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Cráneo #45: Olmedo Guerra

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Olmedo Guerra (Esmeraldas, Ecuador 1998)

Estudiante del colegio Francés en la ciudad de Esmeraldas. Ha colaborado en algunos eventos culturales en su ciudad y es ex miembro del colectivo Afroarte. Lector y aspirante a escritor. Maneja un blog donde publica sus textos: https://disenchanterman.wordpress.com/


Los muchachos contemporáneos.

 

¿Están todos adentro?
Los niños se encierran en cuevas
Otros en mazmorras
Acariciando armas naturales
Famélicos
Rugen mientras alimentan sus huesos
Con tierra y beben orgullo
Preparándose para la anarquía
Mientras en sus oníricos delirios
Masturban a niñas imaginarias
Con la boca de la pistola
Y una navaja en el orto
Niñas bicéfalas que gimen con una cabeza
Y piden auxilio con la otra
Mientras se arrastran por las paredes de las mazmorras
Esperando que sean jaulas
Para forzar su doble mente con el viento
Pero los niños disparan y una cabeza muere
Y la mujer retorna a ser natural
O inferior por haber perdido
Entonces se levantan y acarician sus falos entre ellos
Mientras crean más armas con sus huesos
Su carne como carnada
Cuando las puertas están abiertas
Cuando la anarquía está en frente
Los niños lloran indefensos
Arrodillándose en los pies de amos
Con pieles de leones
O tigres
U ovejas
De acuerdo a la estirpe
Pero cada uno se arrodilla y suplica perdón
A su propio amo
Y en su mente
Ya no matan con armas ni con navajas
Los niños hambrientos crean una nueva civilización
Donde predomina la anarquía
Y en sus burgueses salones de bailes psicodélicos
O de cumbia
Las cabezas de sus amos penden como un reloj
Que marca las doce
Y esta vez nadie irá a su jaula.

***

Puede que me convenzan al decirme que los sueños no son para las personas
o que los niños debemos crecer
mirando las calles con los ojos exentos de colores
cuando todo está iluminado por los faros oscuros
y obsoletos
de tanto desproveerse del intento
de tanto querer iluminar
si no ilustrar
lo que las personas no supieron ver en sí
como que los focos se cambian cada cierto tiempo
como que en las calles se camina de distintas formas
en mi caso, yo solía llevar un libro bajo mi axila
he visto como las personas caminan como seres empujados por el desdén y las desilusiones
ahí donde empieza la calle del circo de los sardónicos
la fila de la desolación
entristece al pasar
donde los colores se venden en tiendas burgueses
y pintan
ilusiones
nos llaman los ilusionistas en las calles
cuando solo caminamos ilustrados por la desorientación
y roídos
por las ratas de las alcantarillas
el mal olor
las pistolas frías
y todo lo concerniente
a la puta ciudad sin librerías
donde nos enseñaron a dormir en las calles
a morir en las calles
cuando quisimos pasar asfaltando necedades
pero es más fácil dormir en las calles
no se necesita impulso
tendrás frío, pasarás hambre, mojarás los suelos
pero no te impulsarás
porque las catapultas ya no se dirigen hacia las estrellas
pasarán hombres, sin duda,
pero no te impulsarás
porque ya no te mueven las personas
ni los colores
ni los faros ilustradores
ni La Iluminación
ni el verde cetrino de un disco argentino
ni los ojos perdidos de un niño
arrastrándose
con manchas de iris tras de sí
buscando que le vendan sus colores
niños que palpitan con la música del transporte público
porque madre, si me has dado la vida
nunca hubieses querido que yo,
el producto de las murallas en tu vientre,
de la estrategia, los planos,
el dolor de edificar ladrillo a ladrillo,
patada por patada
y los golpes del mundo,
estuviese contando tu historia
-porque nunca supe crear la mía-
por 25 centavos
de conmiseración
donde yo
en mi mente repaso galerías renacentistas que hacen escarnio
de transeúntes empalmados
paseando en sus collares
frente a los templos de la Divinis Providencia
que nunca se darán cuenta de…
¡cómo son de dolidos los hombres negros que lloraron
cuando la maldición de la ciudad sin librerías nos ahogaba en sus pozos de petróleo!
el oasis fue el petróleo
sentenciamos: «de ahora en adelante,
de esa agua siempre hemos de beber»
y ahora
en esta ciudad todos somos negros, mamá,
con dolor
o sin dolor
fue el único color
que supimos encontrar.

Los poetastros imberbes

Tantos años de educación y todo se resume a esto: somos jóvenes, no estamos preparados.
Comprendo que decir adiós es crecer y empiezo a tartamudear. Varios años pasé criticando este pueblo de mierda con ganas de largarme, sin embargo, ahora sé que la mierda está en todas partes. No quiero estudiar, quiero sentarme en los rincones del mundo a leer y a compartir y a recitar poesía mientras robo libros y me alimento de los sesos de la gente y descubro que la vida está ahí fuera, en aquella《Universidad desconocida》que está en todas partes donde no escoges la carrera. No quiero asentarme en la capital, quiero seguir adherido al vientre de mi madre porque de ahí nadie me ha sacado; estoy atascado. No me saquen de aquí. Aquí se está cómodo. Me hago la idea de que el éxito está maldito y maldigo: no quiero estudiar, quiero sentarme en los rincones del mundo a leer y a recitar poesía y a compartir y a morir y a trasmigrar y a oponerme a la transmigración para morir de nuevo y no estar. No quiero estar en ninguna parte. No estoy preparado.

«Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel entonces crecer hubiera sido un crimen».

Estoy aquí, con los cachorros malsanos y aquí me pienso quedar.

 
 

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