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Cráneo #46: Jesús Montoya

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Jesús Montoya (Tovar, Mérida, Venezuela, 1993)

Estudiante de Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes. Ganador en la mención de poesía por la obra Primer viaje del XXIII Concurso de cuento, poesía y ensayo, convocado por la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAES) de la Universidad de Los Andes (2013). Con el libro Las noches de mis años obtuvo el premio en la mención de poesía de la edición XII del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores Latinoamericana (2014). Asimismo, fue merecedor del primer lugar del XVII Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías convocado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello por la obra Fueron las olas (2014).


 

 

 

 

***

El gozo y la demencia pintan esta última historia que vengo dejando sin huellas.

Soy el camino que perdí.

 

 

 

 

 

 

***

 

Óigame,
óigame
como yo oí a tanta gente decir:
vamos, vámonos con la noche,
ahí cabemos todos,
como yo escuché gritar
botella
plaza
mano
corazón,
corazón al medio día.
Venga y enrédese y créame,
la vida no me cabe en una frase,
en un poema,
la vida me cabe en la vida
y más allá
oía yo decir tantas pero tantas cosas bellas,
ahogándome de risa con los amigos de los amigos,
ahogándome de risa para después
quedarme a solas
con la mañana repleta de hojas secas sobre el vientre,
sin una puta palabra por escribir,
con la voz entrecortada
y las voces de otros rompiéndome la cabeza.
Escúcheme que nadie oye mi llegada ni mis sueños,
deje caer sus oídos
sus ojitos negros
aquí.
Todos los días son una parranda
un sabor distinto
un color hermoso.
Tómeme la mano con fuerza,
le juro que me hace feliz,
y se lo digo a los muchachos
y se lo digo a usted:
no nos vendría mal otra noche,
subirnos uno a uno,
clavarnos las estrellas en los ojos,
bajarnos entero el firmamento
y devolverlo en la mañana.
Venga,
acérquese
escuche
una historia tensa
acalorada y musical,
una historia honesta.
Límpieme las ojeras del rostro,
sálveme de mis dudas.
Mis días
y mis noches tienen grietas,
tengo frío en las mañanas
mucho frío
y la muerte crece y crece en mis adentros
y me besa la frente al amanecer.
Escúcheme temblar
a toda hora
sin rumbo y sin caminos,
sosténgame en el aire,
aquí estamos perdidos.
Súbase a la noche,
frote su garganta con el agua equivocada,
quémese a mi lado,
porque la vida sólo es vida en llamas,
porque no hay razón para dormirse en ningún sueño.

 

 

 

 

 

 

***

 

Canto y los recuerdos agrandan la ciudad. Canto y las ventanas se abren. Canto y la lluvia distorsiona mis ojos. Canto desde un bar merideño, desde la magia violenta de una esquina. Canto y hago que bailo y me río viendo el techo en soledad hasta que el sueño me revienta los ojos. Canto y la oscuridad se duerme. Canto y nadie viene a buscarme. Canto y la esperanza pinta otros colores. Canto y los muelles dejan de ser promesas. Canto y busco una desoladora imagen dónde abandonarme. Canto y mi alma se transforma en una ola. Canto después del fuego, de las noches que brillan amargamente entre mi sangre. Canto y mis palabras inventan un terrible perfume que me cubre. Canto y mis palabras me odian. Canto y guardo el secreto de estos diecinueve años armoniosamente muertos.

***

Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.

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Publicado por en septiembre 2, 2015 en Cráneos, Poetas de los 90's, Venezuela

 

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