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Cráneo #58: Jairo Rojas Rojas

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Jairo Rojas Rojas (Mérida, Venezuela, 1980)

Historiador del Arte por la Universidad de los Andes. Ha publicado los libros de poesía La Rendija de la puerta ganador de la IV Bienal de Literatura Ramón Palomares (2011), La O azul premiado en el III Concurso Nacional de Poesía de Venezuela (2012). Su tercer libro Casa para la sospecha fue merecedor del premio mención poesía en la XIX Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (2013). El libro Los plegamientos del agua fue el ganador de la XX edición del premio de poesía Fernando Paz Castillo. Administra el blog: http://unardoble.blogspot.com/

 

 


Fragmento del libro Los plegamientos del agua (2014)

(…)

madre             niña

madre que camina

y

camina

en el mar de lo alto       en silencio, tanto,

que parece otro lugar                     el otro mundo

con piedras en las manos, muchas, que caen

y se mueven

como                  queriendo            otra 

decir                                               cosa 

                                                                 

en el camino que se mueve debajo de esos pies

quizás por la luz que viene debajo de la tierra

porque hay mucha vida que nace debajo de la tierra

madre que camina

bajo ese amanecer               sin sol

con gotas en el cielo de zinc y barro

en ese camino que no se sabrá

si es de ida o de vuelta

y arriba un ojo Gigante que la sigue

y lagrimea

clash clash clash clash clash clash clash

se oye

mientras ve gente    i n e x p r e s i v a

que se asoma detrás de una ventana

clash clash clash clash clash clash clash

se oye                    cuando se cruza con tres persona

(1)                                     (2)                                               (3)

un muchacho              un señor                    una señora (con velo, negro)

que mira                   que lleva                     chocando

rasguños                    un ataúd                    consigo

en el                           pequeño                    en una peregrinación

cielo                           como una                  triste

raro                             joroba                       para despertar

clash clash clash clash clash clash clash clash

camina, camina, tocando el frío

con las manos  (desnudas)

pero a su padre        nombra

que no se equivocaba al traer un pequeño sol

del agua que se plegaba y replegaba

―viva―

en un horizonte más bien inabarcable    silencioso

siente                                    esta                                          mientras

tu latido                                 montaña                                    cantas   

en la negra tierraen un camino donde se escribe la palabra “calor”

con esos pasos que devuelven la vida a ese desierto   arriiibaa

alimentada por el sonido del viento, ya con mejillas rojas

y mocos que bajan y bajan,

las greñas en la cara que    mira

el suelo que se

levanta en polvo

clash clash clash clash clash clash clash clash

hojas llevadas por el viento,                     todo

se mueve

por el viento             el vestido hasta los tobillos

el suéter marrón

la sucia bufanda

la hilera de astros perdidos

la procesión de las nubes saben de tus pasos

los sienten

clash clash clash clash clash clash clash clash

en el camino que se renueva con cada paso que se da

el camino que llega al agua

el agua toda que cabe en las manos

y hace que alrededor se levanten cordilleras / pacientemente

el agua que hurga los ojos del hijo que se tranquiliza

escuchando el balbuceo                 de las galaxias

vueltos garabatos                            sus jeroglíficos

que llevan a iluminar                     las líneas del sol

arriba

del que siempre quiso decir otra cosa

el agua que siempre quiso destruir el mundo malvado

porque

el agua es una casa / grande

el agua no es el templo que todos visitan

el agua es verdad, para los distraídos

agua que dice: “venga a verme antes del fin”

“ yo sano cualquier enfermedad”

madre que camina

encima del agua

y

adentro          niña

constelación adentro

como su casa

clash clash clash clash clash clash clash clash

usted se para y oye llover

escucha como el agua abre su corazón para que entre. Ese es el nuevo sol. Eso es un nacimiento. Despiertas y ganas. El agua que se abre y con ella la tierra, el cielo, pero no es herida. He allí la vida que te debían. Son las conversaciones válidas para la tierra alta, del frío de arriba, de la sola casa. Usted se sumerge lejos de lo que conoce para calmar la sed, las estrellas cargar y la luna que ya deambula adentro. Usted se oye que habla distinto, oye las campanas que alejan lo feo y los tambores de su corazón sobresaltado. El cielo responde lloviendo, sí, ese mismo cielo que destinó juntarse con el agua que da alimento. ¡feliz!, ¡feliz! ¡su padre está feliz! Usted fue la elegida mientras cantaba bajo la sombra del árbol que ahora llevas a todos lados, allí, donde rezabas, donde se volvía más solo, acompañada, apenas, por relámpagos. Llueve para que se encuentren

El gran ojo llora / conmovido

usted abre la puerta de este mundo, donde llueve adentro, donde los nombres de las cosas se van. Es el agua: brava, con la que se hace el pan, con la que se limpia las heridas de los que deben despertar, que limpia las palabras de lo oscuro que no dice, que lee el corazón que bombea, alegre. Sumergida en lo hondo de sí, usted, arrodillada, frente a siete velas, encendidas, al fondo

                                                     i

                                               i         i

                                          i                i

                                    i                          i

 

usted se para y escucha

“no quiero nada para mí sola” —dice—

mientras se oye el eco del primer día del mundo y ve pasar la sombra de una nube. “esto es una continuación” —dice—, usted, que ve el paisaje más nítido en su caos entrañable…

 
 

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