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Cráneo #186: Michael Santana

michael

 



 

Michael Santana (Otavalo, Ecuador, 1996)

Actualmente se encuentra cursando el cuarto semestre en la carrera de Artes Literarias en la “Universidad de las Artes” de Guayaquil. En el periodo 2011-2014 participó  los elencos de danza y teatro de la “Escuela municipal de las artes” en Otavalo. Organizador de la lectura poética “Kikayta Witzachi” en Guayaquil. Finalmente participó en el primer recital poético generacional organizado por el colegio “República del Ecuador” Otavalo a finales del 2016 y asistió como poeta invitado al festival internacional “Poesía en paralelo cero” en su edición 2017.



 

VIII

 

Lo que más le duele a Tañán es que la está olvidando

como a la Lunática

halladora de un pocotón de cartas

y una metáfora que nunca vivieron

la está olvidando

y no hay frenos

como a la jinete otoñal

la celeste Mantis religiosa

sin bocado

la está olvidando

como a la churona y caoba

Valdivia

puente de tantas estrellas.

Tañán la está olvidando

y no hay mocos en su pluma,

con tres mililímetros de historias

a cuestas

fisuró las piedras

costillas.

El líquido se ha corrido

no hay frenos

huele a tarde y a fundas de golosinas

es cuestión de días

para que sea apenas

un frío escaparate del aliento

escaparate de lomo fino

en la sala curtida

carne cruda

Como si no supiera que hay mañana

cada mañana

le duele por encima de cualquier río

dar cada media noche

un paso en contra del contradestino

Huele a verde

no con café

huele a verde magulladura

derrumbe de una llaga

antes flor en la caja de la memoria.

Soy Tañán estoy aquí

con las manos y el guacho

llenos de mierda

arena

no me falta nada

puedo ya

llorar en segunda

meter marchas

aflojar la muñeca

sollozar en do menor

escaparate

en este desvelo de la tarde

apuñala recorrerte

hacerte sonido de nunca

escaparate

advertirte círculo

hecho viruta

echarte al cosmos de la carne

escaparate

Lo que me más me duele es que te estoy olvidando

y no hay frenos

Olvidando como a la pájara despechada

de mi primer verano.

 

 

I

Niño con patillas

salpicadas de orión

se encienden mechas al fondo

de sus pupilas

son todos los maestros

en un mar-padeo.

Huele a agüita de florida y comino molido

Él pregunta:

¿Por qué se quiebran las pieles de las piedras azules

si aún el cielo huele a vino?

pedazo de pluma

echado al mar

clavo que fecunda el otro lado

corren pulgas por sus hombros

en pan de oro se escuchan sus sollozos

ignora que está muerto

por eso parece

alguna estrella

Él pregunta:

¿Y el sol?

Pumpum

Pumpum

Pumpum

 

 

II

 

Cuenta la leyenda

Que corrían los soles tomados de la mano

dábanle tiempo a sus colonias

girando

inhalaban las piedras a su paso

las sienes

las vísceras

las estiraban

casi las mezclaban con el cielo

su estela dirigía los ríos y las tumbas

hasta al violento acto

del florecer de una rosa

Los soles

tentaban a las tierras

mojando todas las mejillas

por las noches

robaron las cometas, las nubes, los poemas

todo el aparataje eterno

A cambio nos dejaron

varias lunas farsas

manojos de besos repartidos

y

un papelote que decía

en forma de constelación

memoria.

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