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Cráneo #38: Santiago Vizcaíno Armijos

 

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Santiago Vizcaíno Armijos (Quito, Ecuador, 1982)

Licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Cursó la Maestría en Estudios de la Cultura, Mención Literatura Hispanoamericana, en la Universidad Andina Simón Bolívar. Fue Becario de Fundación Carolina en la Universidad de Málaga, donde cursó un máster en Gestión del Patrimonio Literario y donde ahora es doctorando en Investigación en Literaturas Hispánicas. Actualmente es el director (e) del Centro de Publicaciones de la PUCE. Textos suyos se han publicado en las revistas Letras del Ecuador, CartónPiedraRocinante, Ruido Blanco, Casa de las Américas (Cuba), Bitter OleanderChattahoochee ReviewConnotation PressDirty GoatEleven/EleveneXchangesEzraLake EffectMoon City ReviewOsiris, Per ContraRowboatSaranac ReviewWords Without Borders (EEUU), Punto de Partida (México), entre otras. Su primer libro de poesía, Devastación en la tarde, recibió el Premio Nacional de Literatura en 2008 por parte del Ministerio de Cultura y ha sido publicado por Dialogos Books (EEUU) en 2015, traducido por Alexis Levitin. Asimismo su libro de ensayo Decir el silencio, en torno a la poesía de Alejandra Pizarnik, que obtuvo el segundo lugar en esa categoría. Recibió el segundo Premio Pichincha de Poesía 2010 por su libro En la penumbra. Ha publicado también un libro de cuentos: Matar a mamá (Buenos Aires, La Caída, 2012, 2015).


 

 

 

 

El poema es miedo

 

El poema es miedo.
No hay poema sin miedo.
Incluso el miedo de tener miedo.
Todo está allí: en el poema.

Una ciudad te devora y nace un verso desnudo.
Hace mucho frío.
En el poema.
Y el hombre está allí, indefenso.
Tiene miedo. Tiene pánico.

Ese mismo sujeto, bipolar,
escribe sobre el miedo con la conciencia del miedo.
Entonces él mismo es el poema.
Lo ha encarnado.

Se escribe porque está en la oscuridad.
Lo que no quiere decir que la escritura sea luz.
Al contrario, es grito.
Contemplación de lo negro.
Desesperación.
El poema es miedo.

 

 

 

 

 

canto a sí mismo

Estoy enamorado de mí mismo
hay tantas cosas en mí tan deliciosas

WHITMAN

 

[i]

santiago ha muerto ahogado en la mácula de su ego,
ciego de la soledad de su ignorancia,
oscuro fulgor que cesa,
vulva atrofiada, cuello íngrimo.

[quiso vivir en el secreto mundo de una pretensión ridícula.
su vida fue un constante aplazar el suicidio.]

santiago,
un horrendo hijo de puta que no sabe dónde esconderse.
los lugares adonde ha ido se han poblado de la miseria de su virilidad:
enfermiza animalidad que se solaza en la memoria de un cuerpo.

dos veces ha robado por resentimiento,
por prejuicio mórbido;
también ha escupido sobre el llanto de su madre
y se ha echado a reír de desesperación.

santiago odia su primer nombre
con el que tiene que cargar como a un manco muerto.
santiago tiene ganas de llorar en el espacio desolado de la calle
donde se han de sacrificar los fantasmas, en coro,
de unos últimos suspiros.

santiago cita en otro idioma para disimular su barbarie
dove si grida non e vera scienza
dice lezama que alude a ortega y gasset que cita a leonardo.
en eso no cree santiago.

santiago quiere ocupar el lugar donde satán hace el amor
con una niña rubia
lo monstruoso / lo monstruoso
lo monstruoso ocupa el lugar de la fricción ente dos dedos que chasquean.

[qué hacer con el silencio -dice santiago-
que rodea una línea cargada de plenitud.
qué hacer con este dios que es la exégesis de una novela del espíritu.]

santiago huye del granizo que atropella los cristales,
siente que la ciudad se encumbra hacia la noche
y hace un ovillo de la diminuta bolsa donde caben todos los males.

santiago,
otra vez ha venido tu padre a golpear a tu madre
y la mudez te ha cercenado la lengua
[tópico del miedo]
razón suficiente para gozar de angustia.

santiago ya no está solo
pero ya no tiene ganas de repetir su nombre.

las mujeres lo miran como si hubiese violado a una tórtola
o espantado a una niña muda.
era también un niño cuando introdujeron una mano
abyecta
que destrozó su corazón.

pero no hay razón para ponerse triste, santiago.
también una mujer ha tenido al menos un orgasmo,
te ha convidado la sal metafísica de su cuerpo en limbo,
te ha ofrecido sus pezones bañados en cerveza
y se atragantaron, los dos, con el fino humor de un falo adormecido.

toda la noche escupe el cielo el morbo de un dios necrófilo.
toda la noche se masturba santiago
para olvidar el caminar de la sombra como una mula vieja.
como una mula tuerta.

santiago llora a su hijo
al que no pupo joder como su abuelo a su padre / como su bisabuelo a su abuelo
así ad infinitum…

santiago,
alguien lee tu discurso gangrenando la epidermis.
santiago, alguien quiere descifrar el ritmo de tu corazón que se desangra
al filo del grafito.

todos tenemos fe en santiago:
no serás más la novia fea,
el indio sacrificado,
el aullido pobre que se multiplica.
a menos que santiago muera o se enferme
que es lo mismo.

 

 

 

 

 

es solamente un hombre

una vez derramó su lava sobre el blanco cuerpo del abismo
no sabía que tenía que respirar
ni sonreír
para que todo fuera confortable
simplemente se humilló
se atragantó de deseo como todo el mundo
y descubrió que no había nada
es solamente un hombre
vaciado de la gloria
ignorado de la historia
no supo que la vida era eso que pasaba
mientras estaba ocupado
se echó a beber
golpeó a su mujer
como todo el mundo
también tuvo hijos que le enseñaron el milagro
de la resurrección
pero no los educó
ni supo decirles que el amor…
ah, el amor…
y entonces se perdió en la memoria de los otros
fue un silencio
alguien que espera tatuar su historia
sin dolor
y dormir
hacer la siesta como todo el mundo
es solamente un hombre
que heredó la miseria
que comprendió que había que ser servil
siempre ser vil
tirar tierra sobre la nube del otro
ocuparse de mujeres ajenas
no dudar de su sexualidad
la virilidad es marca
como la memoria
en las noches no soñaba
para qué iba a soñar
en qué soñar
es solamente un hombre
también percibió el olor de la muerte
lloró
comprendió que el dolor era la fuente del día
se mintió también para creer en algo
porque era solamente un hombre
que venía a hacer el ridículo
¡bravo!
habrá fuegos artificiales
y lluvia.

 

 

 

 

 

canción para el hijo 

XXII

No he sido fuerte ni bueno ni sabio.
Ni una gran casa me ha protegido del llanto.
He sido un padre débil frente a un vaso de cerveza.
Un padre diminuto como una píldora.
Todo rastro de mí se borra en tu cabeza.
Toda memoria se lava o se seca bajo un sol ennegrecido.
Eres mi luto.
Otra vez lejos.
Solo
solo
solo.
Si juntáramos nuestras soledades, hijo mío, llovería fuego.
No he sido siquiera un padre.
Apenas un espejismo de carne.
O quizá una lápida que dice: «Aquí yace uno, cuyo nombre fue escrito en el agua.»

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Publicado por en agosto 5, 2015 en Cráneos, Ecuador, Poetas de los 80's

 

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