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Honoris Cráneo #8: Héctor Hernández Montecinos

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Héctor Hernándes Montecinos (Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Letras Hispánicas (P. Universidad Católica de Chile). Termina un Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte (Universidad de Chile) y otro en Literatura (P. Universidad Católica de Chile). De su proyecto total en tres partes, Arquitectura de la Mentalidad, que supera las dos mil páginas, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Es el compilador de 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Santiago: Ventana Abierta, 2010) y Halo: 19 poetas nacidos en los 90 (Santiago: J.C. Sáez editor, 2014). Ha aparecido recientemente en El Canon Abierto. Última poesía en español (Madrid: Visor, 2015) como uno de los 40 poetas “más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”.



 

 

Galicia 747

Tengo un itinerario de aves en este cuarto. No
veo más allá de las canciones
que entran por la ventana. No existe
nada aparte de hormigas y pasto afuera.
La soledad agudiza
los sentidos a niveles insospechados
pero también el sinsentido de las distancias y los recuerdos.

El tiempo pasa más rápido que el sol
sobre el techo de esta casa, huye
hacia otro pueblo de palabras entrecortadas: heridas,
sudor y a lo lejos el mar.

Nada se mueve sin mi mirada
eso pareciera decir el silencio en mi cabeza
pero no es tan así.
Precario es todo lo que pueda tirar
al punto de fuga de la invisibilidad.

No hubo amantes ni homicidios,
sin sangre siempre parece ser mediodía;
pocas visitas y fiestas frente al espejo
el paisaje sucumbe ante la atracción de las olas
que alguien sueña en el deseo.

Soy una cama en el suelo, una silla y una mesa plástica
y la vida es generosa.
La ropa se ensucia, los papeles acumulan tinta,
la piel en mí aburrida espera el veneno.

Acá la rotación y la traslación parecen no existir
más que para mosquitos y zancudos
que cantan a los átomos de que se alimentan.
Dentro mío otros pueblos han hecho panal,
en lo hondo y oscuro que es uno consigo mismo
estrangulado por el eterno retorno.

La austeridad es un enigma
que de tan pulsión
no se puede explicar en estas fronteras.

Estoy despierto a estas horas y hace frío,
el cuerpo no basta, se rompe
busca una ruta pero todo se aleja.
Nadie más vive en estas calles. Se fueron.
Quedan sus nombres que son nombres de ciudades:
Ruinas. Ruinas. Ruinas.
Ningún dios está dentro de nada.

El océano y la música se siguen oyendo
y ninguno de los dos existe. Tarareo con ellos
lo impecable del espejismo en el cual
alguien se tiende junto a mí.
Retengo mi semen en la mano
para que no sea el último en dejarme esta noche.

Creo que desamparo es la palabra,
desamparo y rencor.

Villa de Álvarez, 6 de febrero, 2013

 

 

 

 

 

 

El Fin

I

El color de los cuerpos
que caen juntos
en una misma cama
como si la trampa
hubiese estado dispuesta
hace años
en esos granitos de arena
en los ojos de los ojos
en una playa en el sol
en unas rocas en la luna
o las nubes de una galaxia
girando a todo calor
debajo de la piel.

Esta piel.

El color de los cuerpos
que se desean
bajo una misma noche
en un secreto
que de tan secreto
es una nueva luz
pero a la vez
una nueva oscuridad
entre otras piernas
que caminan hacia acá
entre las sombras
de una ciudad en ti.

Esta ciudad

Ése es el secreto.

Ése es el límite
de tu aproximación
y mi caída.

Es la pregunta
de si mañana
amaneceremos juntos
en un mundo sin mañana.

 

II

Te observas en el mar
como si fueras a lo lejos
el horizonte chiquito
de tus ojos
que rehúyen su propio reflejo
su propia luz
su propio anochecer.

Los barcos dices amar
y esos barcos eres tú
siguiendo la línea
que dejan las estrellas
sobre su desaparición.

Cada nuevo detalle del cosmos
lo haces tuyo
y lo ofreces sin palabras
a un dios
que también es mi dios
pero del cual desconocemos
sus colores
su saliva
su luz profunda y su pena.

Un dios sin amanecer
como esta brisa
que rasguña mis labios
con la sal
en que se han convertido
los muertos
de este deseo.

Las olas rompen en ti
como los años en mi cabeza
como las noches que pasan
entre nosotros
y no nos ven
en el vértigo de verte durmiendo
en el fondo de los corales
que no me dejan respirar
la vergüenza.

Sangro de a poco
sobre este cuaderno
me enfrío de blanco las manos.

Las estrellas allá
huelen a piel y sal.

Todo lo que es polvo
acabará esta noche
en mí.

 

III

Alejas cada rincón
cada meteoro
entre tu cielo y el mío
huyes del monstruo
y del fondo del mar
que ves en mí
cuando te ves al espejo.

Nos reflejamos
y no sabemos qué hacer.

Deseo y miedo
es un mismo dios.

Una misma caverna
y una misma isla.

Uno que muere cada día
cada noche
en cada naufragio.

La renuncia es otro placer
uno para desconocerse
en medio
de las ráfagas de muerte
que la historia trae consigo
sobre la geografía.

 

IV

Desbordas luz y no te das cuenta
quieres enterrar tu corazón
en el fondo del bosque
donde vives tú
entre los árboles
que le roban el terciopelo
a las constelaciones.

Te asesinas cada noche
y tus ojos aparecen detrás
de esas montañas al amanecer.

No son montañas
es el porvenir
de tus manos.

Estás dentro de mi nombre
y eres yo mismo en el futuro.

El amor sólo es posible
entre cadáveres.

Lo sabemos.

Pocos metros quedan
para que pasemos juntos
una eternidad
una eternidad
hasta la estrella de la mañana.

 

V (epílogo)

Amaneció
y la noche cósmica
ya no es más.

Ciertamente un cadáver
se despide de mí
el mismo que se frotó en mis ojos
cuando en un momento pensé
que el mundo entero era un momento.

El nuestro.

Ya no es más.

Todo ha desaparecido
con el óxido de un mar de acero.

Todo ha desaparecido
y alguien sonríe en otro país.

Ése era el secreto.

Todos los sabían menos yo.

Santiago, 21 de febrero, 2015

 
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Publicado por en marzo 22, 2017 en Chile, Honoris Cráneo

 

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Cráneo #180: Giovanni Rodríguez

 

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Giovanni Rodríguez (San Luis, Honduras, 1980)

Estudió Literatura en la UNAH-VS, en donde imparte clases de literatura hondureña, centroamericana y latinoamericana. Ha publicado los libros de poesía Morir todavía (2005), Las horas bajas (2007) y Melancolía inútil (2012), la novela Ficción hereje para lectores castos (2009), los ensayos de Café & Literatura (2012) y los cuentos de La caída del mundo (2015). Obtuvo en 2006 el Premio Hispanoamericano Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, el 1er. Lugar del Certamen de Poesía La Voz + Joven, de Madrid, España en 2008, el Premio del I Certamen Hispanoamericano de Cuento Ciudad Ceiba 2014 y el Premio Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” 2016 con la novela Los días y los muertos. En 2010 participó, en representación de Honduras, en el Festival Internacional de Poesía de Granada, España.

 



 

Azul con fondo gris

Yo te consagro Dios, porque amas tanto,
porque jamás sonríes, porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.

C. Vallejo

De lejos,
luz hostil,
ociosa luz,
antigua luz,
viene de lejos a dejarnos una piedra en la mirada.
Pesada sombra llora gota a gota
y sombra es
y luz
y noche entera.

Tiene la garganta el hábito del fuego,
instante de pájaros violentos
que vuelan
contra la calma de los días aciagos;
pero algo vuelve,
vuelve,
hecho ceniza,
al margen de este día.

Sangre añeja de las venas ebrias,
todavía se revuelve en el pecho
como un animal ebrio y malherido.
La sangre viste el color de los atardeceres
y se llenan de espinas los caminos.

Lejos,
más lejos que esta sensación de lejanía,
de distancias borradas,
alguien niega su propia transparencia.
Aquí, al fondo,
bajo esta gloria de espuma que es la música celeste,
su voz no es más que una burbuja,
un balbuceo,
un agua que se rompe.

Soy Adán,
un hijo de su hijo una y mil veces,
tengo en mi boca el jugo de la fruta prohibida;

soy Caín,
el que inventó el rencor sobre la tierra.
He matado en él mi último fruto
y el agua de la culpa ya no cae de los ojos.

Se nos apaga, él, se nos apaga
con la muerte del sueño de los hombres.
No vuelva más.
Vuelva a su cielo,
a sus cómodas nubes
y sea lluvia
o la exacta brisa que remueve las hojas.

Aquí nacimos,
en medio de la hierba,
del olor a tierra,
en medio de otros huesos hechos polvo.
Aquí hemos de crecer,
como los días,
a la altura del sol,
todos los días.
Aquí el instante es para siempre,
hasta morir,
hasta no ser más que una sombra
o un suspiro,
un último latido en medio de los besos.

Niegue su oído al sonido traicionero
de este viejo corazón envilecido.
No exista más;
aquí su nombre es sólo el murmullo de unos labios.
Bastan los días que nos hacen amar,
odiar,
rendirnos a unos labios
o declararle la muerte a nuestros propios ojos.
No exista más,
corte los hilos
y sople de una vez aliento a estas viejas marionetas.
Alguna vez
esa vieja corona doblará sus espinas
para no decir sangre;
entonces,
cada hombre
empezará a fundar sus propias cicatrices.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo soy el que soy
Acojo tempestades en mi boca de sed y arena oscura, gritos para el silencio de mi esqueleto
enmudecido.
Camino sobre filosas piedras cuando es preciso andar sobre las aguas.
Soy eso que se busca o se persigue con el dorso de una mano.
Soy el mal, el fraterno mal: el afán innombrable, el eros sangriento que la razón evade.
Desde uno de mis ojos mira el odio y en el otro exhibe el fuego su locura.
Vengan la furia, el celo, la dulce amargura de unos labios malditos; hay que amar fieramente en estas noches de tedio.
Que no cesen la sangre y su ira latente, aún si el tiempo es obra de unos dioses dormidos; en mis manos violentas se deshacen los cuerpos y vuelven a crecer con nuevos corazones.
Soy el mal, el fraterno mal; ¿quién en la hora adversa me persigue?, ¿quién se arrastra y me nombra con lengua lisonjera?
Escupo las palabras, salta mortalmente el odio de mi boca.
Soy el mal, el fraterno mal, la mitad aborrecible, tu mitad prohibida.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ser / No ser

Ser poeta.
Ser poeta y esperar, tener esperanza aún, tenerla siempre.
Ser poeta y amar con increíble fuerza las cosas más pequeñas.
Decir así, siendo poeta, que la vida es inventario de instantes dolorosos, recuento de pasiones no correspondidas, de tragedias sin fin, de incertidumbres, y aún así, siendo poeta, sonreír amablemente porque es hermosa la vida…
Alojar en el pecho todas las desdichas, los golpes cotidianos, las infamias ajenas; robustecer de esa manera el corazón; acumular ternura, amor, cariño, etcétera.
En resumen, ser infinitamente triste, melancólico, un hombre sin fortuna.
Ser poeta y hablarle al mundo connotativamente.
Asumir que uno no es uno sino todos.
Dedicarse por entero a la poesía, a transformar la lluvia en llanto, el aire en breves caricias de la tarde, el más prosaico acto de la vida en una imagen poética.
Todo eso, sí, es ser poeta, según los cánones de la alta academia del espíritu, pero yo he decidido ya no serlo, si alguna vez lo fui, si alguna vez creí ser Dios, como en ese poema cursi de Huidobro.
Mejor no ser poeta.
Ser sólo un hombre común que silba mientras anda.
No tener esperanza porque es mucha esperanza para tan poca vida.
No ser poeta y amar apenas las cosas necesarias.
No pronunciar jamás palabras tristes o cursis o sacadas de un libro de autoayuda, ni sonreír
con estoicismo ante el desastre, ni intentar ver lucecitas al final del largo y tenebroso túnel de la vida.
Mejor no decir nada, cerrar la boca, o abrirla sólo para las cosas serias o infinitamente divertidas.
Y desterrar del pecho la melancolía.
No ser poeta y hablarle al mundo denotativamente.
Saber que yo soy yo, no pretender ser tanto ni tantos ni ninguno; a un hombre le basta su propia mísera existencia.
Dedicarse a otra cosa: a practicar el amor del cuerpo a cuerpo, el tiro al blanco, dedicarse al sano aprendizaje de decir “yo quiero una cerveza” en el idioma de Kafka.
Aficionarse al fútbol y a la novela negra o de aventuras, aprender a bailar salsa para no aburrirse el día de la fiesta.
Todas ellas, cosas muchísimo más interesantes y sensatas que escribirle poemitas a las musas.

 

 
 

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Cráneo #179: Paco Granados González

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Paco Granados González (Huehuetenango, Guatemala, 1992)

Estudiante de Antropología Social. Forma parte de la antología Poesía Abstracta (Patológica editores), participó en la séptima edición del Proyecto posh (2014) en la rama de literatura.



II.

ahora recuerdo que cuando era niño
me contaban una historia
la de un hombre que salió una noche
a un bosque
a suicidarse
ahora sueño que camino por el bosque
y me topo con el cuerpo colgado y exánime
despierto eyaculando

 

 

 

 

 

XIII.

mi sueño siempre fue
ser el asesino de moda
sigo sin lograrlo
he perdido mucho tiempo
actuando como el personaje menos sospechoso.

 

 

 

 

 

XVII.

mi cerebro abandona mi cráneo
buscando un cadáver menos aburrido
al fin me quedo
como aprendiz de náufrago
acariciando la luz de mis terminaciones nerviosas
luz patógena
estar de acuerdo con la indiferencia
abluciones y epilepsia
ser el gordo que arruina la foto
sentirse maldito
recuperar el cerebro con un par de perforaciones.

 

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Cráneo #178: Martha Mega

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Martha Mega (Ciudad de México, México, 1991)

Escritora, performery directora de teatro. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la UNAM y es fundadora y directora artística de la compañía Sí o Sí Teatro. Autora del libro de poemas Vergüenza (Mantarraya Ediciones 2017). En 2015 fue acreedora del Premio Punto de Partida de Traducción Literaria. Forma parte de las antologías Poetas Parricidas: Generación entre siglos (Cuadrivio, 2014) y Joven Dramaturgia Vol.3 (Libros Malaletra, 2016). Se ha presentado con espectáculos de spoken word a lo largo de México.



 

 

Sobre la puerta del matadero había
un número inmenso. Era el número cinco

despiertas gritando en otras lenguas
aunque tu madre te dio de mamar hebreo
tu padre te golpeó en tzotzil
tus secretos los guardaste en árabe

acá hay otros que dicen que se llaman
arios, mexicanos, tutsis, israelíes
lamentablemente
no eres parte de ellos
brother perdido de babel
sabrás qué responder
si alguien te pregunta
cuál es la cosa más dulce en la vida
alguien _por decir algo_ de tralfamadore
¿qué dirías?

creo que deberán inventar
mejores mentiras
o tendrán que continuar sin nosotros

que nos cuenten otra Historia
para que tomemos fuerza y nos arrastremos
como los desafortunados mamíferos que somos
hasta un bosque lejos de las llamas
un bosque hecho de todos los bosques

que cuenten una historia sobre viajar a otros planetas
vámonos a la ardiente dresden que es como una luna ardiente
o al silbante acteal vámonos
a mirar las estrellas o lo que sea que surca el cielo en gaza

que sea la noche del 13 de febrero de 1945
o la mañana lacandona del 22 de diciembre de 1995
o la tarde hace cinco años cuando mamá no regresó

si alguien te pregunta cuál es la cosa más dulce en la vida
¿logras dormir?
yo diría
despierta ahora
en cualquier lengua
salimos a quemar la ciudad mientras dormías

 

 

 

 

 

 

 

Caninos

aún antes de tener motivos
ya estaba
llena de furia
antes de tener nombre
aquello me había llamado

desde antes de ser huérfanos
todo era ya orfandad

alimenté a un perro negro bajo mi falda
nunca tuve miedo de ser una de las pequeñas
gruño no temo a las patadas los colmillos el éxito
de los grandes está cimentado en millones de fracasos
de los minúsculos si logro que uno de los grandes perros me mire
y piense
eso es terrible yo
nunca lo haré
habré cumplido mi labor para con el mundo podré
dedicar mi tiempo a preguntar
qué pisaba
cuando anduve el largo camino hasta tu casa
los huesos de qué
los escombros de cuánto
por dónde corrió antes el agua de sus charcos

algo está llorando
entre mi casa y tu casa
el camino es un largo perro hinchado al sol
entre tu casa y mi casa
mi casa ya no es tu casa
en ese rebelarnos a la cortesía popular
cuántas vueltas al mundo ha dado el agua
de la cerveza que sirvió de excusa
para salir de la fiesta y besarte
cuántas excusas ladramos y para qué

mordí a un hombre
perdí un diente escribió un poema
agradecido me decía me amaste
a tus espaldas
bella
se gesta la dulzura
quiero decir
a tus espaldas
como diciendo detrás
pero por ti
y a tu pesar
estela enferma
era pésimo en la cama y te amaba
por ese aullido nunca aprendí a perdonarlo
es una excusa dulce
como cierta tristeza temprana
infantil melancolía
como darse cuenta de pequeña de que
hay algo terrible
agazapado bajo la
con los ojos fijos en
pero está tan lejos que
apenas

 

 

 

 

 

 

 

Vergüenza del exilio

mi madre fue arrancada
del vientre
de buenos aires
la madre de mi madre
quemó las fotos de su hija
en silencio
quemó las fotos de su hija

me acuesto
en silencio
sobre la tierra fresca
junto a mi madre
sin pretenderlo
escuchamos
viejas canciones sagradas
de sus muchachos-bomba
todos los ches y los vos
como bajo agua salada

mi madre se estremece
ante el silencio
picanas
una carta de su padre en la que
cada hazaña caligráfica y alegre
de la pluma
supo
que no volvería a besarla
un hijo hermoso
fuertetriste
de aquel hombre
que eligió la patria

mi madre se estremece ante el silencio
su madre está muerta
a mí no me quedan fotos

mi madre me regaló un país
que no es el suyo
al caminarlo
todavía
me muerden los pies
sus desaparecidos
me golpean las costillas
las palabras que no la guardan
todos los nombres secos
los dioses armados
que la abandonaron

 
 

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Cráneo #177: Santiago Rothe

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Santiago Rothe (Mérida, Venezuela, 1991)

Participó en los talleres de creación literaria de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Participó en el primer encuentro literario de jóvenes poetas (2009). Participó como ponente en la bienal de poesía Ramón Palomares (2010). Invitado en la bienal de poesía Elías David Curiel (2011). Ha participado en numerosos recitales de poesía y en varios festivales mundiales de poesía (Venezuela), siendo publicado en la Antología del 9no festival mundial de poesía 2012: Capítulo Mérida.



 

 

Una mesa de cráneos azules
se sostiene al fondo del pasillo
ahora solo voces, solo voces
Mi madre lloraba con tanto silencio
que llenaba la casa con su nombre
solo los perros sentían la noche
Víctor revisa las ollas de la cocina pues su
hambre no cesa desde el noventa
cuando el olor a pólvora no le dejaba descansar
cuando la pólvora desangraba la infancia de San Agustín
y su padre era una sombra recurrente, solo eso, noctámbula
Silencio, por favor silencio…
Desde la oscuridad hablamos
nos reímos de los malditos
sueños que no vivimos
Mis pupilas se
consumen en la saliva del espanto
Siento que llegará tarde o temprano
la multitud de mi abandono incurable
Reúno la transparencia y ropa mía
vuélvete agua y sobre mí tu canto
y sobre mí la flor de tu arrogancia y esa voz
que tanto conozco
¿eres tú?
Viejos pasos Arturo, viejos pasos
Somos mecidos por la crepitación
de la aurora
Tú que nunca has sabido callar
y retumbas como siempre y te descoyuntas
en las escaleras de mi serenidad,
estás tan viejo de tanto joder
de tanto joderme y ahora no te veo pa
desquitarme de tanta mierda
Eres enorme, te fundes
Tus barbas se unen al mar y eres
presagio andante de mi locura

 

 

[…]

 

 

El insecto trepa la fortificación
Alguien grita y desciende al fondo del pozo
La transparencia de las cosas es sublime
Somos la voz de alguien que no soy
Antiguos moradores de la palabra
que se creían inamovibles
ahora todo es
difuso
inmortal
Su palabra cuelga
Su palabra se deshace
Son toscos principiantes
y yo que solo pedía silencio pa montar la clave
y le decía al viejo Arquímedes que se callara, que estaba gordo y era inconstante
que contrabandear con carreta estaba fuera de la temporalidad
y ese empeño suyo de envenenar gente
entonces la risa se apoderó de nosotros
como si todas las creaciones se burlaran de nuestras manos Santiago
perros malditos tratando de guarecerse bajo nosotros
Alguien nos ama desde el anonimato
alguien bebe nuestra sangre
alguien nos descuartiza
pero ser sed y delirio es nuestra justa causa
así nos procuramos el asilo de la tinta
ser amantes de las pequeñas tragedias
porque las grandes escapan a nuestra capacidad de sufrirlas
o si no le pueden preguntar a los ínfimos
a los descastados
a las cifras
al silencio de la calle que
atravesamos hendidos
por la lumbre de
esos insectos
que no sabemos amar
Estar desnudo es un asunto serio
lo sublime es la sordera
mordernos los labios para sentir
ya que nadie nunca supo amarnos
y no sentimos sino lastima de tan jilachos
los amores que nos han tocao
En el cuarto de al lado
nos masturbamos con los ruidos de su muerte
Lo que quiero ahora es bombardear mi país occipital
que se callen todos ustedes
y se vayan bajando de la mula
que no van, no van….
y tú, ese, pssssss!
Coño…
Díganle al maricón que deje de llorar
que lo que no mata amarga o se convierte en poesía
porque lo que brilla no se puede escribir
-bien lo sabía Palomares-
ya le darán pal fresco las viejas de la cuadra de ladrillo
esas sí que practican la lastima con devoción
bajan pa la iglesia como sumergidas
como las ballenas estériles
y lloran como gato con hambre
salen de misa creyendo en la perfección
de sus almas pobres
pobres
pobres

 

 

 

 

 

 

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Cráneo #176: Pamela Cuenca

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Pamela Cuenca (Loja, Ecuador, 1996)

Ha publicado en la Revista Suridea de la CCE (Loja, 2013-2014), Revista ComHumanitas de la Universidad de los Hemisferios (Quito, 2014), Revista El Faro (Loja, 2016), Gaceta cultural República Sur (Cuenca, 2017), Blog Anábasis (Perú, 2017). Ha publicado la plaqueta Ensayo de realidad virtual para un gato que despierta (Loja, 2017).

Le tiene miedo a las ventanas y es una paranoica obsesiva en constante decadencia. A veces no se ve a sí misma en el espejo.



Una cajita aterciopelada
Luz que se expande por el prisma
Mil colores que son solo cuatro
Anoche soñé con un conejo
Conejo blanco cola esponjosa
Los conejos son caníbales
Conejo se come a otro conejo
El conejo más gordo es el que gobierna
Este mundo extraño lleno de conejos y sangre
Un conejo bebé al nacer empieza la búsqueda
Busca comerse un conejo más grande
Y así, crecer
El crecimiento se mide por el tamaño de la panza
Panza gigante conejo alfa
No es un sueño es el conejomundo
Mundo conejo
Conemundo
Mundonejo
Miles de conejos caníbales
Conejo bebé ahora es un conejo niño
Su niñez es haberse comido tres conejos
Conejo niño sigue en la búsqueda
Escalar la pirámide de conejos comidos
Sangre expuesta no hay vísceras
Sólo rastros de piel conejuda
El conemundo mundonejo conejomundo
Sigue su cauce
Ríos de cadáveres de conejos
Una cajita aterciopelada abierta
Luz que se expande por el prisma roto
Mil colores que son solo retazos de vidrio
Conejos y conejos invaden la mente de un no conejo
Conejo niño ahora es un conejo joven
La juventud es haberse comido trece conejos
Conejo joven ya no quiere seguir creciendo
Pero el suicidio es inconcebible en el mundonejo
Un conejo joven busca ser comido
Ola gigante de conejos muertos
Cadáveres sin forma llenando cada centímetro
Conejo joven ha conocido una coneja
Ambos sin ganas de seguir siendo caníbales
Se aparean en su búsqueda por parar la matanza
Nace un conejo bebé
Y éste se come a sus padres
Los conejos son despiadados
Aquí lo único que importa es estar gordo
Una cajita aterciopelada abierta
Guarda en su interior el sueño de una niña
La luz se expande por el prisma roto
Mil colores que sólo pueden venir
De un mundo donde habitan
Conejos
Muertos

 

 

 

 

 

 

 

 

Miro el abismo que cabe en una alcantarilla destapada.
Un agujero oscuro lleno de trinomios cuadrados perfectos.
-Harta mierda que no sirve para nada-
Salvo para sincerar ciertas posibilidades.

a2 + 2 a b + b2 = (a + b)2

a puede ser igual a muchas cosas
a= vos
Vos= a
Como dije
muchas cosas.

Que me gustó sincerarme por medio de
una webcam.
Que soy una codiciosa
colecciona vestidos.
Que tengo aún en fundas y
con factura incluida
varios de ellos que no pienso usar.

-NO- le dije,
No sé yo tampoco como
NO
Sentir
Me olvidé de esas cosas
Un día que me clavaron una jeringa
Calibre 21
Y me gustó.

//Ahora pretendo ser una mujer responsable
Que se hace chequeos médicos cada mes
Todo sea por los exámenes de laboratorio
¡Alabado sea Cristo!
Que tengo
Seguro
(Hospitalario)//

Miro la luz que cabe por medio de un agujero destapado.
Una alcantarilla oscura llena de trinomios cuadrados imperfectos.
-Harta mierda que no sirve para nada-
Salvo para sincerar ciertas posibilidades

x2 + bx + c 

x  no será ninguna cosa
x≠ vos
vos≠ x
Como dije
ninguna cosa.

Me quedé congelada en un
Estado líquido del tiempo
Buscando jeringas de
Calibre 22
Buscando copos derretidos
Para inyectármelos en las venas.
Hipotermia para el
Corazón/ escarabajo
De una pequeña mujer
Que no pudo ser
Materia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ocho: dividir en dos el final del cable y pelarlo. Nueve: cortar la muñeca izquierda con un cuchillo. Poner los cables pelados y taparlos con esparadrapo. Diez: enchufar a la corriente.

-De la película “Soy un cyborg, pero no pasa nada” (2006)

Embrión, el azar en tu cabeza, pero – ¿Embrión, tienes cabeza?- No me responde el hijo que fecundaste en mi vientre caníbal – ¿Será que mi útero hambriento de ausencias se comió a mi hijo?- No, no me responde la manzana engusanada y los gusanos envenenados tampoco quieren seguir bailando. Observo, como una luciérnaga apagada, las luces de neón con devoción, le rezo a la cruz violácea, le rezo al aire. Me duele el tiritar de los pajarracos, mis venas son alambres de cobre número cinco, mis ojos dos bombillas led; no tengo baterías. Los hombres de blanco se llevaron a mi hijo, se llevaron a mi hijo y en su lugar pusieron en mi vientre un conejo robot. Acaricio mi conejito, lo pongo en mi regazo, está tan frío, está tan frío, su pelaje es extraño parece metal pero yo acaricio a mi conejito. Me ha picado un colibrí. No tengo útero, se llevaron mi conejo, no tengo casa, se llevaron a mi hijo, no tengo ojos –esos, sí me los comí- ¿Dónde está tu hijo? ¿Dónde está tu útero? ¿Dónde está tu conejo robot? No tengo cabeza, soy un embrión. No tengo cabeza, soy un conejo. No tengo cabeza, soy un montón de huesos arrastrados que buscan la cabeza. Caballo negro, no eres mi corcel esta noche, pero llévame.  El retorno a casa es un laberinto de cabellos rojos.

 

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Cráneo #175: Felipe Machmar

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Fotografía de Maximiliano Tempini



Felipe Machmar (Coyhaique, Chile, 1994)

Es un poeta que comenzó a escribir en 2010, participando en variadas lecturas desde entonces. Ha publicado los poemarios: Paulette con prólogo escrito por Juan Cameron (2014) y Asesinado, muerto y suicidado con prólogo escrito por Federico Zurita Hecht (2016). En 2017 se encuentra trabajando en una Antología de Poesía Joven Chilena junto a Simón López Trujillo y retrata un poemario muy personal que llamará Etcétera.



 

 

ETCÉTERA

mi -eterna- etcétera
no caduca en los ojos De
mi madre
ni en las manos de mi abuela
aferradas al aire
ni en nuestro
corazón
inmóvil -aunque- con un eterno flujo
sanguíneo

por supuesto
nosotros somos dos cuerpos

así los fluidos de dios
quien llora
desahuciado De felicidad
sobre nos otros

no es salado su llanto obligadamente sincero
sino dulce como los Elíseos
absoluto e imperfecto es dios
despiadado con quien sí puede mentir
un extraño golpe
dn la vida
un beso profundo bajo Cuatro y luego
siete soles
una avalancha
en su Cielo

no hay sal para este plano
pero dios puede hacerlo
mas
no disfrutar de ello
ni tener nos
en su corazón
como te tengo
etcétera
por mucho que lo intente
y dé vida
ininterrumpidamente
para mantenerte vivo en mí
y así en él

no me importaría quebrar el espejo del cielo
para recuperarte si te olvido

las personas que se abrazan
desDe el cielo parecen rosas
y todas las rosas de caSa están
con la tierra hasta el cuello como una corbata
nuestros brazos extendiéndose
de maneras incómodas
haciendo sentadillas en <<ocasiones importantes>>

a un dios escalofriante
que me obliga a perder mi camino
palpando mi latir árido entre sus suaves dedoscuchillos fosforescentes
de arrepentidas serpientes que cambian el pellejo
siendo piel y amabilidad
hablando con las bestias que prometí asesinar
oyendo Sus calvarios las tomo en mis dislocados manos
que las pierden y perdiéndose
en el sueño que duerme la Estación
al oírme batir la orilla de un cuenco y un amable lago
me perdonas
etcétera
bajo un sepulcro
que anhela ser griego

 

 

 

 

 

 

 

 

ET

etcétera
tu cabello es blanco
tu barba es blanca
no tienes bigote
para que también sea blanquecino
etcétera
pero sí una marca negra
probablemente
un corte
en ese
tu rostro
azul desde el cielo

San Tiago
no sé si vuelvo
eso lo sabrás tú
que llevas muchos más
años que yo
conmigo

en cuanto más te alejas
de donde
comenzaste
envejeces y te derrites
el cielo
contigo ahí
vuelve a ser una dilatada camilla
de sueños imposibles
que encienden tus ojos bilingües
de dos azules al tercer pinchazo
un azul
claro y
otro todavía más claro

etcétera
¿en qué lugar de tus ojos de tu Cielo preciso el corte?

me he elevado
demasiado
más allá de las ideas y las nubes

¿aGua?
los lagos y los ríos
son extensos jeroglíficos
en el
sur

y la tierra
más que construida
parece rota
ajada    varios trozos de género esterilizado
por la civilización
diluida en

la fe
sin migajas de luz
en el mostrador plateado
de esta frustrante inmensidad
regida por tiempO [dibujar un reloj en la letra O de <<tiempo>>]

diviso las nubes
encima
de las que evavivistediste
confiando tu destino
a una mano
sin árboles

bailaste y
prontamente corriste
del aullido salvaje
un seguro eco en el tiempo

dirigiéndote directo
adonde la bestia
no dejaba de despertar
ella tendió
hacia ti
una mano
tú regalaste ambas
y para ella las juntaste

dios y su sistema
no te dieron la liberación que tanto
ansiabas
etcétera
sino un trabajo
y te aprisionó en Este cielo
como un mito

el viento te ama
la brisa te ama
son tus padres
de él solo eres bastardo
et
cétera

y desDe
entonces
vagas buscando un final
un principio

eso no lo sabes tú ni lo sabré yo

la nieve congela tus indefinidas
EXtremidades
mientras con un cincel armas tus piernas
que a diferencia de
etcétera
no tienen várices

no sé qué pienso
ni qué escribo
mi alma y sus huesos
te esquivan
delatando que tú no EXistes
pero no les creo

yo
nos otros
no creemos en Nada ni Nadie

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CETERA

¿acaso logras oírme?
tú, ustedes, quienes seamos ¿todavía existen?

no serían los primeros, tranquilos.
hablo con los muertos
hace dos decágonos, etcétera,
en la Casa de los Muertos,
donde la mayoría de los zumbidos son pájaros
en la eterna madrugada y, la electricidad,
perdiéndose en el fin, escribe la marea estelar.

todo lo que escribas, Dios,
puede ser y fue,
pero no será, aunque vendas universos de segunda mano que, evidentemente,no pueden multiplicar más elefantes ni fuego
en Cartago,
quienes en seis diez
tuvieron que desvelarse con el molesto gorjeo
de las moscas.

Dios, con floja honestidad,
tú dirás,
etcétera, propuso una
desquiciada fantasía, a la cual un terapeuta ultraterreno
cortejó con milagrosa hambre,
‘’¿son esos todos los elefantes que puedes multiplicar,
etcétera?’’
mofándose en su cara, la sordera del dios que es todos los dioses,
etcétera, riendo eternamente;

en tus restos,
etcétera,
recordarás que faltan por probar
todos los cielos,
nuevamente.

sobre la Biblia,
pero no acerca de ella,
encuentras abierto mi relicario,
sostenido por el deterioro de la madre plata,
serpentina cadena
de todos los inmortales,
cuyas puertas, siempre abiertas,
tiemblan de aterradora
manera.
el relicario muestra a la misma persona,
dos fotografías cortadas en
imperfecto redondel,
de distintos tonos incoloros y,
distintos rostros,
recordarás también, tú, conmigo,
memoria del mundo azul.

personaje unánime,
etcétera, es lo que quise ser en esta vida,
si me dejabas sobrellevarme.
en la parte blanca del ojo,
sosteniendo un nombre,
que para mí no existe, dos lunares,
bajo el sol café que es luz para sí mismo,
mas no para mí;

la templanza de mis gritos,
el
-‘’ex
cet
e
ra’’-
gratificante canto
de todos los demás gritos,
o –oh-, piel medianamente negra,
sostén mi mano
en la multiplicidad de la tuya, despójame lentamente,
no merezco este sufrimiento,
he votado en el parlamento de tus azahares sin pedirle, a la historia,
permiso. adrede, lo hago, no puedo
detener mis deseos, me emociona el llanto
de la madre herida,
no pude, entiéndeme, esta invención tan iksageradamente
necesaria detener.

 

 
 

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