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Cráneo #7: Calih Rodríguez

 

cali

Calih Rodríguez (Macas, Ecuador, 1988).

Poeta.

 


 

 

SIRENA

En ti revivieron todos mis delirios
Ya no fui cuerpo sino niño callado
deteniendo un mar que nace desde un sueño
Un cuento en raíces del alba
Que solo tú finges los finales
Polen y sortilegio cayendo de tu abrazo.
Oh líquido de sal en los senos de los astros
Tú pálido ángel con piel brillante de espinas
Tú mi sed de gloria y mi oasis artificial
De vello púbico en un huerto de encías
Tú mi Cleopatra que lames mi condena
En jaulas de oro y cirios de errores antiguos.
Que tus piernas/escamas señalen mi norte acuático
Y mi final quebrado de tierra
Tú reflejada y sola en un espejo negro de algas
Donde entramos desnudos al pecado para ser dioses.
Hay que leonar la calma y animalizar el segundo de tu cuello.
Delirante serpiente cascabel
Que blasfema los senos recién nacidos
La noche vieja no sabe gemir como hembra
Cabellera que codicia el fuego de plomo de
Una sabana antes mil veces no usada.
¿Cuántos amores muertos guardas en tu sexo?
¿Esto es solo vendimia de sudor hacia tu vientre?
O nacimos juntos en esta oscura procesión
De amantes que se arquean cuando sienten
La espuma de dardos brillar en su mirada.
Ahora eres mi más grande mito
Mi más antiguo rezo que yo mismo desconozco.
Has hecho el amor con un cadáver
Amante lectora de Dante y de mi infierno
Acróbata del Kamasutra de espantosa acrobacia
– gimnastas ebrios –
¿Cuántos sexos has trisado hasta llegar a mi último suspiro?
Eras toda clítoris y yo todo orgasmo
Ya no éramos sexos sino leyendas
Suaves bostezos en amaneceres lejanos
En ti las alas dejaron su mutismo
Y goberné tu aliento desde el grito
Oh beso rastrillando quimeras
Oh cuerpo en ruinas de un resbalo de naipes.
Me perderé en el ínfimo caudal de tu secreto -Fusil en las sienes-
destrocé mi mandíbula de cera como mar vencido
por cavar aullando el pozo invertido de tu entrepierna;
nunca, nunca hay oro en las profundidades.

 

 

LA JUDÍA

Me entretuve tanto tiempo en el azar
Diez mil manos pasaron por la colmena rosada
Y juré abortar cráneos con la lengua partida
Huyó de mi el amoniaco cual viajero hastiado
Matemática ruin para el perfume de las cicatrices
El metálico brillo abre la carcajada carne
Flor roja   vuelo de espinas como águilas reyes
Naciente vello púbico que escupirá leyendas
El rojo es el color que la tentación tomo por hijo
Colibrí gazna en la letrina para desplumarse azul
Astrología de máscaras para ansiarnos en otros
Música de dientes rasgando panteras piedras
Párpados cariados en velos y mariposas de luto
Otro mar de marionetas  la pasión   el estanque negro
El ojo dice al sexo lo que la boca quiso lamer hace tiempo
Me entretuve tanto tiempo en el deseo
Olvide la antifaz limosna para verme hermosa
Gorriones de papal depredados por lobos de saliva
Mientras la niña de la gula lame el piano de huesos
Fusas de indomable cordura a la partitura que arde
Así ardemos los dos  ¡bailando!  Polifonía de la tortura
Melodía de un cuarto vacío en una sola respiración
La cuerda floja del miedo tiembla hacia tu lado
Y ya tú no existes; la canción culminó en tu pecho
Y la mano empuña una dádiva
Calor o grial de un muslo muerto
Lazo negro que sujeta el crimen
Automutilación con otra mano
El orgasmo cuando el azote dicte su patria
Cuando el sol borre a los amantes en su bandera del dolor en su oasis
Bajo los huesos de mi novia enciendo una fogata de alcatraces y esnifo las cenizas aullando al velo idílico de la dama muerte.

 

 

FRACCIONAMIENTO

Los ángeles están descuartizados
Los ángeles están ridiculizados
Un río de reses trastorna su pecho
La cera del infierno fragmenta su boca
Los ángeles lloran bajo los puentes
Mendigan la bocanada de humo
En el vellocino de pulgas
Gacelas envueltas en tuberculosis
Rascan el eje de Dios
Rascacielos bajo tierra
Donde aguarda Madre tempestad
Un lago de pus purifica el paraíso
Nadie duerme temprano
En casa de la justicia
Oh ángeles
Los perros desayunan las sobras del cielo

 
 

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