RSS

Archivo de la categoría: Panamá

Cráneo #18: Javier Alvarado

 

javierAlvaradofot

 

 

Javier Alvarado (Santiago de Veraguas, Panamá, 1982)

Hizo sus estudios en el colegio Panama School y después obtiene el título de Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Panamá en el año 2005. Candidato al Máster en Bellas Artes en Teatro por la Universidad de Panamá.  Ha dado lecturas de sus poemas en Cuba, Chile, Nicaragua, Costa Rica, México, Inglaterra, Guatemala, El Salvador, Escocia, Colombia, Ecuador, Canadá, Argentina y Uruguay; así como también la aparición de sus poemas en varias antologías de Poesía Hispanoamericana. Ha publicado: Tiempos de Vida y Muerte (2001), Caminos Errabundos y otras Ciudades (2002); Poemas para caminar bajo un paraguas (2003);Aquí, todo tu cuerpo escrito, (2005); Por ti no pasa nunca el Tiempo (y otros poemas al espejo) (2005), No me cubre de edad la Primavera (2008), Soy mi Desconocido (2008), Carta Natal al País de los Locos, México (2011), Ojos Parlantes para estaciones de ceguera, Nicaragua (2011),  Balada sin ovejas para un pastor de huesos, (2011), Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín, México (2013), El mar que me habita, Nicaragua (2013)Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004, 2007 y 2014.  Premio de Poesía Pablo Neruda 2004 y Premio de Poesía Stella Sierra en el 2007. Poeta residente por la Fundación Cove Park, Escocia, Reino Unido 2009. Mención de Honor del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba 2010 con su obra Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia). Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos Parlantes para estaciones de ceguera.Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía con el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos.  Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua por su libro El mar que me habita. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2012 por su libro Viaje Solar de un tren hacia la noche de Matachín.  Finalista del Festival de la Lira (Ecuador) 2013 por su libro Carta Natal al País de los Locos (Poeta en Escocia). En 2014, un jurado conformado por el poeta español Antonio Gamoneda, el poeta peruano Rodolfo Hinostroza y Julio Pazos de Ecuador, le ortorgaron el Premio Medardo Ángel Silva a obra editada por su libro Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia).


 

 

MARCARIA ESPINOZA

Y en su vientre nos reunimos en un llanto compacto

Eugenio Montejo

A Mamá
Todos colocados en la misma escena.
En las esquinas los nietos
Y a los lados los hijos de ella (amortajada como una novia).
Yo estoy en el fondo de su pecho
Naciendo de su cuello como un tumor
O como una prismática vena.
Los poetas nacemos de los torrentes más extraños.
Dicen que el olvido presionará el disparador.
De esta nueva Lumix saldremos todos:  la familia que nunca fuimos.
La que se quebró como un espejo y donde se diseminó
Como un rio de larvas, la memoria.
Aquí cada uno muestra su mejor sonrisa
Y otros su disimulada alegría, ocultando la más notable decadencia.
Unos tras de otros iremos faltando.
Aquí posamos con su único retrato, el que desconocemos.

¿Quién trazó los caminos de la loca?
¿Quién determinó los partos en el aire
Donde cuajaron los átomos de su maternal locura?
¿A dónde ese abuelo perverso que le arrancó
Los llantos, el hambre y la risa opacada de sus hijos?
Ella revolotea por los cielos de Las Minas
Como una cascocha en reposo,
Como un vapor de cristal en el arco del sonido.
En todas las aguas ella los busca sin hallar
Todas las teorías que fenecen en los ojos.
¿A dónde vivió?  ¿A dónde fue?  ¿A dónde estuvo?
Caminaba con un palo y terciaba
Las figuras moldeadas por el polvo,
Andaba con un traje limpio y con unas trenzas largas
Tejidas por la nervadura de la noche.
El humo nunca entró en sus ojos
Y se le oía cantar desde los lejos.
Abuela: voy moldeándote en cada paso por estas tierras
Con un cordel de furia
Donde no tengo nariz ni ojos ni manos en la opacidad para palparte
Para ser como el arroz que crece como una mano de pilón que sorbe gritos
Una enjundia de los terneros que tiritan
Acurrucos que danzan en el espacio hasta dominar el frio.

Si te  he de imaginar entre las sombras
Portando la mortaja del alba en manicomio
Trazando una fábula por ese Matías Hernández en donde te oigo llorar
Como una niña atiborrada de muñecas
Donde hay asfixia y musgo, o campanas sordas atragantadas por el limo
Por una jofaina seca que se revienta en la pubertad del foso
Son estaciones inversas las que encuentro
En tu fervor de remolino.

Te da mucho miedo el enfermero negro.

No soy un conejo para estar comiendo tantas hojas.
Yo no he de estar aquí, he de estar en una casita de barro
Con la comida caliente y la infancia de mis hijos,
Pobres pero radiantes y mordiendo los tubérculos de la tierra.
Mírenme aquí  paciente psiquiátrica
Con expediente desaparecido.

¿Quién puede descifrar o imaginar el dolor
Que se postra en el cerebro de los locos?

Aquí estuvo y se sentaba a llorarlos en los resfriados
Y febricitancias del día.
Nunca imaginó la barba de sus hijos ni las primeras menstruaciones de mi madre.
La queremos imaginar cómo era
Alta y bella como la esfinge
O como una diosa del Olimpo o una flor del Espíritu Santo con pollera.
Se fue deslizando en un quejido agrario.
Al Ciprián fue a dar y no sabemos
El secreto de su tumba.

Posemos todos.  Ella está aquí.
Tiene el vientre abultado, muy abultado.
Hemos regresado a ella.
Hemos vuelto a su vientre
Con un llanto compacto.

 

 

 

EL FOTOÁLBUM

Me pongo a mirar las fotos al fondo
Donde se erige el álbum de la nada
Mujeres antiguas con vestimentas
Que hoy se apolillan en baúles de caoba,
Caballeros de sombrero y corbata que van y vienen
A una boda que siempre asisten.
Los abuelos que se fueron de uno en uno
Hasta desperdigar sus genes y la sangre de sus hijos.
Leonardo con su ropa caqui deambulando
Con su caballo colorado
Por un potrero de maderamen y ceniza,
Lucila con su pollera o pedaleando la máquina de coser
Motivando la aguja que ha de coser los trajes
Inolvidables del invierno,
Marcaria la loca que busca el refugio materno
De las aguas,
Celestino con su sombrero ensimismado
Y el rostro de la vejez tan denso
Como arboladuras animales,
Ahora Reyes que se ha ido
Dejando una blanca cola de estrellas
Y un perfume perpetuo.
La tierra se los tragó como el trabajo
Como el agua de la lluvia, el pan y el sacrificio
Hoy ojeo estas fotos y me persigue
El canto de un gallo fantasma.
Todos los recuerdos están como un guijarro
En la palma de la mano,
Como una oración de un desconocido detrás del muro.
Todas las abuelas me dan sus bendiciones.
Hay algo que busco y se ensombrece.
Es mi foto de muerto, que tarde o temprano, se ha de iluminar.

 

 

 

LA TEJEDORA DE COVE

A Ciara Phillips

Dijo la fáustica, hágase el prodigio
Digamos que cosemos sobre el ceremonial del tiempo
Ni el mismo William Butler Yeats al amparo de esta cita
Al pie de la página, que nos abre una y otra vez
Los espejos locos de esta arteria.
De este mimo desertor del silencio para asilarse
A tu lengua como un bramido, como un pistolero
Que va arreciando sus balas de lluvia
Contra los soldados de la tierra, queriendo o no inundar de plomo
El estómago de las abejas, o el caballo que rumia las hierbas
De esta transparencia en el rito inmóvil
De los minerales, donde reina el cuarzo
Si pudiera en este éxtasis del verbo condicional
Contemplarte como un sol atardeciendo
Como un trébol de mil hojas que crece en tu natal Irlanda
Donde hay delfines de musgo y ballenas de escarcha sobre las costas
Un desnudo cuerpo que atisbara la melancolía de las sirenas
Esas que peinan los jardines meditados de la espuma
Los buques con averías que se van a dormir al fondo
Con una película para niños o con rondas de juego
Que les ensenamos desde nuestras vacilaciones como un combate
Del milagro a la semilla,
Los turbios montes que se ponen a llorar ansiando tu sonaja
Tu labor maternal de colocarles la bufanda antes de la fatiga
O de la hora contemplativa de los dioses
Que se enojan porque les hemos robado el fuego.

Yo vengo desde mi voz centroamericana
A dejarle un tamborito a tu follaje
Construyendo un camino de canarios y de ranas paralelas
Esas que te dan miedo a que salten y se asilen en el arroyo
De tu corazón como un gajo oscuro.

Contemplo tus manos donde pueden fraguarse
Las apariciones de los conejos de fieltro como si fueses una maga
Las desapariciones de los peces como si fueses una violenta estación
O el milagro de la creación acaecido entre las redes,  tu rubia cabellera
Como un racimo de trigo y de arroz dispuestos a la mesa
Los bostezos del día o el traje de novia que le inventamos a la noche
Las capas de rocío que se yerguen sobre las colinas
O la pequeña pantera que ha de lamer tus brazos
Y dejarte una amorosa guirnalda de furia y de saliva.

No le temes al oficio de la araña
Ni a mezclar la nieve de la oveja en las costuras.
He observado su menudo cuerpo sobre la labor
De las temerarias costureras
Esgrimir sobre sus manos las agujas de los pinos
Bordar como las ninfas las burbujas de agua
Tus manos pueden ser las de una diosa o de una terrestre Penélope
Sin su celestial Ulyses.  Ya basta del mismo mito.

Ella no espera a nadie. Solo va cosiendo hasta plantar un árbol
Una camisa sobre el tronco
O los pantalones de un temible guerrero.

Aracné no es tu nombre ni tampoco tendiste el hilo,
Ariadna ansiada por otros Minotauros.

Dame el hilo de tus costuras y yo te daré la aguja de mis versos.

Un poema tejido será como una fogata
Como un volcán de palabras nuevas
Que han de dominar los copos de nieve
Que nos ha heredado el frio.

 
 

Etiquetas: , ,