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Archivo de la categoría: Nicaragua

Cráneo #49: Carlos M-Castro

Carlos M-Castro (foto por Sobeyda Castilblanco)

Carlos M-Castro (Managua, Nicaragua, 1987)

Es autor de Antropología del poema (Managua: Leteo, 2012) y su trabajo ha sido incluido en antologías como #Los2000. Autores nicaragüenses del nuevo milenio (Managua: Leteo, 2012; 2.a ed.), Flores de la trinchera. Muestra de la nueva narrativa nicaragüense (Managua: Soma, 2012), Apresurada cicatriz. Instantáneas de poesía centroamericana (México, D.F.: Literal, 2013), Nuevos poetas de América. Antología de poesía joven Chile-Nicaragua (Santiago de Chile: Fundación Pablo Neruda, 2013) y De ahí nomás. Poesía actual de Centroamérica y del Caribe (Bahía Blanca: Vox / San José: Germinal, 2013). Eventualmente escribe en su blog, http://lectordislexico.blogspot.com, y rara vez tuitea: @lectordislexico.


Manual para sobrevivientes

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
Refrán sordomudo

No quiero un panegírico leído por Ernesto, Sergio o Claribel
ni un mausoleo en la Colina de los Ilustres Hombres.
Que no maquillen mi pellejo
ni disfracen mi esqueleto y su cubierta de un Gran Señor que nunca fui.
Prohibidos los videos y las fotos que después circularán por Internet
o serán salvapantallas, tapiz del Escritorio,
imagen destacada de perfil en red social.
Nadie publique un reportaje, una noticia, un obituario.
Alejen a la prensa de la fosforescencia de mi profundo oscuro sueño.
Golpeen todo rostro cuyos ojos enrojezcan
ante el primer ardor de mi chorreante témpano
y humillen a cuanta mujer aparezca
queriendo, enlutada, acaparar la propiedad privada del Dolor.
Desnudo amordazado dando vueltas frente al fuego,
aguarden su ración de carne asada los presentes;
trituren lo que sobre, hagan moronga
y coman hasta hartarse de mis restos.
Si al rato van al baño a descargarse,
no olviden con las hojas limpiarse de mis libros.
Jamás se les ocurra de todo lo que dije o escribí
copiar ni media frase en las paredes.
Olvídense de dioses y de héroes.
En estos tiempos los monumentos hieden.
Conviene reajustarse los grilletes.

Death Row

Il y en a qui écrivent pour rechercher les applaudissements humains…

Lautréamont

soltás entonces la guitarra
y por primera vez un ojo tuyo
deja de ser espejo de sí mismo
el brazo agujerado de un convicto
se pasa en ronda por tus manos
con una petición imperativa
de llanto risa o bilis
sus dedos tienen callos
nacidos con el fin de muchas vidas
gargantas apagadas
y piernas y entrepiernas en cenizas
el cerdo el criminal
el chicle que hay bajo la silla
tiene que ser eliminado
con una sobredosis de justicia
firmás gustoso el acta
con el control remoto
mientras tu otra mano
ausculta la bragueta
pero cuando se desinflama
el glande que palpita en tu pecho
notás que acaban de pinchar a tu vecino
Mi nombre es Bernardo Abán Tercero
Pasé por El Guasaule con Virgilio
Nel mezzo del cammin di nostra vita
Busqué dentro del Dite a mi Beatrice
in order to becoming citizén
o al menos residente de los cielos
Y tarde realicé que no debía
dejar mi chico infierno con los míos
ché la diritta via era smarrita
así un día ocurrió
que abandonaste el búnker de tu ombligo
y compartiste el fuego recibido
y amaneció en la Tierra tu otro ojo
y viste más allá de tu retina
y te reconciliaste con tus brazos
y en ellos consolaste al invisible
espectro que llenaba los espacios
y todos los pronombres se opusieron
al plagio prolongado de los seres
qué pena que ese día se te niegue

 

 

 

 

 

 

 

Literafobia

Me da miedo leer. Las letras y yo tenemos una relación de médico y pandemia, de marinero y viento. Cuando estoy frente al océano su rugir me llama, su inmensidad me atrapa; la fuerza de sus movimientos, demostrando a cada intervalo de ola su vitalidad eterna, licua mi cuerpo, mi piel se diluye y soy también rugido inmenso eterno; en asedio siempre a tierra firme. Desaparezco. Por eso estoy lo más posible lejos de la costa, en mi simple refugio de concreto, asfalto y hierro.

Digamos que el problema es decidir, discriminar. Al decir yo, te excluyo. Temo abandonar unas por otras. Y la certeza de no tener opción. Sé que no puedo beberlas todas; si acaso a sorbos probar sus variaciones. Morir sediento, perdido en un desierto sin disfrutar siquiera una agonía húmeda, tampoco. Me niego. Debo zambullirme.

Hay que mezclar nado y buceo. Ahogarse es perenne riesgo. Dicen que en las profundidades uno se desorienta: oscuridad total, lejos del sol, no sabés si vas arriba abajo a un lado u otro; sin guía, aún con fuerzas y oxígeno para un minuto inacabable, solo te queda ese ingrávido último baile, dejar que te mezan sus brazos, no dormir; soñar.

Leer por eso me da miedo. Es una alta forma de suicidio. Aquí soy letras; para existir debo leerme. Y si me leo —si existo—, pierdo tiempo y aquellas letras otras, las mismas pero otras, son desperdicio. Mejor me anulo, leo y me rehago.

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Publicado por en septiembre 11, 2015 en Cráneos, Nicaragua, Poetas de los 80's

 

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