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Cráneo #141: Audomaro Hidalgo

17 Sep

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Audomaro Hidalgo (Villahermosa, México, 1983)

Poeta y ensayista. Es autor de los libros El fuego de las noches y Dos de copas. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Juana de Asbaje” en 2010 y el Premio Tabasco de Poesía “José Carlos Becerra” en 2013. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Programa de la Unión de Universidades de América Latina.



 

DECLARACIÓN

Yo, hijo del agua y del fuego,
hermano de los árboles,
enemigo de lo oscuro, no de la noche,
confieso mi devoción por toda clase de pájaro.
Mi derrota es no tener alas
cuando miro hacia arriba
y debo mantenerme, aprender la paciencia
de las piedras y de las hormigas.

Estoy de pie sobre la tierra,
en el lugar que el sol me ha asignado
crecen mis raíces, se hacen fuertes, resisten.
Vivo porque la vida es mi destino verdadero.
Soy un fiel seguidor de su luz.
La vida me dio este cuerpo
con vocación de árbol
que no teme a las tormentas.

 

PIRÓMANO

Mi diversión era jugar con cerillos,
encenderlos y tirarlos al piso,
a las plantas y al gato de la vecina,
a los niños de la cuadra que presumían
sus juguetes de reyes magos.

Mi diversión era robarlos de la cocina
cuando mamá salía al mercado.
Tengo marcadas las nalgas, aún duelen
los golpes que me dio papá
con una tabla por haber incendiado su farmacia.

Entre cajas, cartones y plástico,
sentado entre las llamas, indefenso,
escuché la voz del fuego,
presentí que sería mi sangre,
estaría conmigo adonde fuera,
en cuartos y países, en actos y palabras.

El fuego me habitó para templarlo,
para cuidarlo como lo hace un ermitaño
y cruzar las noches tranquilamente.

No tuve miedo de sus brazos que se extendían,
cuando caí al suelo vencido por el humo
la empleada pedía a gritos mi rescate.

Desde aquel día mi alma quedó signada.

 

ORIGEN

Llegué a mitad del verano,
una mañana como cualquier otra.

Llegué entre el acuerdo de planetas
y la alegría de mi madre por tenerme.

Iba a bordo de la tierra y me quedé en el sur,
bajo un sol total, cerca de los pájaros.

Me dieron nombre y apellidos,
no importa: soy fuego, agua, soy árbol.

Llegué a tiempo.

Creo que no hacía falta nada
para abrir los ojos
y conocer la vida.

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Publicado por en septiembre 17, 2016 en Cráneos, México, Poetas de los 80's

 

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