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Cráneo #2: Daniel Ramos Trávez

 

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Daniel Ramos Trávez (Quito, Ecuador, 1994)

Estudiante de la Escuela de Sociología y Política de la Universidad Central del Ecuador. Participante del movimiento literario Pesadilla Rockolera. Consta en la antología Sinfonía Lírica: muestra de poesía total (Vicio Perpetuo Vicio Perfecto, 2014)


 

POEMA6

Mi pequeño todo
Noche y su oscuridad subterránea,
Vuelco, pite y pase al nuevo día.
Rescato al sobreviviente de la cajetilla,
El más perfumado de los tabacos que me queda.
Agarre entre índice y medio, fosforera, lo enciendo.
El ritmo de mis pasos ahora se lo acompaña con humo.
Camino junto al zumbido automovilístico vivo que circula
Por las venas de asfalto, adornadas con sangre humana y caca de perro,
En este mi pequeño todo, de sur a norte, o viceversa,
Acá, casa, urbe y escondite,
Pedacito de cielo, ¿por qué no?
PITADA
testigo del árbol erguido y verde, cansado del respiro Citadino,
Aire viciado y cotidiano,
testigo del andar despacio del can callejero,
Cancerbero y su banda de amigos,
Patojo por el choque involuntario contra un contrincante más grande.
Testigo del tipo bazuquero que atemoriza a las doñas del barrio
De la despampanante-lily- parada en la esquina.
Del chapa oyendo tecnocumbia en la caseta del parque.
Testigo del encontrón in-pensado a la vuelta de la esquina
Del apodado “chispa” y el bien vestido Alfredo,
El uno con terror en las piernas, y el otro con un gillete a manera de Tizona,
2 relojes, 4 celulares y ahora 10 dólares para el vicio.
PITADA, GOLPE, PITADA
duerme a esta hora la ciudad.
Camino, subiendo y bajando,
Me pierdo en este sitio asentado en las faldas de montañas y mujeres.
Acompaño la fumadera con el solitario “siete letras”
Que deja arguardientoso aroma.
Cada bocado raspa un poco mi garganta de bebedor iniciado
A los quince años, con ganas de fémina y música
Las dos monedas que tengo en el bolsillo
Pesan más cada cuadra.
Mi viaje se mide en minutos, porque la posición de la luna no me dice nada.
PITADA, PITADA, TOS, PITADA
Gusano de la inquietud y la elocuencia,
La ebriedad me invita al soliloquio
Lúcido de borrachera voy amando mi discurso,
Eso sí, antes pienso bien cada palabra.
La conferencia magistral de mis ocurrencias cambia de tema en cada esquina,
Así que yo, hedonista, narciso y vividor,
Entono el vallenato aprendido en el trajín del bus,
También recuerdo el hablado y cuerpo de la colombiana,
Mi “amiguita”, pero no recuerdo el rumbo para su casa.
llego al fin a la puerta de la casa donde vivo.
El lugar más seguro del metropolitano sinsabor de Quito.
Veo el paisaje urbano, velitas fulgurantes incrustadas en la montaña de enfrente,
Espléndido viaje de autoconocimiento,
Espiritualismo enfrascado en la botella de 4con50.
Descansaré para rodear de nuevo, mas tarde o mañana,
la totalidad insignificante que me conozco palmo a palmo,
Esta, la ciudad que he decidido compartir.

 

 

INSECTÍVORO

Despierto, ya no soy la cucaracha que fui ayer.
Ya no me importan los horarios de oficina,
Ni mi sumisión al trabajo.
La ciudad es un sitio conquistable, hoy y siempre.
Miro como se mueven mis brazos, sigo recostado sobre mi espalda,
Siento mis piernas, siento mis latidos.
Mi sexo latiendo también debajo de todo, presente.
La saliva que se traga en las mañanas,
y el olor a transpiración, que es el primer respiro.
Las ganas de ir al baño, vergüenza mearme encima.
Tengo miedo. Ese miedo con anticipación al exterminio.
Me veo humanado y asqueado,
Corpóreo, envuelto en carne y huesos.
Ya no soy la cucaracha que fui ayer, pero todavía quiero serlo.

 

 

RETÓRICA

Saludo al símbolo patrio, lo saludo y me orino.
Dejé ya de embanderar mi casa, de empapelar con disgustos nacionales;
La fecha patria es nada menos que otro día.
Me harté de los himnos, el relato del perdedor, del perdido,
Glorificado en alabanzas.
Nunca escuché de la horrísona guerra ni el héroe caído en batalla,
El caballo blanco surcando un mar de heridos, o el vividor comandante en su apogeo.
Desperté y tuve que aprender la simbología del escudo.
Desperté y vi como cada lunes se izó la bandera.
Desperté para cantar con el “pecho en férvido grito”.
Y nunca supe para qué.
Me encontré con el altisonante estado ciudadano, verme con nacionalidad,
Con fronteras en todos los horizontes.
Con grandes historias para justificar la versión del vencido.
Con momentos solemnes, revueltas y vueltas a lo mismo.
Nunca fui parte del ejército, de los perros asesinos,
Porque las batallas más grandes las libra uno mismo.
Abalear al vecino, al igual, por cuestiones geográficas o de intereses económicos,
Disparidades étnicas o cualquier otra circunstancia. Es un sin-sentido.
Rechazo entonces la –identidad-, la similitud con los conciudadanos, lo que nos hace “hermanos”.
Mañana los infantes nacerán como yo lo hice hace tiempo,
Nos encontraremos en el mismo lugar, y nada habrá cambiado, todo será lo mismo.

 

 

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