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Cráneo #3: David Meza

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David Meza (Ciudad de México, México, 1990)

Ha publicado La boca de la simetría (2009), El sueño de Visnu (2012) y Mi nunca jamás (o las reescrituras de Luis) (2004). Cree en la poesía con todos sus huesos, con todos sus músculos. Le gusta la magia, la relectura y AC/DC. Perteneció a la Red de los poetas salvajes. Estudia Filosofía y Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 


 

A las siguientes generaciones (Manifiesto)

Quiero que la muerte de México sea hermosa Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro Quiero que mi nombre sea la vida Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis Quiero que mi sexo sea la vida Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas Quiero que mi patria sea la vida Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años Quiero que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario Quiero que mi clase social sea la vida Quiero que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque Quiero que mi nacionalidad sea la vida Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos Quiero que mi edad sea la vida Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro

Reescritura de Oración del Camino (Gracias Vallejo) [Perú]

Cuando muera quiero que me digan: Ese hombre murió siendo un planeta. Un planeta bellísimo girando sobre un desierto de banderas rotas. Quiero que me lo digan los ángeles de los que tanto hablo. Las hienas mordiendo mis huesos y las rosas por la noche. También la luna que se ha enamorado de mi frente. Quiero escuchar a mis hermanas, barro de mi barro ensangrentado. Ese hombre, tirado por caballos griegos por las plazas. El mar, el mar entero, tierno y moribundo. Que lo diga, que no se muerda sus dientes de agua. También las nubes, también los montes. Y que se eche en llamas el desierto. Y que las banderas al romperse me digan un poema. Que las adivinas lean el destino de los niños con mis huesos. Un planeta, no una estrella titilante. Titubeante ante los despilfarros del destino. Triunfante corona del cielo con órbita y amaneceres propios. Quiero que la tierra fresca sea mi más linda guirnalda. Ahí, ahí, entre las tumbas, todo yo condecorado por su llanto. Mi busto en piedra serían los cráneos de los buitres. Oh daga de carne que es mi mano. Oh cerrojo de plata en mi frente de niño. Los grillos serán mi ópera selecta. Árboles crecerán muy cerca, como dedos que yo saco de la muerte. Toda mi vida, toda mi ternura, toda mi entera sonrisa como herencia. Un poema, o dos, como cartas, o dados tirados por los dioses. Lamentos propios de un cuerpo celeste. Mi arrastre de planeta viejo, mi rotación de nubes como dardos. Oh carroza de carne, fue mi cuerpo. Mis pestañas, pequeña noche, serán mi tumba. Mi canto de niño, ante los astros, mi epitafio.      

Canción Primera

Mi vida. Mi vida no. Mi vida nunca. Mi vida nunca fue un pájaro sangrando estambre por las alas. Mi vida nunca llevó en el cráneo una corona de astillas. Mi vida nunca fue. Mi vida no fue ni será mañana una mariposa apresada en las trenzas de una chica. Mi vida no fue ni tampoco es hoy un viejo corazón de madera. Nací el 24 de junio de un año que se rehusó a ser éste. Mi padre estaba borracho de níquel y envuelto en aluminio. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Tengo miedo. El miedo usa una corona de estrellas. Hace 3 días soñé que mi padre me golpeaba. Hace 2 días soñé que mi madre me cosía la boca. No me reconozco. Miro el espejo y encuentro a un ángel deshojando el mundo. Tengo el terrible deseo de gritar mi nombre. Tengo el abecedario tatuado en los tobillos. Nací el 24 de junio de mil novecientos violeta. Nací en una pradera de tuercas y filósofos llorando rocas y esquirlas y teorías astrogramaticales encima de una rosa. Mi vida nunca fue un pájaro con las entrañas llenas de estambre parado en la estructura ósea de una estrella. No tengo recuerdos de mi casa. Pienso que soy un caballo con la mandíbula rota. Pienso que soy una niña que lleva por grillete las estrellas del mundo. Pienso que he venido renaciendo los últimos 24 años, y que he transformado mi horario escolar en una placenta de pétalos. Pienso que mi vida es un pajarito con el corazón de estambre y una corona de huesos. Pero no es así. Mi vida no es un pájaro de estambre, ni violeta, ni rojo, ni verde, ni pluma, ni cieno, ni triste, ni roca, ni azulmente roca, ni estambremente roca. Mi vida es una nota al pie de mi obra. Y mi obra es un libro de geografía  que se ha convertido en mariposa. Y mi mariposa lleva polen y ríos  sobre las alas. Nací el 24 de junio de ningún año. Soy una mujer con 500 golondrinas dentro. No tengo recuerdos de mi pueblo. Me estoy soñando. No tengo recuerdos de mi infancia. Me estoy soñando. Mi vida nunca fue. He descubierto que la poesía es un cuadro que se pinta sin usar pinceles, una danza que se baila sin usar el cuerpo, un beso que se da sin usar los labios. He descubierto que la poesía es un juego en el cual está prohibido seguir las reglas; que es entender que tenemos el pecho lleno de musgo, de nieve, de agua, de tierra y de semillas que florecen como soles; que la poesía es una parvada de golondrinas despedazándote el cuerpo de adentro hacia fuera; que la poesía es platicar con las palomas en el techo de las catedrales. He descubierto, que quizá, incluso, la poesía es. Nací el 24 de junio de mil novecientos madera y tres. Mi madre se rompió los dientes en el parto. Fui arrojada a una cuna de paja. Tenía las uñas de los pies azules y enrolladas como pergamino. Mi padre estuvo orgulloso de mi sexo, hasta que descubrió que mi sexo era una constelación de girasoles. Esta mañana he decidido escribir, no poesía, no tratados, no alfileres, no escritorios, no mi vida o una novela, solo escribir. Solo tallarme los ojos con la pluma, para ver al mundo lleno de rayones, y una de mis lágrimas sea tinta.

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