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Archivo de la categoría: Guatemala

Cráneo #179: Paco Granados González

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Paco Granados González (Huehuetenango, Guatemala, 1992)

Estudiante de Antropología Social. Forma parte de la antología Poesía Abstracta (Patológica editores), participó en la séptima edición del Proyecto posh (2014) en la rama de literatura.



II.

ahora recuerdo que cuando era niño
me contaban una historia
la de un hombre que salió una noche
a un bosque
a suicidarse
ahora sueño que camino por el bosque
y me topo con el cuerpo colgado y exánime
despierto eyaculando

 

 

 

 

 

XIII.

mi sueño siempre fue
ser el asesino de moda
sigo sin lograrlo
he perdido mucho tiempo
actuando como el personaje menos sospechoso.

 

 

 

 

 

XVII.

mi cerebro abandona mi cráneo
buscando un cadáver menos aburrido
al fin me quedo
como aprendiz de náufrago
acariciando la luz de mis terminaciones nerviosas
luz patógena
estar de acuerdo con la indiferencia
abluciones y epilepsia
ser el gordo que arruina la foto
sentirse maldito
recuperar el cerebro con un par de perforaciones.

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Cráneo #166: Alexander Socop Arango

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Alexander Socop Arango (Quetzaltenango, Guatemala, 1988)

Escritor y aprendiz de matemática. Licenciado en comunicación y diseño gráfico. Máster en administración. Ha publicado: Temblores del silencio  (Metáfora editores, 2012). Poemas sueltos (90 plaquettes, 2014). Su trabajo ha sido incluido en diversas antologías. Ha participado en encuentros y festivales de poesía en Centroamérica y México. Es parte de la organización del Festival Internacional de Poesía con la Asociación Metáfora de Quetzaltenango. Colabora en http://esquisses.net y http://10avenida.blogspot.com Actualmente trabaja en una oficina de diseño editorial/librería.



 

 

Tomo de los periódicos fotografías para pegarte un rostro

diré que mi madre estaba hecha de todas las caras tristes
que mi mundo pierde unos gramos
que luna es nombre de gata ciega
y vivir ya de por sí es un exceso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto a una persona importante

Yo la recuerdo
bajo el sol de 50 febreros y sin cielo suficiente en sus ojos
con brotes de rabia en la orilla de sus labios sin espacio para besos
o para tazas de chocolate frío

solo sé
que quiso verme haciendo fortuna
en otra ciudad
junto a una mujer de esas que ya no existen
y que mis hijos le inventaran otros nombres
para robarle la sonrisa

para robarle un último tiempo que todo lo sabe y nada lo puede

entonces
deberíamos hablar sobre los viajes a París
las tierras del bisabuelo

los pick-ups diarios que cruzan la frontera con México
pero, no, madre
aún estoy entre sus brazos
en una casa de Ciudad Minerva
con el gorrito celeste y las manos al aire
viéndome el futuro
desde el otro lado
convenciéndome
de no ser un insulto bajo las uñas de dios
de que con lágrimas solo el infierno podemos ganarnos
de ser el grito más cierto un viernes después de la eternidad

pero, no se vale repetir
esto no es un póster
para mirarlo cada vez que haga falta
desahogar todo el desvelo
y volverle a preguntar:

madre,
¿a dónde van los libros cuando son quemados?

 

 

 

 

 

 

 

 

De las palabras que son mar(i)posas [fragmento en construcción]

… He muerto en cada flor que sobre la calle crece. Uno apenas es una cosa cierta, madre. Avanzo por la frontera de la tiniebla. / El hocico del sueño me pregunta: ¿Ha valido la pena? ¿Todavía sos el que busca la alegría los domingos en los parques llovidos? ¿Aún te queda tiempo lleno de mariposas? De qué sirve la dirección cuando arriba y abajo son lo mismo. No hay cifras que nos resten noches de sueño mal habido, lo que se hunde en mí las estrellas no lo sanan…

Mis padres me ven a los ojos para contarme la historia de las gentes maravilladas desde el primer granizo. Quisieran verse en mí mientras les aparecen las lágrimas y el rostro se les llena de ningún horizonte. Yo les digo que quiero ser gato, cielo, aire. Que no quiero sentir más heridas ni el calor de sus cuerpos filtrándose en las sábanas. Que si esto es el mundo debería terminarse y si es solo una palabra no quiero que signifique nada ni diga lo que siento. Mi madre revuelve mi pelo, me da ternura pero no se la devuelvo. Cierro los ojos. La piel de mi madre escucha, sabe que debe irse y negarme un día. Mi padre construirá mi casa con cabello para hacerla tibia y regará las macetas con palabras, las tomará de mis libros, de mi boca, de mis primeros dibujos que eran más que esta fila de hormigas que ahora se amontonan para ser leídas y olvidadas. / Mis plantas crecerán gritando, tendrán nombres que cambiaremos a diario. Nos alimentaremos de la noche y de los perros que deambulen sin ciudad. Cuando sea gato le diré a una rosa que suba a mi lomo, ella no aceptará pero jugaremos a la muerte hasta que el mecanismo de las estaciones comience a funcionar sobre Guatemala. Cuando sea cielo le diré al viento que la amnesia es una forma frecuente de existir. Compartiremos la tristeza de las listas, de perder colores y fuerza. / No hay más hojas en ti, pequeño ser. El sol nada propone. No hay aves que nos atraviesen y nos indiquen caminos hacia otros pechos. Mi cabeza está harta de mí. Pequeño ser: rompemos el camino de la noche, llevamos una carga que a cada paso nos reduce, no mejoramos, no nos importa, somos nómadas sin lengua, cuerpos que pierden agua. Tenemos miedo, somos una cicatriz que se eleva, no encontramos calma bajo el naranja rabioso de una normalidad que muere.

No somos seres que sueñen.

El mar tampoco nos soñó antes, pequeño ser. ¿Qué sueña el mar, pequeño ser? ¿Acaso sueña la noche, la voz profunda, la madriguera de los rayos? Soy un niño con escasas lluvias en los recuerdos, pequeño ser. Ellas no me mienten cuando les pregunto: quién es el más triste, el más solo, el que anda muerto en cada árbol de la calle. Pero a mí no me pregunten por qué me río mientras mi corazón intenta quedarse dormido, intenta clavarse como un rostro. Yo he andado sobre el mar y el mar ha cantado sobre mí con la fuerza de todos sus abismos, hasta el último vuelo de la última ala.

Padre, florecen los muertos, los ciegos, los sordos, los sin ganas de hacer y de quedarse. /

Pequeño ser, sobre la oscuridad habita mi casa, un capricho geográfico que invento cada día. Las campanas pronuncian mi nombre y te veo sobre las paredes de la casa en el centro. Las calles nos llevarán a algún sitio, eso me prometiste le miércoles pasado.

De mi pecho una bandada gime. No tienen idea, hablan a las paredes porque dios les dio la espalda. Tiemblan, acarrean suficiente ayer, temen salir de las tempestades, de estas estepas de calumnia y sal. / A mí la vida me aprieta todos los dedos del pie. Se nace prestado a la eternidad. Me entristezco a diario hasta que mis lágrimas se secan. Veo las parejas de enamorados, tan enamorados como yo nunca voy a estar, veo las luces de los carros tan brillantes como yo nunca brillaré, o al viento tan inalcanzable, tan allá lejos y yo con las manos sobre las rodillas, callando cada espera que de las ventanas sin cielo se desprenda. Ante mí las montañas que se llamarán tiempo, renuncia, soledad.

Soy una flor que estalla en miles de mares. Mis poemas no son míos, mis pensamientos no son míos; mi corazón es de animal muerto, mi corazón ES un animal muerto. Temo sentarme a platicar con los cuerpos que caen sobre cualquier calle en cualquier infancia de Guatemala.  Se me acercan un gorrión y el sol guarda silencio, me he quedado con el corazón a los pies de todo, del sueño se me resbala la noche más trágica de mi madre: yo nazco, hoy no suenan las campanas. La casa dispone sus cuervos, sus gigantes gaseosos, cualquier aguja que juegue a ser rama. Dos catedrales barrocas crecen desde las fauces de mi cólera, no hay humo en este vuelo. Un gato sacude los huesos de la cena, no camino, adentro sufro una masacre. Sobre mis lágrimas crece tu árbol favorito, madre. No me sé encontrar en canciones alegres ni en niños que vuelan barriletes ni en los pasos que encaminen a sitios secretos de amor …

… Sé que un día moriré al borde de esta patria que no llega
moriré de ausencia, olvido o sobredosis

o de cualquier otro mal del que mueren los perros, los gatos y los fantasmas

 

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Cráneo #56: Misael Hernández Paz

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Misael Hernández Paz (Quetzaltenango, Guatemala, 1989 )

Poeta e Ingeniero Civil, fue parte del consejo editorial de la Universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango, Aparece publicado en: El Salvador, Guatemala, Chile, Venezuela, Ecuador, Marruecos y España. Mantiene los blogs: misaelpablo.blogspot.com, 10avenida.blogspot.com. Es Perro Romántico y actualmente estudia la estrella Sirio.


 

 

Malasia Airlines

De nuevo un avión secuestrado y la noticia no tiene relevancia para mí, esto que las personas desaparezcan en el cielo se vuelve común. Deberían de secuestrarnos a todos y llevarnos en año nuevo a conocer las nubes traga aviones. René me dice que debo conocer el D.F. en domingo, que la ciudad en fin de semana es otra. Pensando en eso, mi deseo de año nuevo es estar en un edificio Méxicano de 33 pisos consumiendo Dimetiltriptamina , muriendo en un baño, pensando en que puedo volver, aunque nunca logre hacerlo. Tengo ilusión de hacer miles de cosas antes que termine este año, tomarme fotografías frente a una ventana y aplicarle un filtro en Instagram que deje ver mi alma con la publicación: El alma de Misael está enferma. Estar en san Luis Potosí, comer un Helado con Mercedes Hoffmann y decirle que su padre estará mejor, ver 3 películas de Gaspar Noé en mi celular, aprender a decir carne en francés, soñar que no soy yo,no sentirme triste, no, no, no.

 

 

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Soy yo de nuevo buscando en youtube a PinkFloyd con una canción de 14:41 minutos.
Soy yo recordando cuando decías que tenías media hora para estar conmigo, que debía cerrar las cortinas y prender la televisión.
Soy yo pensando en la vez que leí el libro de Kundera antes de subir a la montaña el día que llovió el resto de la tarde y ella lloro sabiendo que todo el tiempo había pensado en ti.
Soy yo que siempre quiero compararte con la Unión Soviética por lejana e inexistente.
Tú sabes bien que siempre quise hablarte de cydonia, Marte y todo lo que podía suceder a su alrededor pero sólo sabrías comparar el planeta con la anatomía de ojo.
Soy yo, lo sabes,
que amaba pasar por la ciudad mojada mientras conducías el auto, pero también conducías mi vida
era yo la gota que reflejaba la luz roja del semáforo sobre el vidrio del retrovisor
y tu sabías que sobre cualquier espacio en internet, que sobre cualquier vaso de coca cola estaban los minutos cuando llegabas a mi casa con una porción de pizza con doble queso.
Dejaría mi celular en modo de avión el resto de mi vida porque regresaras a mi habitación mientras cae un meteorito y el mundo se acaba.

*

Hubiese querido
encontrarte en cualquier parte de mi vida,
decir cualquier parte
también puede ser:
el instante en que despierto con sed por la madruga,
un domingo soleado y solitario antes de entrar a la ducha.
Me hubiese gustado
darte los buenos días
pero estoy en silencio
frente a la cafetera contado los segundos
para que deje de gotear el café
salir corriendo y no ver el día
dar cada paso pensando
únicamente en alcanzar el autobús,
para quedarme sentado frente a la vida
una mañana de marzo, observando
como se entrecorta la línea del camino
y saber que nada ha valido la pena. 

*

Es la  necesidad de que no te vayas,
necesito de tus manos
para que me sostengan en este mundo
necesito de tu alquimia para ser hombre muerto.
Por favor ven a cerrar mis párpados,
a reventar todas estas ganas de estrangular mi alma,
porque no concibo nada sin tu refugio.
Abre con tus manos mi boca
para que puedas decirle a todos que estoy muerto,
humedece mis labios cuando mi cuerpo ya no sienta el agua,
escóndeme debajo de tu cama, guárdame en tu vientre carcomido,
pero no te alejes preciso que me expliques que debe hacerse en la muerte

 
 

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