazón envilecido.
No exista más;
aquí su nombre es sólo el murmullo de unos labios.
Bastan los días que nos hacen amar,
odiar,
rendirnos a unos labios
o declararle la muerte a nuestros propios ojos.
No exista más,
corte los hilos
y sople de una vez aliento a estas viejas marionetas.
Alguna vez
esa vieja corona doblará sus espinas
para no decir sangre;
entonces,
cada hombre
empezará a fundar sus propias cicatrices.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo soy el que soy
Acojo tempestades en mi boca de sed y arena oscura, gritos para el silencio de mi esqueleto
enmudecido.
Camino sobre filosas piedras cuando es preciso andar sobre las aguas.
Soy eso que se busca o se persigue con el dorso de una mano.
Soy el mal, el fraterno mal: el afán innombrable, el eros sangriento que la razón evade.
Desde uno de mis ojos mira el odio y en el otro exhibe el fuego su locura.
Vengan la furia, el celo, la dulce amargura de unos labios malditos; hay que amar fieramente en estas noches de tedio.
Que no cesen la sangre y su ira latente, aún si el tiempo es obra de unos dioses dormidos; en mis manos violentas se deshacen los cuerpos y vuelven a crecer con nuevos corazones.
Soy el mal, el fraterno mal; ¿quién en la hora adversa me persigue?, ¿quién se arrastra y me nombra con lengua lisonjera?
Escupo las palabras, salta mortalmente el odio de mi boca.
Soy el mal, el fraterno mal, la mitad aborrecible, tu mitad prohibida.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ser / No ser

Ser poeta.
Ser poeta y esperar, tener esperanza aún, tenerla siempre.
Ser poeta y amar con increíble fuerza las cosas más pequeñas.
Decir así, siendo poeta, que la vida es inventario de instantes dolorosos, recuento de pasiones no correspondidas, de tragedias sin fin, de incertidumbres, y aún así, siendo poeta, sonreír amablemente porque es hermosa la vida…
Alojar en el pecho todas las desdichas, los golpes cotidianos, las infamias ajenas; robustecer de esa manera el corazón; acumular ternura, amor, cariño, etcétera.
En resumen, ser infinitamente triste, melancólico, un hombre sin fortuna.
Ser poeta y hablarle al mundo connotativamente.
Asumir que uno no es uno sino todos.
Dedicarse por entero a la poesía, a transformar la lluvia en llanto, el aire en breves caricias de la tarde, el más prosaico acto de la vida en una imagen poética.
Todo eso, sí, es ser poeta, según los cánones de la alta academia del espíritu, pero yo he decidido ya no serlo, si alguna vez lo fui, si alguna vez creí ser Dios, como en ese poema cursi de Huidobro.
Mejor no ser poeta.
Ser sólo un hombre común que silba mientras anda.
No tener esperanza porque es mucha esperanza para tan poca vida.
No ser poeta y amar apenas las cosas necesarias.
No pronunciar jamás palabras tristes o cursis o sacadas de un libro de autoayuda, ni sonreír
con estoicismo ante el desastre, ni intentar ver lucecitas al final del largo y tenebroso túnel de la vida.
Mejor no decir nada, cerrar la boca, o abrirla sólo para las cosas serias o infinitamente divertidas.
Y desterrar del pecho la melancolía.
No ser poeta y hablarle al mundo denotativamente.
Saber que yo soy yo, no pretender ser tanto ni tantos ni ninguno; a un hombre le basta su propia mísera existencia.
Dedicarse a otra cosa: a practicar el amor del cuerpo a cuerpo, el tiro al blanco, dedicarse al sano aprendizaje de decir “yo quiero una cerveza” en el idioma de Kafka.
Aficionarse al fútbol y a la novela negra o de aventuras, aprender a bailar salsa para no aburrirse el día de la fiesta.
Todas ellas, cosas muchísimo más interesantes y sensatas que escribirle poemitas a las musas.

 

 
 

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