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Archivo de la categoría: Honoris Cráneo

Honoris Cráneo #8: Héctor Hernández Montecinos

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Héctor Hernándes Montecinos (Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Letras Hispánicas (P. Universidad Católica de Chile). Termina un Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte (Universidad de Chile) y otro en Literatura (P. Universidad Católica de Chile). De su proyecto total en tres partes, Arquitectura de la Mentalidad, que supera las dos mil páginas, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Es el compilador de 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Santiago: Ventana Abierta, 2010) y Halo: 19 poetas nacidos en los 90 (Santiago: J.C. Sáez editor, 2014). Ha aparecido recientemente en El Canon Abierto. Última poesía en español (Madrid: Visor, 2015) como uno de los 40 poetas “más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”.



 

 

Galicia 747

Tengo un itinerario de aves en este cuarto. No
veo más allá de las canciones
que entran por la ventana. No existe
nada aparte de hormigas y pasto afuera.
La soledad agudiza
los sentidos a niveles insospechados
pero también el sinsentido de las distancias y los recuerdos.

El tiempo pasa más rápido que el sol
sobre el techo de esta casa, huye
hacia otro pueblo de palabras entrecortadas: heridas,
sudor y a lo lejos el mar.

Nada se mueve sin mi mirada
eso pareciera decir el silencio en mi cabeza
pero no es tan así.
Precario es todo lo que pueda tirar
al punto de fuga de la invisibilidad.

No hubo amantes ni homicidios,
sin sangre siempre parece ser mediodía;
pocas visitas y fiestas frente al espejo
el paisaje sucumbe ante la atracción de las olas
que alguien sueña en el deseo.

Soy una cama en el suelo, una silla y una mesa plástica
y la vida es generosa.
La ropa se ensucia, los papeles acumulan tinta,
la piel en mí aburrida espera el veneno.

Acá la rotación y la traslación parecen no existir
más que para mosquitos y zancudos
que cantan a los átomos de que se alimentan.
Dentro mío otros pueblos han hecho panal,
en lo hondo y oscuro que es uno consigo mismo
estrangulado por el eterno retorno.

La austeridad es un enigma
que de tan pulsión
no se puede explicar en estas fronteras.

Estoy despierto a estas horas y hace frío,
el cuerpo no basta, se rompe
busca una ruta pero todo se aleja.
Nadie más vive en estas calles. Se fueron.
Quedan sus nombres que son nombres de ciudades:
Ruinas. Ruinas. Ruinas.
Ningún dios está dentro de nada.

El océano y la música se siguen oyendo
y ninguno de los dos existe. Tarareo con ellos
lo impecable del espejismo en el cual
alguien se tiende junto a mí.
Retengo mi semen en la mano
para que no sea el último en dejarme esta noche.

Creo que desamparo es la palabra,
desamparo y rencor.

Villa de Álvarez, 6 de febrero, 2013

 

 

 

 

 

 

El Fin

I

El color de los cuerpos
que caen juntos
en una misma cama
como si la trampa
hubiese estado dispuesta
hace años
en esos granitos de arena
en los ojos de los ojos
en una playa en el sol
en unas rocas en la luna
o las nubes de una galaxia
girando a todo calor
debajo de la piel.

Esta piel.

El color de los cuerpos
que se desean
bajo una misma noche
en un secreto
que de tan secreto
es una nueva luz
pero a la vez
una nueva oscuridad
entre otras piernas
que caminan hacia acá
entre las sombras
de una ciudad en ti.

Esta ciudad

Ése es el secreto.

Ése es el límite
de tu aproximación
y mi caída.

Es la pregunta
de si mañana
amaneceremos juntos
en un mundo sin mañana.

 

II

Te observas en el mar
como si fueras a lo lejos
el horizonte chiquito
de tus ojos
que rehúyen su propio reflejo
su propia luz
su propio anochecer.

Los barcos dices amar
y esos barcos eres tú
siguiendo la línea
que dejan las estrellas
sobre su desaparición.

Cada nuevo detalle del cosmos
lo haces tuyo
y lo ofreces sin palabras
a un dios
que también es mi dios
pero del cual desconocemos
sus colores
su saliva
su luz profunda y su pena.

Un dios sin amanecer
como esta brisa
que rasguña mis labios
con la sal
en que se han convertido
los muertos
de este deseo.

Las olas rompen en ti
como los años en mi cabeza
como las noches que pasan
entre nosotros
y no nos ven
en el vértigo de verte durmiendo
en el fondo de los corales
que no me dejan respirar
la vergüenza.

Sangro de a poco
sobre este cuaderno
me enfrío de blanco las manos.

Las estrellas allá
huelen a piel y sal.

Todo lo que es polvo
acabará esta noche
en mí.

 

III

Alejas cada rincón
cada meteoro
entre tu cielo y el mío
huyes del monstruo
y del fondo del mar
que ves en mí
cuando te ves al espejo.

Nos reflejamos
y no sabemos qué hacer.

Deseo y miedo
es un mismo dios.

Una misma caverna
y una misma isla.

Uno que muere cada día
cada noche
en cada naufragio.

La renuncia es otro placer
uno para desconocerse
en medio
de las ráfagas de muerte
que la historia trae consigo
sobre la geografía.

 

IV

Desbordas luz y no te das cuenta
quieres enterrar tu corazón
en el fondo del bosque
donde vives tú
entre los árboles
que le roban el terciopelo
a las constelaciones.

Te asesinas cada noche
y tus ojos aparecen detrás
de esas montañas al amanecer.

No son montañas
es el porvenir
de tus manos.

Estás dentro de mi nombre
y eres yo mismo en el futuro.

El amor sólo es posible
entre cadáveres.

Lo sabemos.

Pocos metros quedan
para que pasemos juntos
una eternidad
una eternidad
hasta la estrella de la mañana.

 

V (epílogo)

Amaneció
y la noche cósmica
ya no es más.

Ciertamente un cadáver
se despide de mí
el mismo que se frotó en mis ojos
cuando en un momento pensé
que el mundo entero era un momento.

El nuestro.

Ya no es más.

Todo ha desaparecido
con el óxido de un mar de acero.

Todo ha desaparecido
y alguien sonríe en otro país.

Ése era el secreto.

Todos los sabían menos yo.

Santiago, 21 de febrero, 2015

 
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Publicado por en marzo 22, 2017 en Chile, Honoris Cráneo

 

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Honoris Cráneo #7: Roy Sigüenza

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Roy Sigüenza (Portovelo, El Oro, Ecuador, 1958)

Poeta. Ha publicado Cabeza quemada, Ocúpate de la noche, Tabla de mareas, La hierba del cielo, Cuatrocientos cuerpos, y el libro antológico Abrazadero y otros  lugares. Sus poemas están incluidos en varias  antologías –textuales y virtuales– de poesía ecuatoriana y latinoamericana. Ha sido traducido al inglés, portugués y catalán.



 

 

Selección de textos de Manchas de Agua, Cinosargo Ediciones

Pasa una estrella congelando la noche
En los escaparates baila el ojo del seductor
El tiempo tendido limpia escopetas
Para el libro abierto hay pescado seco
Como si puertas no hubieran hay sogas,
cuelgan ventanas para que el pie tenga asidero.
Oh brillante portada del mundo girando sin orden
en el labio del muerto
-el hijo navegando en llamas derretidas
sin saber de venas, crucigramas, íes perpetuas-.
Nada quedará de este vaso displicente
-las botellas congregadas aprendiendo del hambre
harán preguntas en platos nerviosos-.
Rota la foto donde se durmió el consuelo
¿Habrá castigo?

 

 

 

 

 

 

 

 

TODO EL MAR SE PARECE
Si el mar fuera sacudido como una tela
Si comenzara a hablar un día de estos
Es suave su risa por ahora
su grafía se construye en la arena
se borra
Aúlla de pájaros cierta temporada
-el sol se quema como si fuera una pestaña
de fuel oil-,
o muere en las alas desechas de un pelícano caído
Viniendo de él Odiseo aún no llega a Itaca
Penélope confunde el deseo en la urdimbre
del tejido
La ciudad es un avispero de ruidos y un crimen
en la crónica roja de los periódicos de la mañana
Mejor la confusión de los puertos
El mar de Jambelí es el mismo mar que mella los
atracaderos en Ámsterdam
Allí la huella de las embarcaciones con un mismo
significado:
la voracidad

(un corazón vacío
un par de manos heladas

una palabra imposible de decir)

El agua haciendo que la vida corra,
que vacile al filo de la orilla como un desnudo
trozo de mangle;
que vaya a la playa como una deidad poseída
por el furor del nacimiento:
la semilla de la fruta de sal
El agua anunciante de su certeza
Mañana será lo mismo: el mar es un fósil despierto

 

 

 

 

 

 

 

 

TRHILLER

A Pier Paolo Pasolini

Restos de fiebres duras: el rostro es un río
desaparecido,
una letra quemándose en un momento de
tranquilidad
El sueño pace como una vaca en la hierba azul
del mar
Aquí se corrompe un pájaro, cabalga un bello
asesino
La sangre es una mano que cae
No hay 300 corazones que guarden tanta
respiración defectuosa

Como esa forma del amor que perece
cada vez que alguien en alguna parte dice:
ámame libremente

Como cuando uno escucha los fantasmas contándose historias ya
desaparecidas, entre la maleza y el olvido de una casa en ruinas, así
escucho tu voz diciéndole cosas muertas a mi voz: las de un largo
amor destruido.

 

 

 

 

 

 

 

 

HABLA TIM, EL BEBEDOR
Por el alcohol voy a perder la oportunidad
de verte brillar en el juego.
La Apuesta es un corazón de pescado
y basura picada de enfermedad.
Por una botella de ron, sólo por eso
el valor se me cuela como la lengua.
Que vaya despejado el ojo y el oído
para que puedan escuchar el verdadero rumor
de la muerte
-un derroche de sabidurías inaplicables
en casos de niños-mermelada con problemas de
respiración-.
Frases con manos anilladas que se van a fiestas.
Agonías bajo los techos y los pisos: de puertas
abiertas.
Glamorosa avalancha de miradas
dispuestas a comerte el sexo.
Habla Tim, el bebedor, y llora
como si fuera una niña estropeada por su madre.
Coro:
Pobre chico que observó la llama del amor
alumbrando la ciudad y la creyó verdadera,
hoy tiene la cara llena de ceniza.

 
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Publicado por en enero 23, 2017 en Ecuador, Honoris Cráneo

 

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Honoris Cráneo #6: Rolando Kattán

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Rolando Kattán (Tegucigalpa, Honduras, 1979)

Poeta, editor, gestor cultural y miembro de la Academia Hondureña de la Lengua. Ha publicado los libros de poesía Exploración al Hormiguero (Sexta Vocal, Tegucigalpa, 2004); Poemas de un Relojero (UCR, San José, 2013); Animal no Identificado (Honduras, 2013. Gattomerlino, Italia, 2014). Parte de su obra ha sido traducida al francés, árabe, italiano, chino e inglés. Es Premio al Voluntariado Cultural 2011 por la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes de Honduras, la Embajada de España en Honduras, el Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Ha sido reconocido con el Premio Othli por la Secretearía de Relaciones Exteriores de México y el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y Mención de Honor en el Premio Bienal de Poesía Rubén Darío 2013.



 

 

El árbol de la piña

Al salir de Palestina,
quería encontrar en estas tierras el árbol de la piña,
imaginaba un árbol frondoso,
parecido al que situó Dios en el paraíso.
Abandonó su tierra
con la esperanza de una nueva
y no encontró lo que esperaba.
En este poema, mi abuelo,
puede recolectar piñas de la copa de un árbol,
porque en un poema
pueden crecer incluso los árboles que no existen,
los milenarios frutos y hasta el país natal.
Sin embargo, insisto.
(Lo que quiero que aquí retoñe
no es el árbol, sino la esperanza
de que todavía hay un sitio
donde abundan los árboles de piña).

 

***Texto tomado de Otredad

 

 

 

 

 

 

 

TRATADO SOBRE EL CABELLO

todas las cosas grandes
inician con una idea en una cabeza despeinada
como pudo –por decirlo así- crear Dios el universo con una cabeza engomada
¿qué habría hecho Noé adentro del arca con una cabeza de mayordomo
o Jesucristo en el monte si sus cabellos no se hubiesen entrelazado con el viento?
Heráclito salió del río tan despeinado como Arquímedes de la bañera
y a Sócrates y a Platón les crecía sobre su calvicie una cabellera desorbitada
es sabido que Homero murió arrancándose los pelos de desesperación
y que Cervantes Quevedo y Góngora se peinaban
como Shakespeare solamente el bigote
Juana de Arco ardió más fuerte en la hoguera por su aguerrida cabellera
y en la antigüedad
los primeros hombres en sembrar el café y el maíz
los chamanes y los sacerdotes
los que tallaron en las lejanas piedras los primeros poemas
todos son parte de los anónimos despeinados de siempre
después
a Newton lo despeinó una manzana
a Tomás Alba Edison la electricidad le puso los pelos de punta
Bach disimulaba su melena con una peluca
y Leonardo Da Vinci se despeinaba también las barbas
todos los ángeles del cielo las hespérides las musas
las sirenas y las mujeres que saben volar
todos y todas tienen extensas cabelleras destrenzadas
en la historia reciente
Albert Einstein fue el más despeinado del siglo XX
y Adolfo Hitler por supuesto
el de los cabellos más ordenados
pero las cosas grandes también son cosas sencillas
como aquellos que llegan a casa apresurados por despeinarse
o los niños cuando aprenden del amor despeinando a sus madres
es obvio que los sueños nacen en las cabezas dormidas
porque siempre están despeinadas
y los amantes que sobre todas las cosas se despeinan
cuando se besan y se aman
por eso les digo:
hay que desconfiar de un amor que no te despeina

 

***Texto tomado de Animal no Identificado

 

 

 

 

 

 

 

 

Ferris Wheel

Se impone sobre el paisaje de Navy Pier, el movimiento de la noria. El ritmo se graba en las pupilas. Rostros y vagonetas, aparecen y desaparecen, cada uno con su apotegma, con su oración a modo de armónica, para levantar el día. Surgen los padres con astrolabios y amarómetros; antepasados con huesos de animales más fuertes, como recetas para mi débil osamenta; abuelas, que rezaron por mí, hasta volverse estampas. No deja de girar la noria en mi pupila, y trato de enfocar otra mirada con la mía, pero los rostros bajan y suben y se esfuman. Como todo error, como todo acierto, desaparecen, y no alcanzo a decirles gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

Animales blancos

Desaté la soga de una barca en el muelle. Su mansedumbre y su silencio, me recordó la imagen de un elefante echado, en cautiverio. Le leí poemas, deshaciendo los nudos que la ataban. Luego la vi alejarse mar adentro. Desde entonces escribo poemas para liberar a otras barcas atrapadas como animales blancos. Invito a los barcos de vela a declararle su amor a los pianos. El amor es posible. Yo me enamoré de una barca atada en el muelle, una barca que tal vez no saldrá nunca.

 

***Textos tomados de Ápsides

 
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Publicado por en noviembre 25, 2016 en Honduras, Honoris Cráneo

 

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Honoris Cráneo #5: Maurizio Medo

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Maurizio Medo (Lima, Perú, 1965)

Es autor, entre otros libros de poesía, de Manicomio (1a. ed., Santiago de Chile, 2005, La calabaza del diablo, 2a ed. Lima, Zignos, 2007; 3era ed., La regia cartonera, Monterrey, 2013; 4ta ed., Mantis, Guadalajara, 2013; 5ta ed. Varasek, Madrid, 2014); Dime novel (1era ed. Ediciones Liliputienses 2014, Arequipa; 2da ed., 2015, Luzzeta ediciones, Guadalajara) y parte de su obra reunida fue publicada en Ediciones Liliputienses en el año 2015 con el título Cuando el destino dejó de ser víspera en el año 2014. Editó también las antologías de La letra en que nació la pena: muestra de poesía peruana 1970-2004 (2004), con el poeta Raúl Zurita; País imaginario, escrituras y transtextos. Poesía latinoamericana 1960-1979 con el poeta español Benito Del Pliego (Amargord, Madrid, 2013) y el diálogo Escribir contra la pobreza, con el poeta Eduardo Milán (Monte Carmelo 2007).

Su obra poética que ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano, aparece en antologías tales como Pulir huesos: Veintitrés poetas latinoamericanos (Galaxia Gutenberg, 2007), La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea, de Víctor Manuel Mendiola (FCE, México, 2005), Festivas formas. Poesía peruana contemporánea, de Eduardo Espina (Colección Poesía, Editorial Universidad de Antioquía, Colombia, 2009) e Intersecciones. Doce poetas peruanos, de Ernesto Lumbreras (Calamus, México, 2010).



 

 

6.

La poesía se perdió en esa frecuencia hasta
dejar atrás las flores, todas  puestas al rojo vivo,
el tiempo suficiente para empezar a discutir
sobre las diversas vicisitudes del clima, y ya no
del poema que se come a sí mismo, o debería

si abusó de ciertos lugares comunes.

Como, por ejemplo:

a) los dilemas del yo que ceden ante la velocidad
del lenguaje en una carrera de postas, cuya meta
está en ninguna parte, pero en las  antípodas
de las grandes verdades;

b) las referencias culturales planteadas con el fin
de inducirnos a consultar Wikipedia y encontrar
el sentido, como quien se va de compras y regresa
con una gualdrapa, puesta en oferta
para ningún caballo;

c) el nihilismo lato  (con el cual se culpa al pasado
situándolo en el Greenwich de un futuro
no detectado en el sensor del GPS);

d) la estructuración de una nueva moral
a través de ecuaciones

 

 

 

 

 

 

 

15.

No pretendo obtener la jubilación como el más viejo

de los jóvenes poetas, título obtenido por walkover

ante mis contemporáneos, o tal vez por la ceguera
que cuenta como lazarillo a una escritura, también ciega,

hecho que, en sí,  explica se confunda un vals con el

ruido de fondo en el que transcurrió, pues “la ceguera
atañe también al oído”, especuló Borges al pensar en Sábato,
pero como un pretexto para hablar de sí

I would prefer not to, el mantra de Bartebly me ronda

meridiano dictando el argumento que podría utilizar
Mañana renunciaré al trabajo, jubilándome en algún
otro menester, sin duda, más productivo que brindar
boyante por haber cruzado el Rubicón del medio siglo

Un ritual semejante a un responso festivo, el cual
se interrumpió cuando mi mujer observó: “¿qué pasa?,
andas lacónico”, y recordé  esa nostalgia como propia
del linde en el que elegí leer a Melville, antes de resignar
musitando sumiso, “ahead last”,
ese pérfido eslogan borgeano

 

 

 

 

 

 

 

 

27.

A Lolo y Santiago Vera Cubas

“Yo solo recuerdo a mi pata Elvis que vivía por allí
Antes de escribir el grueso de Acajo mundo
en Llachón a orillas del Titicaca”, dijo Rodrigo
Vera, quien pudo ser mi vecino

Cualquiera de los dos

Santiago es su mellizo desde hace casi treinta,
cuando yo vivía en el barrio de los poetas y
ellos por aquí, en La Cantuta

El barrio de los poetas no es Barranco

¿Entonces cantamos “Volver”?

No podemos cantar “Volver”, en esta dimensión
pasado y futuro convergen donde la moda vintage
hace que todo parezca contemporáneo

Pero, a pesar de esta impresión, nada asegura
que lo seamos de algo

“Juégate una pichanguita de mi parte”
se despide Rodrigo y sí, el fútbol une lo que divorció
a los poetas, ¿alguna vez estuvieron unidos?

No por el idioma, por sus derivados

Aunque hasta hoy ignore quién eligió este atajo,
evidentemente por no encontrar otro camino
y descubrir que el centro estaba en otra parte,
lejos de La Cantuta o de Santa Beatriz

Ese fue el barrio de los poetas

Westphalen me habría dicho “es ridículo”
(como leer a Jaroslav Seifert en español)

Él vivió en Emilio Fernández, lejos de La Cantuta
y del barrio obrero de Zizkov

La poesía no tiene barrio

Es errante, un centro errante –acoté una vez,
como me lo recordó Lafferranderie

Pero va por otros órdenes, en los cuales
se puede oír al futuro, que está oculto
hasta que le llegue el turno
de aparecer en escena

 
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Publicado por en octubre 16, 2016 en Honoris Cráneo, Perú

 

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Honoris Cráneo #4: Mercedes Roffé

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Fotografía de Frédérique Longrée



 

Mercedes Roffé (Buenos Aires, Argentina, 1954)

Desde 1995 vive en Nueva York. Ha publicado diez libros de poesía, entre ellos, El tapiz (apócrifo atribuido a Ferdinand Oziel, 1983); Cámara baja (BsAs, 1978; Sgo. de Chile, 1998); La noche y las palabras (Rosario, 1996; Sgo. de Chile, 1999); Antología poética (Caracas, 2000); La ópera fantasma (BsAs, 2005; Madrid/México, 2012); Las linternas flotantes (BsAs, 2009; Guayaquil, 2015). En España se publicaron: Milenios caen de su vuelo. Poesía 1987-2004 (Tenerife, 2005); Canto errante seguido de Memorial de agravios (Madrid, 2011, con prólogo de Raúl Zurita); Carcaj : Vislumbres (España/México, 2014) y Diario ínfimo (Sevilla, 2016). Libros suyos se han publicado en traducción al italiano, francés, inglés y rumano.

Desde 1998 dirige Ediciones Pen Press (www.edicionespenpress.com), un sello dedicado a publicar plaquettes y pliegos de poesía contemporánea española y latinoamericana, y de otras lenguas en traducción.

Entre otras distinciones, obtuvo las becas John Simon Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012).



 

Situación con libro, I

Alguien mira un libro de artista. Lo tiene entre las manos. Un hermoso libros de artista, apaisado, con tapa de esquineros negros y cartulina rugosa, borravino. Un libro de páginas color marfil, sedosas, con pétalos pintados -o no-, uno por página. Un hermoso libro que va pasando lentamente, hoja por hoja:
azalea, bambú, alerce, cedro suizo, acacia, pino azul, jazmín, jazmín del cielo…
Más bien, un herbolario.

 

Situación con libro, II

Alguien mira un libro de artista, pequeño, azul, cuadrado. En cada página, arriba, aparece ilustrada una flor o una planta, y al lado, una breve explicación. En la parte central de la hoja, una bolsita con las semillas de la planta ilustrada arriba -la posibilidad de hacer vivo el dibujo, de germinar el nombre, la explicación.

¿Y si cada página de un libro, o cada libro, portara una semilla -no moral : factual?

VARIANTE 1: El tiempo pasa. El libro empieza a marchitarse.
VARIANTE 2: El libro, todo, empieza a germinar.

 
 
 
 
 
 
 

A veces

Se dice cuando
no siempre se puede algo
un hábito o costumbre
no muy frecuente
no de todos los días
-tampoco nunca
Se dice cuando de vez en cuando algo
como sentirse triste o solo o feliz o hermosa
sucede como decir cada tanto
un día sí dos no
un día sí tres no
pero no regularmente
no cada dos días
ni cada tres
ni todos los sábados
ni los jueves
ni dos de cada cuatro viernes
sino por ejemplo un viernes
y luego no
y luego, dos semanas o tres más tarde
otra vez
y luego no -cinco días o seis o quince
y luego sí

Suele también suceder
que llegamos a olvidar por un tiempo algo
a alguien
y de pronto lo vemos, pensamos, lo tenemos o recordamos
o echamos
otra vez de menos
después de un tiempo
y después de un tiempo otra vez
y otra  vez después de cierto tiempo

O se dice a propósito
de algo que sucede
por lo general en el alma
como un ritmo
o con cierto ritmo
que por lo general ignoramos
que, más bien, reconocemos
cada vez
y cuando recordamos que cada tanto aparece
que ya van varias veces que aparece y lo reconocemos
entonces decimos que sucede
cada cierto tiempo
cada cierta medida
de un tiempo que desconocemos
como querer cantar o enamorarse
como sucede la lluvia

a veces

***Textos tomados de La ópera fantasma (2012)

 
 
 
 
 
 
 

Vio a Cristo amamantando a los perros. Vio un hueco en el lugar del corazón. Vio una parva de heno, una oreja de Dumbo, una cola de buey, un grano de sal gruesa, un hangar, un telescopio. Vio una batalla de ángeles y demonios en el fondo de la alberca. Y luego fue la lluvia, la lluvia. Enconada. Filosa. Intermitente. Las uñas de la Impaciencia tamborileando en la ventana. Los dientes de las horas farfullando el rosario del tedio.

 

***Texto tomado de Memorial de agravios (2002)

 
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Publicado por en septiembre 14, 2016 en Argentina, Honoris Cráneo

 

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Honoris Cráneo #3: Euler Granda

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Euler Granda (Riobamba, Ecuador, 1935)

Poeta radicado en Quito, médico; su poesía se encuentra con las cosas de la vida cotidiana y alcanza un lirismo de profundo contenido social. Ha publicado entre otros libros de poesía: Voz desbordada. Quito, 1963; Etcétera, etcétera. Quito, 1965. El lado flaco. Quito, 1969; El cuerpo y los sucesos. Quito, 1969; Anotaciones del acabose. Quito, 1968; Ya paren de contar. Quito, 1991; Poemas con piel de oveja. Quito, 1993; Antología personal. Quito, 2005.



 

El Corazón  Bajo la Lluvia
“El Lado Flaco 1965”

 

Sólo la lluvia entiende
desde hace cuanto tiempo
está lloviendo.
Honradamente
ya no cabe tanta agua
en mi recuerdo

ni tanta lluvia cabe

entre la lluvia;

sin embargo

con la lluvia me vuelves.

Y de tus cosas me habla

la lengua. de la lluvia.

Al mediar una tarde

yo conocí tus manos

por la lluvia

y antes de ser tu voz

era la lluvia

y a ratos me llovias

como si nada más

existisse en el mundo,

pero la lluvia

solo es im regreso,

un párpado no más,

muriendo de agua,

una gotera sobre las palabras.

Empero ahora

de la mano regresas con la lluvia

v como todo contágiase de lluvia;

do oxidado el día,

de tu mismia cintura

bajo los peces muertos.

 

 

 

La advertencia

Un día
le regalan a uno
una palabra
y uno la pone al sol,
la alimenta,
la cría,
la enseña a ser bastón,
peldaño,
droga anticonceptiva,
garra,
analgésico,
brecha para el escape
o parapeto.
Uno le saca música,
la pinta,
la vuelve más pariente
que un hermano,
más que la axila de uno.
Uno la vuelve gente
y en los instantes débiles
hasta le cuenta
las cosas subterráneas de uno;
pero cría palabras
y un día te sacarán los ojos.

 

La droga

La más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.

 

 
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Publicado por en agosto 3, 2016 en Ecuador, Honoris Cráneo

 

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Honoris Cráneo #2: Juan José Rodinás

09-8-13- JOSE-RODRIGUEZ

Jun José Rodinás. fotografía de Andrés Darquea

 



Juan José Rodinás (Ambato, Ecuador, 1979) es el seudónimo de Juan José Rodríguez Santamaría, nombre bajo el cual publicó sus primeros libros. Estudió literatura y periodismo en Quito. Hizo cursos de traducción en Madrid. Ha publicado Los rastros (Quito, 2006), Viaje a la mansedumbre (Barcelona, 2009), Barrido de campo (Arequipa, 2010), Código de Barras (Quito, 2011), Cromosoma (Quito y Santiago de Chile, 2011), Estereozen (2012), Anhedonia (Popayán, 2013). Ha sido incluido en varias antologías. Además, ha publicado varios ensayos sobre poesía ecuatoriana e hispanoamericana. Ha obtenido el Premio Internacional de poesía joven La Garúa, El premio Internacional de poesía La Lira, entre otros. Algunos poemas suyos han sido traducidos al inglés y al francés.

 



 

 

Tetrabrick

La vida (o su proyecto) es un cartón de leche dispuesto en el pasillo
de un supermercado tras explosión nuclear de mal pronóstico o, 
si hay imaginación con detalle y estilo,
la colisión de un meteoro sobre la avenida de las tiendas.
Sabemos que todo orden depende de un dios, pero hoy no hay tal:
ni menos. La cabeza del autor de esta frase marca sobre el papel montañas cosidas a cerebro que las sueña
Hoy no sucede el mundo: mañana o ayer, si acaso.
Procedimiento y truco del humus para matar lo que no puede morir solo. 
La vida fue 33 años (unidad de medida de algo que al crecer, 
disminuye) sólo un erizo sangrante en su interior:
un títere de trapo que piensa en su muerte, protagonizándola,
pero a distancia todavía, practicando la carrera de obstáculos
en un bosque donde cada árbol imita un eje de napalm
bajo alambres de púas. Quizás por cada año
(y por cada año de cada año mío), el cuerpo de un niño jugó
mordiéndose las manos al interior de una cárcel de hueso.
Esta creatura (inhabitable) pudo doblar el antebrazo 
para mirar sobre su codo un paisaje imitador-monet.
En esa misma piel, había mirado una caravana de muertos
preguntando por los últimos hombres que bailaron sobre la tierra.
Las nubes, envueltas en papel cigarro, arriba de los hombres 
que habitan edificios ya previamente demolidos.
¿No sabían que sus departamentos, donde el mundo era el peso
de una manta, ya no existían? Se destruyó una cosa
que luego tardó en destruirse. Claro, las cosas tienen un espíritu
que nosotros no tenemos. La vida, arte abstracto de sí misma, 
ocurre en un vídeo táctil que se proyecta mente adentro
donde algunas personas habían desaparecido previamente.
Con fortuna, incluirá el cráneo de un hombre solo 
que ha trabajado demasiados años para borrarse el rostro
& imaginar un cuchillo rasgando su cabeza que observa,
mientras la vida habría acumulado demasiados árboles
que son idénticos a ella, misma que, si somos justos, 
si la justicia trabaja sobre la forma herida de las cosas,
ya no podrá existir.

 *** Texto tomado de Anhedonia (2013)

 

 

 

 

 

 

 

INTERMEZZO THOM YORKE PROGRESIVO

El ordenador encendido como
una página en blanco, como OK Computer.
Como esto que es un cielo de animaciones suspendidas.
Como este paisaje se hace un sueño de alienaciones dulcísimas.
Como un pliego de nieve envuelto en la punta de una estaca sobre la pupila: en largas cánulas sobre el tejido visual.
Eso es decir estoy de vuelta: la realidad está dentro: la realidad está fuera, pero dentro. Estoy solo como estoy solo dentro de mi mente que es lo que lees. 

*** Texto tomado de Cromosoma (2011)

 

 

 

 

 

 

 

Axones

Canción de despedida, de llegada.

I

En el cuerpo, los nervios pesan como arterias de plomo. Con las pastillas, el cerebro se ablanda como un río benévolo. Las neuronas son libélulas negras que sobrevuelan un estuario mental. Por la mañana, el médico me dice: “tiene una enfermedad en la cabeza como un otoño inhabitable”. Yo también lo sospecho.

II

En mi habitación, trago astros en comprimido, pastillas que resplandecían en mi mesa. Todo para evitar el picoteo del gorrión, pájaro de la enfermedad, bajo mi nuca. Mi cerebro se equilibra un instante. Junto a la jarra de leche, los pomelos húmedos están sobre la mesa, como un cristal antes del acabóse.

III

Este día sueño con destruirme. Volarme con un pájaro la sien del cielo para que mi cerebro se haga espuma en el mar. Este día sueño con destruirme. Sumergir mi pecho en la hoja del baniano y desaparecer.

IV

Tengo un clavo en la mente: una herramienta de luz manchada o sucia. Por ella, el ruido de los automóviles es mi fonética del mundo: carros en una larga fila de carros en una larga fila de carros atascados. Mi oído se convierte en un atributo del dolor que viaja –como tren japonés- a la velocidad de la luz desde mi cuerpo, contra mi cuerpo.

V

No hay estación del cuerpo, pero el dolor la crea. Llueve mielina en los nervios (aguacero plateado). Tengo sacudones en mi esternón y en la piel de los brazos. Tal estación –diríase parecida al otoño- deja caer hojas de radón desde las ramas de la columna vertebral, desde la encina que el anatomista llama árbol de médulas.

VI

Como un fuselaje, entré a la cámara de resonancias. Escuché un zumbido electrónico para obtener fotografías de mis huesos, de la pasta cerebral. Allí la máquina descifró mi sueño de oler cedrón mientras acariciaba un pájaro. Como un diapasón, el cráneo contraído percutió sobre mis días de luna elemental, profética. Imágenes de una piedra de la locura iluminada por el espejeo del láser.

VII

Las placas tornasol decían: hay un quiste en tu cerebro. Trepanaciones.  Extracción de la piedra de la locura. Pienso en un tumor, como un cometa contraído en un puño.

VIII

Mi médico, el poeta, dice que los puentes son hermosos, que no duelen. Él habla sobre puentes materiales: un puente uniendo mis articulaciones enfermas con la orilla (ahora detenida, luego suelta) de la tina. Goma de sangre. Un verso es una línea, un hueso es un hueso. Separo lo separable. Recojo mi cuerpo, oculto tras la bata de cirugía, mientras miro las nubes, su blancura metódica, mi adiós.

 
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Publicado por en junio 27, 2016 en Ecuador, Honoris Cráneo

 

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